Saramago denunció conspiración de mentiras
Durante una teleconferencia que contó con la participación de periodistas de quince países latinoamericanos a la cual fue invitada LA REPUBLICA, el célebre novelista y ensayista respondió a diversos interrogantes con relación a «Ensayo sobre la lucidez», su última y controvertida obra, que comentaremos extensamente en nuestra sección literaria dominical.
El libro, que fue editado y distribuido por Alfaguara del Grupo Editorial Santillana en nuestro país, plantea en el terreno de la ficción la hipótesis de una ciudad que vota masivamente en blanco en una elección municipal, generando la cruenta reacción autoritaria de su presuntamente democrático gobierno.
Respondiendo a numerosas preguntas vinculadas a la temática matriz de su novela, Saramago reiteró sus críticas a lo que considera un modelo democrático devaluado. Sin embargo, consideró que el hecho que se critique no quiere decir que se tengan las soluciones, las que a su juicio deben ser asumidas por el conjunto de la sociedad.
En relación a varias opiniones que califican su tesis del voto en blanco como una suerte de aberración institucional, el escritor consideró que «el voto en blanco es un pronunciamiento tan democrática como cualquiera de las opciones que pueda tomar la ciudadanía de un país».
Reivindicó el libre ejercicio del albedrío de los pueblos, señalando que, aparentemente, los gobiernos prefieren la mera abstención como sucede en numerosos países europeos donde el sufragio no es obligatorio antes que el voto en blanco, que tiene una expresión antisistémica.
Sobre la hipótesis de la tentación autoritaria ante el masivo voto en blanco y analizando la evolución de la historia narrada en su novela, el escritor reflexionó que el gobierno que en la ficción se enfrenta a esa rebelión silenciosa, en lugar de comprender qué está sucediendo, opta por el camino autoritario y represivo.
Aunque aclaró que el discurso literario de «Ensayo sobre la lucidez» está instalado en el terreno de la ficción política, recordó que en las pasadas elecciones españolas que marcaron la derrota de José María Aznar, más de 600.000 ciudadanos votaron en blanco, lo que calificó como una alerta.
Respecto a la actitud de algunos gobiernos del mundo que suelen manipular la información, el autor de «Ensayo sobre la ceguera» y otras recordadas obras, reflexionó que los pueblos se están movilizando contra estas actitudes de encubrimiento. Ejemplificó esta tendencia en las manifestaciones registradas en todo el mundo, en rechazo a la guerra, invasión y ocupación de Irak, que fue perpetrada ignorando las resoluciones de la propia Organización de las Naciones Unidas y contra la opinión mayoritaria de los ciudadanos de los principales países del mundo.
«Hay que exigirle a los políticos que digan la verdad», afirmó elocuentemente Saramago, quien añadió que los pueblos están enfrentados a una «conjura de mentiras», en directa alusión a la guerra en Irak. «Durante dos años, se ha mentido sistemáticamente, porque hay un concubinato entre el poder y algunos medios masivos de difusión».
Burbuja democrática
Saramago desmintió que «Ensayo sobre la lucidez» sea un alegato contra la democracia o la autoridad legítimamente constituida. Al respecto, admitió que en todos lados siempre existen formas de autoridad, aunque observó que lo que hay que ponderar es si ésta se ejerce o no en forma legítima.
Consideró que en varios países del planeta, aunque siga vistiendo ropajes democráticos, la autoridad se ha transformado en autoritarismo, lo que calificó como formas de gobierno prefascistas.
Manifestó su profunda convicción que el control de estos desbordes es un problema de conciencia ciudadana, para lo que requirió la profundización de las formas de organización y un mayor nivel de participación de todos los estratos de la sociedad.
En su opinión, la humanidad está viviendo en una suerte de «burbuja democrática», porque el poder real está afuera de los territorios y de las jurisdicciones políticas de los gobiernos. Al respecto, Saramago reiteró que el verdadero poder entre bambalinas reside en los organismos multinacionales de crédito, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo.
Ampliando sus críticas al sistema imperante, el Premio Nobel de Literatura portugués reafirmó que las soberanías nacionales han sido virtualmente pulverizadas y que estamos viviendo una «parodia de democracia».
Preguntado respecto a si mantiene sus ideales socialistas pese al derrumbe del bloque comunista, José Saramago reiteró que «mis ideales socialistas los mantengo en lo que es esencial». No obstante, admitió que la actual coyuntura internacional requiere reexaminar algunos criterios.
«Yo siempre fue crítico hacia el poder, aún en tiempos en que existía el socialismo real. Pero ahora, estamos viviendo en una democracia meramente formal y ciertamente muy precaria».
La lucidez de decir que «no»
Retornando al análisis de la rebelión del voto en blanco que ficciona en su polémica novela, el ensayista español insinuó que ser lúcido es saber decir «no» en el momento oportuno y reivindicar el poder de decisión de la ciudadanía.
«El ciudadano tiene todo el derecho a ser escuchado», subrayó enfáticamente el laureado escritor portugués, denunciando una sistemática manipulación colectiva encabezada por una alianza entre el poder y los grandes conglomerados multimedios que ejercen una suerte de oligopolio de la industria de la información.
«La televisión se alimenta de conciencias», denunció Saramago, considerando que el propósito es claramente apropiarse de la capacidad de discernimiento de los ciudadanos y eliminar su espíritu crítico. «Nos están atacando todos los días», afirmó.
Reiteró sus ácidas críticas a las democracias cosméticas, denunciando que existen millones de personas que están muriendo de hambre y enfermedad. «Ese no es el mundo en el que queremos vivir. Si el sistema democrático no tiene control sobre el poder económico, de nada nos sirve».
Un desierto de ideas
Luego de una prolongada ronda entre los periodistas de los países participantes en la conferencia, que se realizó por riguroso orden alfabético, le tocó el turno a Uruguay.
Ejemplificando la campaña electoral de nuestro país y la pérdida de contenidos de los discursos y las propuestas, LA REPUBLICA preguntó si aún existen realmente las izquierdas o todo se reduce a opciones de sesgo socialdemócrata como alternativa al modelo neoliberal conservador.
Saramago respondió que existe una cierta confusión entre las propuestas y los programas, porque «todos ahora quieren ser de centro, tanto las derechas como las izquierdas. Aparentemente, esa es la forma de conquistar el voto popular y poder ganar las elecciones».
Admitió que las propuestas no son todo lo claras que debían, afirmando que, en lo que tiene relación con las ideas, «estamos prácticamente en el desierto».
Ante una pregunta acerca del rol de la educación en la sociedad contemporánea, el escritor dijo que la educación sólo instruye. Añadió que el rol de educar debe ser cumplido por la familia y la sociedad, que son insustituibles. *
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