ESTRENOS DE UN GRAN LADRON Y AMANECER DE LOS MUERTOS

Historias de estafadores y de zombies

El asunto y la película puede ser vista, simplemente, como una atractiva intencionalidad de amalgamar el cine negro de con las más renovadas historias de ladrones. Pero Un gran ladrón lo intenta con un plan narrativo en buena medida fluido y riguroso y su consiguiente carga dramática y el peso trágico del original.

Nick Nolte interpreta a Bob Montagnet, un ladrón veterano, jugador empedernido y heroinómano en recuperación. Vive en Niza y cuando no se mete en problemas por mujeres está asediado de un grupejo de highrollers y dealers, prostitutas y drogadictos. Con la policía ya tiene un trato cómplice, todos conocen sus códigos.

Pero todo está a punto de cambiar cuando surge la idea del gran golpe, un robo tramposo al Casino de Montecarlo que, suponen sus autores, sorprenderá a la policía y les permitirá irse con un buen fajo de euros. La idea no es robar el dinero, sino los carísimos cuadros originales que los dueños del casino guardan en un depósito cercano al elegante edificio.

El equipo está listo, con sus especialistas y una mujer disputada por varios. Las cosas, se sabe, tomarán un curso inesperado. En Bob se trata de un veterano solitario que se juega una última chance en la vida. Es un delincuente que debe hacer la suya, quedarse con el dinero y con la femme. Es mérito del cineasta Neil Jordan (Mona Lisa y El juego de las lágrimas), lograr salir de la receta de la anécdota estafadores.

Pero parte del mérito es de Nick Nolte, cuya densidad interpretativa es avasallante, con su forma de caminar la pantalla como un viejo lobo de mar desgarrado dispuesto a dar una última pelea, hace que el filme cobre una tensión dramática que ni siquiera parece estar en el guión original.

Un gran ladrón se enriquece por su sola presencia que se impone por su virtuosismo.

 

El amanecer de los muertos

El debutante Zack Snyder recupera la pureza más genérica del gore en un remake que busca igualar al legendario original de George A. Romero Precisamente cuando en 1969 Romero gestó la obra maestra de género La noche de los muertos vivientes nadie pudo proyectar que se convertiría en una de las películas más influyentes del cine contemporáneo. Su planteamiento estético y formal supuso la destrucción de las fórmulas del cine de terror de la época. Una pieza mayor que cambió las estructuras del terror y le dio una nueva perspectiva al género.

Amanecer de los muertos que, mucho más allá de la simple clonación, se aproxima al cine gore de los últimos años, y posee virtudes a la altura del filme de Romero.

El cineasta Zack Snyder realiza un prometedor debut: narra cómo una inexplicable plaga ha diezmado la población del planeta, convirtiendo a los muertos en zombies que buscan carne y sangre humana para sobrevivir. En Wisconsin, un grupo de supervivientes compuesto por una enfermera, un policía, un vendedor de equipos electrónicos y un adolescente duro de la calle con su embarazada esposa buscan refugio en una fortaleza de fines del siglo XX, un centro comercial abandonado donde deberán aprender no sólo a protegerse de los zombies, sino también a convivir.

Amanecer de los muertos, sin excusas ni engaños, brinda una atractiva película de género donde prima el suspenso, el terror en estado puro y una suculenta expansión de violencia.

Amanecer de los muertos: la amenaza real está fuera, como un simbolismo del miedo y terror actual norteamericano. Por eso, no es extraño que las primeras imágenes que ofrece en formato televisivo sean musulmanes rezando o las guerras que penetran nuestra conciencia colectiva. Los protagonistas son héroes que intentan sobrevivir, manteniéndose unidos ante la amenaza exterior. Los tiempos han cambiado y por eso la probidad de esta nueva cult movie reside en haber sabido subvertir el género a su propio estilo, dejando que la ilusoria película vital y optimista que se desarrolla no pueda tener un final más inesperado, apocalíptico y desolador como el que tiene.

El guionista James Gunn apuesta por inventar más personajes que en la original, algo que dificulta el desarrollo de cada uno de los protagonistas. Y esto, que podría verse como un error que impide esa transformación de los roles, se transforma aquí en acierto al ceñirse exclusivamente a la acción sin pausa, a la frenética cadencia de las situaciones que se encadenan en un ambiente claustrofóbico donde la desesperación y la locura son descontracturadas con personajes que toman decisiones con sentido común. Algo inusual en el cine de terror. Aquí no hay bondad ni maldad. Hay miedo. Un elemento clave para entender Amanecer de los muertos. La infección de los zombies no es la deshumanización, sino el pánico que ahonda en nuestras conciencias en esta época de desconfianza y maldad, de guerras y de desatención por parte de gobiernos admonitorios que gobiernan el mundo. Para ello, basta destacar el momento en el que se aleja el helicóptero de las fuerzas armadas cuando ven a los desolados protagonistas en lo alto de la azotea del centro comercial, dejándolos solos y al amparo de su suerte.

Amanecer de los muertos es una narración con diversas habilidades en la que predomina un intuitivo sentido visual, que consigue con su perfecta planificación aprovechar al máximo el impacto de las múltiples escenas de acción a unos niveles de estética y violencia pocas veces apreciables en un género que ha resucitado con esta remake, no exenta de momentos de humor bastante cínicos y divertidos. Así, se pueden contemplar escenas de una sobrecarga dramática impresionante y por cierto la destrucción de zombies con lujos de detalle y con una textura en la sangre que cambia gradualmente con el avance de la película (roja y fluida para la primera fase, seca y marrón para la segunda y negra y aceitosa para su final). La capacidad de Snyder como cineasta hace que su debut tras las cámaras sea celebrado como todo un hallazgo que retoma, homenajea y hasta supera aquellas monstruosas producciones de hace decenios. Incluso permitiéndose elementos referenciales como los cameos de Ken Foree, Scott H. Reiniger y Tom Savini (quienes aparecieron en la primera versión de la película, Zombi, rodada en 1978) o utilizar de forma astuta el nombre de la actriz original Gaylen Ross como nombre de una tienda. La acertada elección de actores (donde hay que subrayar a la estupendísima Sarah Polley), el impresionante y detallado uso de los efectos especiales, el equilibrio formal y la esmerada puesta en escena están soberbiamente ensambladas para componer un relato sólido en una de las películas más interesantes del año. Y no sólo para el más impactante gore del género de terror. *

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