Una novela fundacional, compleja y perdurable
Hoy se celebra el Bloomsday, el centenario del descenso a los infiernos de Leopold Bloom, Stephen Dedalus y Molly Bloom, protagonistas del Ulises de James Joyce. La gente siempre coloca al vertebral texto entre los diez mejores libros de la historia de la literatura.
El Ulises es un libro fundacional y desde luego que James Joyce aparece como un novelista que inauguró la modernidad. Para muchos, el más moderno escritor del siglo XX y el Ulises la culminación de toda su obra. Es la obra de un formidable arquitecto, brillantemente escrita a pesar de su complejidad. Quizá por eso resulta muy duro de leer, aunque no tanto como Finnegans Wake, que es una forma de enloquecer como otra cualquiera por el tremendo trabajo con el lenguaje.
Monumentalidad
El Ulises es un libro tan bien diseñado y escrito que excede la capacidad normal del lector, que se pierde irremediablemente porque es un libro escrito sin pensar en nada ajeno a sí mismo. El Ulises es tan encerrado en sí mismo, trabaja de tal manera la esencia misma del inglés que en otro idioma se diluye. Es un libro misterioso, plagado de referencias personales, culturales, alusiones a Irlanda, a La Odisea, de guiños privados.
El Ulises es la última de una suma de novelas que quieren abarcarlo todo, como el Quijote, y proponen una percepción global del mundo. En ese panorama de novela global, que busca un dominio de lo centrífugo y de lo centrípeto y desde un punto de vista más ambiciosamente modesto Proust consiguió unos resultados más comunicables. Desde un punto de vista más modestamente ambicioso, Faulkner alcanzó soluciones más fascinantes y misteriosas.
Joycemanía
Ulises es un texto que debería leerse en inglés y en voz alta, lo que deja muy poco margen para una traducción cuyo nivel de calidad quedará siempre muy por debajo de la eficacia de su versión original. Por otro lado, es una novela tan apegada a la historia de Irlanda y británica, a sus luchas, polémicas y debates a lo largo de sus puntos y horas y a la erudición joyceana, que su comprensión se hace difícil sin un aparato de notas cuya acumulación convierte en erudita cualquier traducción de Ulises decente.
Por eso, cuando se hacen encuestas sobre los mejores libros del Siglo XX, siempre aparece Ulises, cuando se vive hoy en una cultura de la facilidad. Y quien lo lee no lo entiende del todo, porque carece de todas las referencias mentales, culturales, vitales del escritor.
Novela fundacional, abrió las puertas a la contranovela. Siempre habrá un antes y un después de Joyce. Joyce, como tantos maestros fundadores (Juan Rulfo o Jorge Luis Borges) no admitió repeticiones.
No obstante, muchos factiblemente estén familiarizados con la obra de Joyce (como con las de Shakespeare o Cervantes) sin saberlo. El Ulises es un placer arduo y extenso. Su lectura reclama dedicación, tiempo, paciencia. La influencia que conserva el Ulises proviene de la eficacia con que prueba que el género novelesco es, en su fundamento, un arte de la lengua.
Esa audacia joyceana
El Ulises como forma de la audacia creativa. Y por eso se trata de un hito de la literatura del siglo XX, quizá el hito más importante de aquello que se denominó arte moderno.
A cualquiera que le guste la literatura tarde o temprano termina leyendo el Ulises. Y se lee por las mismas razones que cuando se publicó en 1922: humor, audacia expresiva, libertad narrativa, emoción erótica, personajes verdaderos, visión crítica del nacionalismo, entre otras razones.
Está el prejuicio de su dificultad de la lectura, por eso se aborda poco. Hay la certeza de su modernidad, por eso se cita mucho. Existen varias traducciones al castellano: algo indicará, seguramente su interés por entrarle a una novela compleja y a la vez señalada fundamental por todos los críticos más rigurosos.
Es, en definitiva, uno de esos libros en los que cuesta entrar pero una vez dentro, y si se llega a sentir atracción por el texto y por sus personajes, ya no se puede dejar de leer la peripecia que es fascinante. Es un texto demoledor y posee mucha vida, una caligrafía si se quiere poética, verdad, tensión, diversión y, sobre todo ingenio. La contextura de personajes Stephen Dedalus y Leopold Bloom llegan verdaderamente a conmover. El que se brinde a cierta exégesis en una época muy dada a las interpretaciones más o menos escolásticas, lo convirtieron en una especie de Biblia laica. Esas interpretaciones son las que han levantado la fama de un texto como el Ulises de James Joyce. Posee tales recursos y elementos, pero asimismo mucha cerveza negra, tragicomedia y vitalidad. Joyce no tiene ninguna culpa de la turba que se recrea en retruécanos sin gracia.
O como la escritora Zoé Valdés, para quien el Ulises «es un libro difícil y de una hermosura única, al que debemos dejar que nos penetre la sensibilidad y penetrarlo con inteligencia. Lo leí con 21 años, y aún recuerdo la emoción que me produjo el monólogo de Molly y cuando las lámparas y los objetos se ponen a conversar. Por favor, es uno de los más grandes autores». *
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