LOS NUEVOS DISCOS DE PATTI SMITH, MORRISSEY Y P.J. HARVEY

Los maestros siguen dando lecciones

A los 57 años, Patti Smith con sus infatigables potencialidades creativas: la lucidez de una intelectual prepunk –corriente de la que fuese todo un referente– y los ideales de paz y amor de la generación hippie. El resultado: un disco que retrata la acústica interior y exterior de una compositora harto sensible en un mundito ancho y enajenado.

En momentos en que una convalidación de una vale todo decadente y degradante, de una cultura televisiva estupidizante, por ejemplo la imagen de Patti Smith luce como un esplendor, como una ruta, como un sonido de alarma, como una profunda reflexión crítica de la época en que vivimos.

Esos cabellera larga y ese sentido de experiencia acumulado no crea personajes ni simulacros: colocan en primer plano a una de las creadoras fundamentales del siglo XX y una poeta del punk que ya cumplió 57 años. Se ha vuelto más sagaz por madurez y oficio: cuando empezó a hacer canciones de rock era una provocadora por instinto que eludía todo posible parque de certezas; con la madurez aprendió a concentrar sus fuerzas y a dirigirlas con notable puntería.

En el flamante Trampin´, articula una secuencia de de canciones a la vez íntimas y capaces de perturbar a quien las escuche. La que confiesa en cada canción es una madre que pulsa y examina el crecimiento de sus otros en un Estados Unidos que no aprendió de sus errores bélicos, de sus desmesuras y que considera que con armas inteligentes se obtendrán mejores asuntos. De esa manera, la Smith parafrasea el título de su segundo trabajo (Radio Ethiopia, de 1978) en «Radio Bagdad», una belleza de imágenes superpuestas en las que la grandeza de la cultura babilónica («Todo el mundo se revuelve alrededor de un círculo perfecto/ Oh Bagdad centro del mundo») se entrecruza con el aquí y ahora demencial en Irak («Mandás tus luces, tus bombas/ Las mandás a nuestra ciudad/ Conmoción y estupor, como en un enloquecido programa de televisión»). Aunque Smith haya sido contemporánea del punk, habitan aún los ideales de paz y amor de la generación hippie. «Gandhi», un largo crescendo con guitarras que pasan de climáticas a aguerridas, es un llamado a un nuevo Mayo del ’68 en el que la dama murmura, canta y aúlla frases como «despierten de la red en la que han estado durmiendo» o «larga vida a la revolución». Smith sigue convencida de que el pueblo tiene el poder.

El carácter político de Trampin’ está en la frontline del concepto del disco, pero no es el único flanco de la cantante que se puede apreciar. «Cartwheel» es una delicada canción de cuna para su hija Jesse, fruto de su matrimonio con el desaparecido Fred Sonic Smith (guitarrista de los legendarios MC5). Es que el mensaje no difiere, así le hable a su hija, a Bush o a sí misma: «No sufras la parálisis de tu vecino/ pero extendé la mano». Esto se denomina grandeza, Patti.

 

El retorno de Morrissey

El ex The Simths, Morrissey, está de nuevo en las bateas rompiendo un silencio de años. Había registrado el aplicadísimo Maladjusted durante 1997 y, después de líos legales con Johnny Marr (el brillante guitarrista de The Smiths) se marchó a Los Angeles. Cambio de aire. sí, oxigenación y encare de nuevos materiales cancionísticos. Y el resultado es I Am The Quarry, un compacto en el que Morrissey da rienda suelta a una letrística punzante y a la vez mordaz, como cerrando asignaturas pendientes. Muchos lo han calificado como el mejor álbum de Morrissey en una década, desde Vauxhall and I (1994). Lo más inspirado del disco son canciones como «Come Back to Camdem» o «First of the Gang to Die» , que recuperan al Morrissey más sarcástico y hasta si se quiere glamoroso.

Morrissey está de nuevo. No hay demasiadas novedades en el plano estético, pero cómo el chico de Manchester se hace escuchar. Es todo un mérito.

 

Diosa P.J. Harvey

Es oscura, laberíntica y susceptible pero sobre todo, P. J. Harvey es una creadora de alto rango. Su nuevo disco Uh Huh Her sigue desplegando esa estética provocadora que la transformó en una de las cantautoras más importantes de la cultura rock de las dos últimas décadas.

P.J. Harvey escribió todas las canciones, y además hizo la producción, la mezcla y tocó todos los instrumentos con una admirable inteligencia y sensibilidad. Uh Huh Her, registrado en privacidad, con el respaldo único de Rob Ellis en percusión y batería, es un disco de una hondura avasallante y doblegadora. Su poética deslumbra, y trabaja dichas y desdichas amorosas del amor, los principios de deseo, la desolación y la fragilidad de la condición humana con esmero irreprochables. Uh Huh Her posee una métrica deliberadamente despojada, nada estridente, y es literalmente bello desde el vamos.

Se inaugura con «The Life and Death of Mr. Badmouth», toda una canción de desamor con reclamos incluidos.

«Shame» evoca en sus climas a Nick Cave pero en un formato acústico y se vuelve embriagante escucharla. En seguida rompe el clima acelerando en «Who the Fuck?», pero vuelve a las cualidades/calidades de la balada rota en «The Pocket Knife».

La canción que sigue «The Letter», sorprende poco en lo musical –otra vez el blues fragmentado y tormentoso–, pero mucho en la letra; es una canción erótica a partir del olvidado arte de escribir cartas: «Apoyá la lapicera sobre el papel/ presioná el sobre con mi aroma/ ¿No podés ver en mi letra la curva de la g? ¿La añoranza?/ Sacá el capuchón de la lapicera/ humedecé el sobre/ Lamelo, lamelo».

El de la Harvey puramente emocional, por momentos de cierta frontalidad, también visceral que logra lo que se propone: remover a sus emisores, ubicarlos en esa territorialidad donde las emociones enviadas llegan a destino. La chica oscura enseña a vivir y a desvivirse, a despegarse de cualquier posibilidad de maltrato.

«The Desperate Kingdom of Love» es una balada acústica de esas que mezclan la tristeza y la esperanza, sencilla y sólida («Hay otro que mira detrás de tus ojos/ De vos aprendí cómo ocultarme del desesperado reino del amor»), mientras que «The Darker Days of Me and Him» también es una canción acústica, con leve aliento percusivo, sobre el final de un romance y la posibilidad de recuperación; más cerca de la dolencia que de la tristeza. Uh Huh Her es un disco sentimental, puntilloso y riguroso, en ocasiones mordaz, pero especialmente de un espigamiento creativo y compositivo excelente. *

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