La puñalada
Todo un personaje del viejo Montevideo. Así fue Pintín Castellanos que nació en el Barrio Sur un lejano junio del 1905. Con apenas 15 pirulitos compuso su primer tango que tituló «El pirata». Su vida fue entre tangos, milongas y la pasión por el deporte.
Elegante, compadre y enamorado de lo popular, su figura taconeaba los adoquines entre cortes y quebradas. Haciendo pinta en la confitería La Americana y, a la tardecita, recalaba con la barra fraterna de El Hacha. Tuvo un gran amor por el candombe de su barrio natal y fue el primero que, con enorme categoría, acercó las lonjas al universo tanguero. Creó la inolvidable «Entre nyanzas y malevos», respirando aromas de carnaval, conventillo y compadritos orilleros. Muy pronto se convirtió en un baluarte de nuestra música popular.
No paró hasta dirigir su propia orquesta donde alternaron personalidades como Gobbi, el violinista romántico, al lado del bandoneón del «tano» Racciatti que recién estaba empezando. Con el cantor Enrique Campos trillaron las noches del Centro de antaño y en los bailes esquineros ahí estaban como una fija burrera. Su máxima creación «La puñalada», la compuso también siendo un joven que no llegaba a los 30 años. Celedonio Flores le armó el poema que contaba un drama de malevos, pero esta milonga fue famosa en su versión instrumental.
Con el compás de D’Arienzo se paseó por todos los salones rioplatenses y al toque fue la favorita de los bailarines que al escucharla se prendían como abrojos. Músico estilizado, ese fue Pintín que como compositor se pintaba de cuerpo entero. «De galerita y bastón», fue su homenaje al Montevideo del 900 del que vivió enamorado. También dedicó tangos a sus amigos músicos y colegas como en la pieza que tituló «Don Horacio». Un cálido sentimiento a las orquestas que brillaron por el 50.
El deporte fue la otra parte de su existencia.
Lo engarzó a su arte tanguero con joyitas musicales como la milonga «Meta fierro», en homenaje al gran corredor de autos Supicci Sedes. La apolínea silueta de Pintín también participó en aguerridos campeonatos de natación.
Algunas de esas competencias fueron leyenda.
Como aquella vez en que junto a otros valientes se sumergieron en la Playa Honda y desafiaron el peligro al nadar, por horas, muy río adentro. Cuando los años se le vinieron arriba nunca perdió su clase y elegancia. Peinado a la gomina, de impecable traje y apoyado en su bastón visitaba a Miguel Angel Manzi en el programa «Sábados de Tango».
También era habitué a la peña de la cantina de Santucci. Pintín Castellanos, elegancia de la milonga que nos susurra picarona: «meta fierro, con cortes y quebradas, como en aquel entonces para toda la muchachada.»
Con más recuerdos y tangos los esperamos todos los sábados, a las 19, en 1410 AM LIBRE. *
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