Mores, brazos abiertos para el tango
Allí habrá de recrear varios de los temas que lo hicieron famoso a lo largo de una trayectoria de más de sesenta años dentro de la música ciudadana.
Dotado de una imaginación musical fuera de lo común, con un temperamento identificado con todas las vertientes cantables del tango, se le consideró siempre el prototipo de los jóvenes que irrumpieron en la década del cuarenta, quienes llevaron adelante las propuestas de cambio y las ideas renovadoras –en lo melódico y en lo poético– dentro de la canción ciudadana.
En El libro del tango, Horacio Ferrer describe certeramente su importancia de compositor: «Le hubiera bastado con haber compuesto un tema de la calidad de ‘Cafetín de Buenos Aires’ para ser estimado entre los mayores talentos del tango». Para continuar aseverando: «En toda su obra está presente la belleza, como resultado de una esencial atadura de la inventiva y el instinto, entre el vuelo creador y aquella impautable intimidad que hace el misterio del tango». Pero estas valoraciones de Ferrer alcanzan para todos sus trabajos que siempre contaron con un gran arraigo popular y que muchas de ellas mantienen inalterables su frescura, producto de la conjunción de sus exquisitas melodías y de la calidad literaria de quienes hicieron las letras.
Sus letristas
Musicalizó dos trabajos de Cátulo Castillo, El patio de la morocha, y La Calesita, firmó junto a José María Contursi En esta tarde gris, Gricel, Cristal y Cada vez que me recuerdes, en colaboración con Enrique Cadícamo hizo A quién le puede importar y Copas, amigos y besos. Con Homero Manzi dio a conocer Una lágrima tuya, un tango de estilo campero que se inscribe dentro de una línea melódica parecida a sus trabajos de El estrellero y Adiós pampa mía.
Pero al parecer con quien se sintió más cómodo para componer y crear fue con Enrique Santos Discépolo. Los tangos Cafetín de Buenos Aires, Uno y Sin palabras son una trilogía irrepetible dentro del tango.
Toda su obra de compositor puede dividirse en tres partes. La primera ubicada entre 1938 y 1947, cuando aparece exaltado el entusiasmo y el estallido juvenil de la generación de 1940 encauzada en la figura rectora de Aníbal Troilo. En la segunda iniciada de la década del cincuenta con un cambio de orientación nostálgica y a ciertas fuentes originales expresadas en las líneas melódicas de la milonga, son ejemplos Taquito militar y El firulete. Una última etapa marca una tendencia internacionalista en composiciones como Frente al mar y Por qué la quise tanto.
Hace varios años que Mariano Mores no pone nuevos temas a consideración del público. Sus representaciones se limitan a repetir las viejas melodías que supieron de justos y significativos éxitos y que el maestro sigue entregando con invariable entusiasmo desde el piano y al frente de orquestas con tendencias a las ampulosidades sonoras.
Pero muchas cabezas canas siguen disfrutando de sus generosas entregas de tango que brinda este consagrado artista, considerado uno de los mayores talentos musicales que tuvo el género.
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