Disneysaurios
Anticipándose a las vacaciones de julio una vez más, la Disney estrena hoy su megadibujo animado del año: Dinosaurio. Esta vez, son dibujos minuciosamente realistas recortados sobre fondos naturales filmados por todo el planeta.
El primer dibujo animado digital de la Disney, recuérdese que las dos Toy Story fueron realizadas por Pixar, costó más de 200 millones de dólares y 12 años de trabajo. Casi todos los escenarios de fondo fueron retocados, en particular para cambiar su color y para uniformizar tomas de lugares distantes. Todo esto sin contar el trabajo de los animales mismos.
Y el tema de los dinosaurios, va a lo seguro. En 1905 una película llamada Prehistoric Man representó al primer dinosaurio animado pero, claro, el referente obligado es Jurasic Park, que también integraba animales digitales a tomas fotográficas.
La escena más hermosa de la película es al comienzo y ya fue vista en los anticipos. Un campo de nidales de iguanadones es invadido por un feroz carnotauro –que aquí hacen las veces de malo, sustituyendo a los tradicionales tiranosaurios–. Un huevo perdido es hurtado por un pequeño dinosaurio cruza de avestruz y chivo, el huevo cae al agua, sortea milagrosamente cien peligros, es recogido por un dinosaurio volador al que la cámara sigue por paisajes fascinantes y termina cayendo en una isla, cerca de una manada de lémures.
«Cuando, luego de varios minutos de estupendas imágenes, una de las criaturas abre la boca por primera vez, el filme muere de golpe, como si hubiera sido golpeado por un gigantesco meteorito, que extingue toda forma de vida en los laboratorios digitales de la Disney», dijo el Washington Post, que como otras críticas norteamericanas, se ensañó con este Dinosaurio.
Del huevo nacerá Aladar, que será criado por una familia de lémures sin iguanodontes a la vista. Ya adulto, una lluvia de meteoritos los impulsa –no queda claro por qué– a tirarse al agua y nadar a tierra firme.
Allí encuentran enemigos predadores y amigos en una manada de dinosaurios hervíboros de varias especies, que migran hacia los nidales a través de un desierto. La manada es liderada por un mandón que, en su afán de huir de los peligros, no hesita en abandonar a su suerte a los débiles que quedan rezagados. Un dinosaurio darwinista.
Aladar propone una táctica distinta, mantenerse unidos para poder subrevivir. Esta diferencia de estrategias militares es el centro de la película. Y ganan los buenos.
Los niños que la vieron el martes, en la función benéfica organizada por la fundación Por todos los Niños, parecen haber salido contentos, pese a una proyección vergonzosamente oscura. Y eso es para lo que trabajó la Disney.
Pero no sabemos si la película atrapará multitudes. No parece ser de las que quedan en la mente para siempre. Y no porque sea la primera película Disney sin canciones desde hace años, como observó el New York Post.
A nuestro juicio, falta historia, falta ritmo y hay problemas de técnica fílmica.
Primero, no queda claro para qué se pierde el huevo, aparecen los lémures y se reencuentra luego con la manada. En casi todas las leyendas, el héroe, el nuevo líder, tiene un orígen oscuro. Pero aquí se cuenta, y que haya sido criado aquí o allá no afecta el conflicto entre las dos tácticas. Sobran entonces, las escenas de apareo y hasta la lluvia de meteoritos.
Segundo, la parte principal de la película ocurre en el más árido y monótono de los paisajes imaginables y pasa muy poco en esa larga travesía. Falta chispa para mantener el interés.
Tercero, los personajes –que no son los típicos animalitos amorosos de Disney–, son en extremo previsibles, y su diálogo obvio. Como ejemplo, hay una escena crucial se da cuando, llegados al final de una cueva, Aladar pierde la esperanza y un bicho grandote se lo reprocha y a fuerza bruta encuentra un camino al paraíso. Toda esa escena está lamentablemente resuelta a base de lugares comunes.
Finalmente, la inclusión de los lémures complica la narración, aparte de que no hace avanzar la historia, que no sirve para que el espectador se identifique con algo «humanoide», y que no está demasiado justificada por la paleontología (si nuestros datos son ciertos, los dinosaurios habrían desaparecido hace unos 70 millones de años y los lemúridos aparecido hace 50; la historia es ubicada hace 65).
Complica, porque obliga a cambios de planos que confunden. Convencionalmente, el cine comienza la mayor parte de las escenas con una toma general para ubicar a los personajes en el lugar, continúa con una toma media para no cambiar bruscamente a un primer plano y sigue con planos de rostros.
Aquí, la diferencia de escala obliga a que, o no se ve la expresión de los pequeños monitos, o se pasa sin transición a un acercamiento a los dinosaurios, cambiando de planos generalísimos a detalles difíciles de ubicar en el panorama general, o se agregan planos intermedios inútiles. Repetido esto una y otra vez, y sumado a la lentitud de los saurios, termina por crear un sensación de incomodidad que no ayuda.
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