Toda venganza siempre será posible
En Kill Bill Vol. 1 todos los elementos se despliegan con particular soltura y creatividad haciendo del filme, en apariencia, un exponente más del cine de acción. El filme se apoya en una secuencia de combates diversos y en la confluencia de elementos referenciales del director, como por ejemplo, los diálogos interminables sobre banalidades. En esta primera parte, Quentin Tarantino ya no tuvo que mostrar sus gustos, inventa los gustos del futuro, funda nuevas formas y lecturas.
En Kill Bill Vol. 2, la prolongación, el díptico que se estrena mañana en salas montevideanas, Tarantino derrumba el diseño que había desplegado con la primera parte. Es decir: otorga carácter psicológico y móviles claros a sus personajes. Utiliza una estructura narrativa definitivamente lineal pero en donde las alteraciones (los flash-backs, por ejemplo) lejos de desautomatizar el recurso, lo profundizan mediante la exacerbación del procedimiento hasta el límite de lo satírico, convirtiendo un elemento narrativo en un guiño cinéfilo.
El filme además elabora un tránsito inevitable y previsible para la heroína (Uma Thurman) con móviles que desdibujan el interrogante que precedía a la venganza, haciendo de ese itinerario hacia el objetivo buscado un camino repleto de falsos obstáculos que sólo funcionan como retrasos necesarios, desde el guión, para postergar la confrontación final.
Como que el cineasta de Pulp Fiction se enfrentó a mitad de su labor con las opciones de decantar por completo un procedimiento nuevo o descansar en el espacio de lo viejo. Mientras que en la primera parte, la palabra era una manera de desvanecer el miedo a la muerte, en la segunda parte opera como una narración clásica.
Tarantino se acerca a la cita como mecanismo de supervivencia que fija al filme a una especie de versión spaghetti-western y filme de artes marciales. La sensación ante Kill Bill Vol. 2 es la de un cierre muy aplicado y con movimientos nuevos en el universo de las criaturas. No sólo por el ingreso del componente familiar sino por la necesidad de desplegar lazos emocionales entre los personajes.
Kill Bill Vol. 2 es definitivamente un filme con personajes más humanos (con excepción de la villana Darryl Hannah) y tal vez no posea el impacto de la primera parte. La propuesta consiste en un diálogo con sus largometrajes anteriores, pero se trata de un diálogo que muestra capacidad para despegarse de ese discurso. *
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