CONVERSACION CON EL ESPLENDIDO ACTOR WALTER REYNO

"Es imposible vivir del teatro en este país"

Tan sólo susurros y monólogos es lo que despide el interior del Circular cuando baja el sol, hora clave donde la escuela teatral se encuentra en pleno ensayo. Perdido en el laberinto arquitectónico que físicamente representa este edificio teatral, fue que rescataron a Walter. Y allí estaba con un frenesí de no olvidar, toda una dinámica personal intensa de ademanes adornados con una amplia sonrisa cálida que hace que cualquier persona respete su autoridad intelectual ante un ser con tal transparencia. Humildad y una sencillez implacables es lo que lo define, y emociona, al toparse con alguien de la estatura de Walter Reyno.

-En primer lugar, ¿cuántos años de teatro?

-Y… ¡es necesario! (risas) …más de cincuenta.

-¿Cuándo fueron sus inicios?

-Yo empecé a los diecisiete años y ahora tengo sesenta y nueve, así que imagináte… empecé en el liceo como arranca todo el mundo. Yo empecé en el Dámaso, con una obra que se llamaba Los árboles mueren de pie de un autor español llamado Alejandro Casona. Después estuve en un grupo teatral que se llamaba La cueva y entré finalmente en el Circular en 1956, y bueno, hasta el día de hoy.

-¿Por qué no asumir otras responsabilidades con su trayectoria?

-Porque -justamente- yo creo que la misión de la gente con tantos años en el teatro es dar paso a los jóvenes, yo hace veinte años que dije no tomo ningún puesto de dirección. La idea es abrir caminos, si tú te quedás como directivo durante veinte años algo estás trancando. Una vez que terminó la dictadura en 1982, fui directivo porque había que sostener la casa, después que vino la democracia se acabó pero, en fin, sigo siendo un integrante activo y tengo responsabilidades, pero siempre menores, porque los cargos de dirección ahora los tiene que hacer otra gente.

-Uruguay es un país que arraiga canas.

-Absolutamente, y que le cierra el camino a los pobres.

-¿Está cómodo con el teatro uruguayo?

-Sí, estoy contento, el teatro uruguayo es un reflejo del país, es como el fútbol.

-¿Está peor el fútbol?

-Mmm. No sé, nosotros en un momento pensábamos que éramos los primeros en Sudamérica, y en el fútbol también.

-¿Cómo definiría entonces al teatro uruguayo?

-El teatro uruguayo tiene una gran virtud, tiene un eclecticismo en el repertorio que es muy valioso, o sea tú ves la cartelera teatral montevideana y podés encontrar entre cuarenta y cincuenta títulos diferentes que en comparación a los pocos que somos es mucha cantidad. Y tiene otra gran virtud, le da muchas posibilidades a la gente joven, hay mucha gente de 22 y 23 años dirigiendo, actuando y la obra escrita por ellos.

-¿Eso antes no se daba?

-No, en lo absoluto, ahora sí. Y la gente arranca con mucha fuerza, está el ejemplo del Teatro Joven que es una movida impresionante. Está bien, no se puede juzgar con términos académicos, hay que juzgarlo como un hecho social, y como un hecho social para las dificultades que tiene el Uruguay hoy; el teatro da la posibilidad de que los jóvenes puedan expresarse rápidamente sin grandes gastos digamos, ¿cómo hace un joven de 22 años para expresarse en este país?… es muy difícil; en cambio arman una obra, un espectáculo barrial, un teatro callejero y lo muestran, después viene gente o no, pero alguien va, y los críticos comentan, en fin, se mueve, es removedor.

-¿Hay algún libro o anécdota que le gustaría escenificar y aún no se ha dado?

Acá se han hecho muchas obras con títulos de literatura universal. Hice una escenificación de un cuento de Borges que era «Hombre de la esquina rosada». Tal vez lo que me gustaría escenificar es algo de Onetti, pero es muy difícil, negro, cerrado. Onetti a mí me gusta mucho. Igual no creo que me haya quedado nada pendiente. Yo me considero simplemente un trabajador de teatro independiente y es una de las razones de mi existencia. Mi idea es mantener la fábrica abierta y los integrantes somos nosotros, o sea que el teatro es nuestro, eso no es común en ninguna parte del mundo, donde los mismos propietarios sean los mismos actores, entonces estás como creando en tu propia casa. Y te podés preguntar, ¿por qué, por qué y por qué tantos años acá? Y bueno, porque es el lugar donde uno puede seguir soñando y donde está la fábrica de sueños, que es el teatro que puede albergar a los próximos jóvenes para que puedan venir a soñar.

-¿Puede vivir del teatro?

-No, no, es imposible vivir del teatro en este país. De todas las obras que están en cartelera, es decir, de quinientos actores que hoy están trabajando diez o doce deben tener trabajo seguro, o podrán vivir de eso, se mecha siempre con clases de teatro o música, en fin siempre se hacen cosas distintas.

-¿Cuáles son sus alumnos que le dejaron ese gusto de que lo que logró lo hizo con éxito?

-Y… Jorge Bolani, que a esta altura es mi maestro, Daniel Hendler, Alberto Arteaga, Francisco Nápoli y otra gente que está en el exterior. Estos son los que se hicieron más populares, los demás si llegan o no llegan no es una cuestión de talento, es también un problema de circunstancias, porque si un botija tiene 25 años y tiene que ponerse a trabajar diez horas por día para comer evidentemente no se va a poder dedicar al teatro.

-Usted vivió cada paso de Daniel Hendler. Actualmente, ¿cómo lo ve desde una perspectiva más lejana de la casa donde creció?

-Lo que yo digo siempre es que es un notable actor de cine y mejor persona. Es mucho mejor para el cine que para el teatro, es un tipo que tiene facilidad para las cámaras.

-¿Qué le falta o que le sobra al cine uruguayo?

-Como faltarle, le falta dinero. La gente que hace cine sabe que para ser efectivo como negocio, necesita que el costo de la película se pague en su país de origen, y acá ninguna película pagó ni la quinta parte, ni aún las más exitosas.

Ahora Stoll y Rebella con lo de Whisky tuvieron también financiación internacional, son dos talentos y van a llegar muy lejos.

-¿Cuál es el mejor teatro del mundo?

-El inglés, de los que yo conozco. Tiene una formación y una creatividad tremenda, tienen una gran cultura teatral. El teatro en Londres es fantástico, si ves incluso una película cualquiera norteamericana te das cuenta que ése es inglés, es un tipo de actuación diferente. El inglés es muy culto, va mucho al teatro y las formaciones en las academias son increíbles.

-¿Qué actores o actrices le impactan del exterior?

-Emanuelle Béart que es una actriz francesa con una magia increíble, y también Daniel Day Lewis que actuó en Mi pie izquierdo y En el nombre del padre.

-¿Está ensayando actualmente?

-Sí, estamos ensayando una obra que se llama Cabaret electoral escrita y dirigida por Horacio «El Corto» Buscaglia. Me divierto muchísimo y se estrena la primera semana de julio.

-¿Cuál fue la obra que más placer le dio dirigir?

-En realidad siempre actué, solamente he dirigido dos espectáculos, en escuelas sí he dirigido mucho. La que más me gustó dirigir fue Danza de verano.

-¿Cómo fue trabajar con Adrián Caetano en la teleserie Uruguayos Campeones?

-Fueron muchas horas de grabación, pero con Caetano fue todo muy divertido, con él trabajo en lo que sea. Es un loco muy creativo, que no sabés ni lo que estás haciendo, cuando te ves después no lo podés creer.
Hace cosas que no están en el guión, inventa en el momento. El te da un guión pero te dice «no te estudies la letra».

A mí eso me parece fantástico, claro, en el teatro eso no se puede hacer y en la televisión sí. Es muy en el momento, «tá, vos ahora entrás acá y te peleás con tu mujer» y logra pronto algunas creaciones muy realistas.

-Que nunca falte.

-La esperanza, en este país se puede matar todo, menos eso. La migración de los jóvenes es algo que me preocupa, me deshace, aparte se van los más talentosos, los formamos y después se nos van.

-¿Una debilidad?

-Una de mis contras es que soy ansioso, en todo, quiero las cosas ahora, y eso no es bueno ni como actor ni como director ni como nada.

¿Y una fortaleza?

Yo siempre dije algo, el ser humano en general, si tiene constancia, perseverancia, hace lo que quiere, llegan a donde quieren, ahora, hay que trabajar. Perseverar.

-Actuar es…

-Es sentirme libre, que es difícil, estamos en un mundo que ata. En el escenario es el único lugar donde me siento libre de verdad. La primera actuación es como la novia de los quince años, no te la olvidás nunca más.

-¿Un sueño?

-Que dentro de cincuenta años siga existiendo el Teatro Circular. El teatro siempre va a existir porque es uno de los medios que llega más rápido a la población en su propio lenguaje. *

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