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Historia de la primera asesina serial americana
ESTRENO DE MONSTER, BASADA EN UN CASO REAL Y CON LA LAUREADA CHARLIZE THERON

Historia de la primera asesina serial americana

* Charlize Theron es la gran convocatoria con "Monster" en esta semana de estrenos. La bella actriz sudafricana obtuvo el primer galardón en Berlín, después el Globo de Oro y finalmente el Oscar, gracias a su esmerada caracterización de Aileen Wuornos, la mujer que los registros policíacos de Estados Unidos ubican como la primera asesina serial.

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Por fuera, evidentemente, en el caso de Charlize Theron, la protagonista de Monster, está la transformación física: la piel manchada, los ojos congestionados, la dentadura despareja, los movimientos casi mecánicos, el cuerpo de un gran espesor. Pero bajo esa contextura si se quiere ordinaria, que la vuelve a la espléndida actriz prácticamente irreconocible, hay más: gestualidades muy puntillosas y cuidadas, miradas muy trabajadas al igual que las tonalidades de voz, posturas, actitudes.

En ellos se despliegan entonces los estados de su personaje: los espasmos de furia, las súbitas ráfagas de ternura como si fuesen un relax de su estrés, una aspereza que trasluce y esconde el resentimiento y la vulnerabilidad, la privadísima desolación y la trama de antiguos dolores que persisten y doblegan, una sorda cólera y una credulidad próxima a la sinrazón, al traspaso de toda lógica. Theron hace de Aileen (o de Lee, como se la llama en el filme) un ser real, aprehensible, absolutamente carnal y terrible: no oculta el fuego inconsciente del monstruo o demonio que la está devorando, pero permite asomarse también a sus flancos humanos.

Es todo un equilibrio que se plantea en términos narrativos la cineasta y guionista Patty Jenkins, quien por un lado elude incursionar en efectos de cuño sentimental y que evita toda posibilidad de sensacionalismo, pero por otro envía por acumulación informativa (a los espectadores) pistas para tratar de comprender la génesis de una conducta violenta y autodestructiva en semejante personaje.

El mapa narrativo que se planteó la Jenkins intenta por todos los medios elevarse de las recetas del género, esto es, historias de carnadura dramática apoyadas en casos reales. El de Wuornos, conviene recordar, llegó a ser además de dos aclamados documentales, objeto de edición de diversos libros ensayísticos, de un cómic y hasta de una ópera.

Jenkins concentró su historia en el período 1989-1990, cuando la joven prostituta asesinó a siete de los hombres con los que tomó contacto en sus vagabundeos por las carreteras de Florida, crímenes por los que fue condenada en 1992 y ejecutada diez años después.

Cuando el filme comienza, Lee, que ha sido víctima de abusos en la infancia, anda en la calle desde los 13 años y parece a punto de suicidarse, entra por error en un bar de lesbianas y conoce a Selby, una chica del interior a quien sus padres han confiado a una familia amiga con la esperanza de rehabilitarla. Lee encuentra en ella un trato afectuoso que prácticamente desconoce y que echa abajo sus prevenciones. La relación que nace entre las dos viene a ser el eje narrativo del filme. Los crímenes se inician una noche en que Lee sale a la carretera en busca de dinero para divertirse con su nueva amiga. Agredida brutalmente por un cliente, acaba matándolo y quedándose con su billetera. Actúa esa vez en defensa propia, pero el incidente también parece abrir por primera vez una válvula de escape a la cólera que ha acumulado tras años de violencia y humillación. Aunque se propone dejar una rutina que se le hace sofocante y busca su idea de camino seguro en el territorio de lo laboral, pronto vuelve a la ruta, al nowhere road. Va ahora dispuesta a repetir el golpe, empujada por los reclamos constantes de Selby. La desflecada criatura parece leer sus homicidios como actos de justicia. “Soy una buena persona”, le dice a su compañera.

Al exponer los crímenes de la protagonista, Jenkins no esquiva una estética de la violencia ni tampoco crudeza: es muy groso el impacto que producen esas escenas. Además hay aciertos en la construcción de los ambientes y en la descripción de la mutua dependencia que delata la relación entre ambas mujeres.

Pero es en tal espacialidad donde el relato se vuelve más denso con diálogos de un calado si se quiere literario y que abarca obviamente al personaje de Selby, que aparece bien esbozado en el arranque y con todo el talento y la sensibilidad que le puede administrarle alguien como Cristina Ricci.

Pero es un largometraje, una historia para la capacidad intuitiva e histriónica de Charlize Theron. Los espectadores verán Monster y comprenderán por qué la actriz acapara todos los aplausos, todos los adjetivos altisonantes. *

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