Nuevas historias comprometidas
Cuando aquellos cantores populares que periódicamente vemos desfilar en festivales se aproximan a salas como la Zitarrosa, como es ahora el caso del dúo Larbanois-Carrero, permite auscultar con más detenimiento su actual proyección interpretativa.
Es entonces que uno intenta bucear, buscar y ubicar, en una posible real dimensión, el nivel artístico de esos intérpretes, lejos del bullicio de miles, como se da en esos encuentros folclóricos.
En el caso del dúo Larbanois- Carrero se hace difícil encontrar en su nuevo recital de casi dos horas en la sala Zitarrosa puntos desfavorables en su presentación.
En sus Historias, que proponen nuevas canciones, en su gran mayoría de la autoría de Mario Carrero, se reitera y se reafirma con mayor conviccion, el inmejorable nivel interpretativo de este dúo, al que debe considerársele, hoy por hoy, como el de más arraigo entre el público y el de mejor nivel exponencial del canto popular uruguayo.
Su propuesta está definida desde hace mucho tiempo –y creemos no encontrar puntos de contacto con aquellos dúos que marcaron una clara definición en la música popular del país, como pudieran ser Los Olimareños o Los Zucará–. Incluso, si bien pudiera haber alguna reminiscencia –como algunos por ahí han sugerido– del dúo duraznense Los Vidalín, o del recordado Los Eduardo (Eduardo Lagos, Eduardo Larbanois), esa posibilidad queda descartada. Porque su planteo interpretativo dista sustancialmente de aquellos otros; se refuerza en una identidad propia insoslayable.
En Historias, Larbanois-Carrero recorren en una veintena de canciones, paisajes, oficios y situaciones. emparentadas todas con el hombre y la sociedad en la que vive.
«De un cantor y su guitarra», «Escobita de Arrayán», la consagrada «Milagro», «Coplas del fogón», «Cuando empieza a amanecer» o «Hasta la noche mayor» de Ruben Lena, «Martín Aranda» de Luis Ramón Igarzabal, o «El pastor perdido» de Juan Cunha entre otras, llevan, en el primer tramo de su recital, a adentrarse en un mundo rural, donde el paisaje y los oficios son elementos centrales de la temática.
Pero luego su planteo abre el abanico a otras motivaciones más universales. Allí se muestra Carrero como un valiosísimo hacedor de textos, respaldado por un virtuoso de la guitarra como lo es Larbanois, hoy sin dudas alcanzando su mayor madurez guitarrística.
Es en el último tramo de su recital donde mayoritariamente el dúo muestra sus nuevas joyitas cancioneras.
Allí aparecen temas como «Piñata», «Tin Tin», «La federala», «Pobrecita la muerte», «El nuevo orden mundial» o «Las guerras», sin olvidar la aplaudida «Santamarta». Esa visión globalizadora, de un orbe tan mecanizado y tecnológico, avasallador para las sociedades emergentes, también está presente en su nueva propuesta.
Todas estas nuevas canciones, Larbanois-Carrero las ejecuta sin más apoyatura instrumental que sus dos guitarras u ocasionalmente el guitarrón que toca Carrero en algunos de los temas. Hasta en esto mantiene esa cultura duodista, tan marcadamente uruguaya.
Una puesta en escena sobria conjuga un todo, donde en Historias, el dúo reitera un nivel artístico inmejorable, con una propuesta definida, atrapadora, socialmente humana y comprometida.
Definitivamente recomendable esta nueva presentación de Larbanois-Carrero en la sala Zitarrosa. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad