El ritual de la venganza
El filme Kill Bill Vol. 1 es el cuarto opus del maestro Quentin Tarantino. Una historia mayor que se proyectará este fin de semana para los cinéfilos y asimismo para todos aquellos que aún no pudieron paladear este filme espléndido y que comprueba, una vez, más la dotes de narrador y de autor cinematográfico de Tarantino.
Protagonizada por Uma Thurman como La novia es la historia de una venganza, el honor, la violencia como ritual, el amor como vecino de la muerte.
El filme es siempre intenso, por momentos subido a cumbres de acción, por instantes trabajando esa representación de lo que es la cultura pop sumado a la ritualística samurai. El personaje de Thurman se toma todo el metraje para desquitarse nada más que de la mitad de sus enemigos. El resto se verá en la segunda parte –cuando seguramente quedará cara a cara con Bill, caracterizado por David Carradine–, que se estrena el viernes 11 de junio. Lo cierto es que hay cosas que no pueden perdonarse de otra manera que con la muerte. Es que Uma Thurman, es decir La Novia, atacada brutalmente por Bill y sus secuaces. Y de ellos, uno por uno, sangrienta y lentamente, deberá cobrarse la revancha. Las escenas de acción son constantes. Kill Bill es mucho más que una película violenta. Tarantino inventa un mundo en el que el comportamiento de sus integrantes tiene sentido, se vuelve lógico. Sus pensamientos, sus códigos, sus modos de reaccionar frente a las situaciones de la vida. Para el director la violencia es la vida, o la vida es violencia. Desde la formidable banda sonora, hasta los ángulos y planos de cámara utilizados, la composición de los personajes, los diálogos –atrapantes y misteriosos, casi poéticos–, el modo de narrar la historia (por capítulos, alterando a veces los tiempos narrativos) y, fundamentalmente, gracias a la esencia mística que envuelve a cada escena, otorgando a las imágenes una atmósfera siempre tensa, donde no se elude el humor negro, el cine de Quentin Tarantino es una propuesta avasallante. Nunca pasará desapercibida una película dirigida por el realizador de Pulp Fiction.
Artista de la muerte, de la violencia como elementos disparadores de la humnaitat y sus falibilidades, sus personajes, llevan muerte y hostilidad en sus despliegues, pero también responden a principios sagrados, a una filosofía esencial.
No matan porque sí, aunque sí eligen matar como modo de resolver las cosas. Son códigos que se respetan, que defienden, aunque haya que llevarlos al extremo. Un poco de todo esto se trata el cine de Tarantino: muerte, violencia, códigos y principios privadísimos. Más allá de eso, sin duda, lo más importante es poder sentir, aunque sea de vez en cuando, la tensión asfixiante que irradia una imagen oscura, una bala que se dispara, un cuerpo rodando en un gesto de supervivencia. Basta mirar Kill Bill Vol. 1 para recordar de qué se trata. Y ya llega la segunda parte, pero vendrá bien revisar el primer tramo de esta historia narrada con esmero y virtuosismo. *
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