MARIA RITA CAMARGO, HIJA DE ELIS, UN BOOM DE LA MUSICA POPULAR BRASILEÑA

Una voz que tiende a perdurar

Dicen que en vivo es prácticamente un calco de su madre Elis Regina, quien murió a los 37 años en forma trágica: una voz ampliamente seductora y dotada de un carisma arrebatador que incluye desplazamientos por el escenario, como una gacela que serpentea casi de manera etérea. Y esa voz que parece unir la tierra y el cielo en sus texturas, en las contorsiones nobilísimas de su registro, en forma de atacar los textos con una convicción y una destreza irresistibles. María Rita Camargo, quien nació en 1979 y que se define como una intuitiva aunque escuchó música desde muy pequeña, en su disco María Rita recientemente editado por Warner Music en Uruguay (y bienvenido sea), literalmente ilumina.

Es como si la hija de Elis construyese voces entro de su voz: es explosiva y a la vez de una ternura impar. Es prácticamente como un coro, pero en plan solista. En rigor, lo que se hereda y se sabe aprovechar, como María Rita Camargo, otorga dividendo avasallantes. Y eso precisamente la brasileña: una forma de la belleza que avasalla a sus potenciales oyentes, a tal punto que ya puede designarse a su disco como uno de los mejores lanzamientos de 2004 en Uruguay.

«Desde que tengo 12 años de edad», ha dicho enfáticamente María Rita, «vengo escuchando todo el tema del parecido, incluidos ciertos gestos y giros. Mi padre siempre me lo decía. Yo viví muy poco con mi madre, tenía cuatro años cuando murió. No la copié, en todo caso es algo genético. En cuanto al timbre de voz, esa semejanza la veo como algo muy natural. También tengo muchas cosas de mi padre, pero como él está vivo las personas no prestan tanta atención. Tal vez porque la muerte de mi madre dejó un agujero tan grande, la gente me ve como un fantasma, como una sustitución. Pero no me gusta la idea de sustitución: es como si pensaran que yo vine a tomar el lugar de Elis. La historia de mi madre es mucho más larga y más intensa que la mía».

María Rita Camargo nació en la ciudad San Pablo. Pero en el Brasil de Ronaldo y Ayrton Senna, en el Brasil de Haroldo de Campos y Chico Buarque, en el Brasil de Planet Hemp y de Ana María César, en el Brasil de Cazuza y de Renato Russo, en Porto Alegre la adoptaron como propia. O sea como una auténtica gaúcha, acaso porque se trata de la hija de un mito como Elis Regina. Así que decirse, sin desmesuras, que ha nacido otra estrella a la que los brasileños celebran con esa devoción tan febril, tan calurosa y tan afectiva como lo pueden hacer con la generación de la Tropicalia y de la bossa.

María Rita formalizó todos sus estudios, en un espacio temporal de casi una década, en la Universidad de Columbia en Nueva York. Estudió sociología y ciencias de la comunicación pero a su retorno a Brasil, hace un par de años, decidió largarse a cantar y no se equivocó: el talento y la fineza se le vieron en el arranque acompañando al inmenso Milton Nascimento y los estudios, pues, simplemente le otorgaron una panorámica más rica de la lectura de la realidad. Con Milton compuso la finísima canción «Tristesse», y el resultado es que ambos obtuvieron el Grammy a la mejor canción popular brasileña de 2003.

María Rita Camargo ingresó para quedarse. No es una moda. Está tratando de volverse absolutamente personal -y ya lo es, más allá de todas las comparaciones con Elis- en el sentido de perdurar. De ser efectivamente una cantora -como la califican en Brasil- con todas las letras, las agallas y todo el arrojo estético que le pueda imponer a sus materiales cancionísticos. Su disco es claramente demostrativo de su ya inocultable belleza: una voz que doblega por cualquier flanco con un real espesor.

Es un deber para cualquier melómano escuchar María Rita, el disco, un festival de buen gusto. *

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