Prohibido para nostálgicos

El baile de los negros

La muchachada alborota esa esquina. Cuadernos y libros por todos lados. Bajan del ómnibus y como taponazo entran al liceo 14. En días lejanos por allí -también hubo gran agite. No para estudiar sin para castigarse con el tremendo bailongo que latía en esa esquina de Propios y la 8 de Octubre, como le decían.

Fue el Agrícola Italiano que fundando por laburantes del mercado conmovió las noches del viejo Montevideo por inicios del 40. Había ganado el apodo de «el baile de los negros no solo por su concurrencia con predominio de negros y pardos. También por lo caliente de su clima con cada negrita y varias mamas viejas que como el doctor candombero te daban taquicardia. Por ese querendón motivo es que era «baile de negros» pero se llenaba de blanquitos. Todos un solo cuore y minga de diferencias por el color de la piel. Por su coqueto escenario era figurita repetida Romeo Gavioli y su magnífica orquesta. Milongón y tantos para mover el esqueleto bien debute. En ese rincón de la Vieja Capital, justo a la entrada de la Villa Unión, la música fue imán fraterno. Los más requeridos eran los artistas que, como Gavioli, también vivían en ese entrañable barrio. Todos los sábados parecerían las orquestas de los «locatarios» Carusito, Francisco Jaurena y de José Mateo, autor del inolvidable candombe «Tamboriles». El Agrícola Italiano, tenidas bailables de abolengo barrial que aún brillan en la mejoría del viejo escribidor. Historias y personajes que forjaron al Montevideo popular.

Una cantina donde pedía cancha el clarete semillón. Las damas dándole a la gaseosa cortada con vermú y las más aguerridas iban pa’delante si las convidabas con el rosadito cabezón de grandotas jarras.

Si el ambiente se ponía medio «de cocoa» aparecían las recias figuras de los hermanos Ríos para calmar los ánimos. Eran dos boxeadores del barrio que hacían que los más compadritos achicaran quedándose en el molde. En ese baile hizo sus primeras armas musiqueras el amigazo Santiago Luz. Entre orquesta y orquesta subía al escenario y su hechizo ya cautivaba. Era muy jovencito pero con quilos de talento tocando solos de clarinete. Mágicas versiones de tangos y milongas. Una noche se pareció con dos compañeros.

Ante el asombro de todos, armaron la batería y pidieron prestado un contrabajo. Cuando empezó a tocar temas de su admirado maestro Benny Goodman, la gente se miraba curiosa y nada achapaba de qué se trataba eso. A los pocos minutos, lo cierto es que aquellos negros y los blanquitos, muy alegres, se pusieron a bailar ese enloquecido swing de Santiago. Entre el tango y candombe del bravo Agrícola Italiano, esa noche el jazz hizo sacudir a todos con su caliente ritmo.

Con más recuerdos y música los esperamos todos los sábados a las 19.00 horas en la 1410 AM LIBRE. *

Cordinación Angel Luis Grene

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