CARLOS FUENTES, FIGURA DE LUJO EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID, PRESENTO DOS NUEVOS LIBROS

"Sin arte la vida no sería tolerable"

Sus palabras siguen sonando contundentes a quienes realmente las quieran oír: «Sin arte, la vida no sería tolerable ni siquiera para los santos». El escritor mexicano, nacido en 1928 en Panamá, uno de los grandes del llamado boom latinoamericano, Premio Cervantes (1987) y Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1994), acaba de presentar en España sus nuevos materiales y es una de las figuras relevantes de la Feria del Libro de Madrid en la que estarán ptresentes, asimismo, el Premio Nobel José Saramago y Mario Benedetti, entre otros.

La larga serie de sus libros, que hace décadas empezaron a conciliar las dos Américas con Europa como La región más transparente o La muerte de Artemio y Terra Nostra, entre muchos, se completa con tres obras de muy distinta índole.

La colección de relatos Inquieta compañía, los escritos sobre arte titulados Viendo visiones, además de la crónica política dedicada a «la deplorable presidencia» del actual presidente estadounidense y llamada simplemente Contra Bush, se espera con expectativa para el mes de julio. Ya desde su última novela La silla del águila, ubicada en 2020, Carlos Fuentes se propuso volver a uno de los rincones más oscuros del pasado: recuperar al temible Empalador de Transilvania, Vlad Tepes, y situarlo en México DF, «con la oportunidad de chupar la sangre a 20 millones de personas». Lo ha hecho.

De Drácula empieza y con Drácula acaba el volumen Inquieta compañía. De hecho, la leyenda errante del conde inmortal, contada y reescrita innumerables veces, es la razón por la que Fuentes ha regresado al género fantástico, y el pretexto y culminación de los cinco relatos que preceden su visión del vampiro.

«El amante del teatro», «La gata de mi madre», «La buena compañía», «Calixta Brand» y «La bella durmiente» son la introducción de «Vlad», según el autor. «Vlad no quería estar solo» y los otros nacieron para despejar su atmósfera delirante. Todos narran encuentros particulares, presencias inquietantes y descubrimientos en el límite entre lo soñado y lo temido.

«Cerrad las ventanas y no confiéis en gente que no tiene espejos en su casa», ha bromeado el escritor y ha agregado ya en un tono serio: «Pero, sobre todo, no confiéis en los que no creen en milagros». Carlos Fuentes ve a los seis relatos como «una novela abierta, llena de subsuelos», donde seres sobrenaturales «están esperando su turno». Son, además, una exploración y un «exorcismo contra el miedo». «Soy autor, no autoridad, la autoridad corresponde al lector», ha comentado sobre la forma de esta obra. «Los cuentos son más ambiguos y participativos para quien lee».

Fuentes ha explicado también la génesis de su narrativa: «Me surge en el sueño. Uno escribe, porque sabe que el mundo no está acabado y queda algo por sumar, de modo que Fukuyama y los otros son unos charlatanes y la historia nunca ha terminado. Uno escribe para no rendirse ante la mudez».

Para concluir el encuentro, el autor de Inquieta compañía ha confesado su debilidad hacia las historias fantásticas que dan «un tantito de miedo» («nos gustan mucho los diminutivos, así que: un tantito'»).

Al parecer de Fuentes, La metamorfosis de Kafka tiene «el inicio más impactante de la literatura fantástica mundial: Al despertar Gregorio Samsa una mañana tras un sueño intranquilo, encontrose en su cama convertido en un monstruoso insecto».

Mientras el cuento de terror más intenso que haya oído, fue una frase que Juan Rulfo le dirigió durante un viaje aéreo sobre Yucatán, entre los crujidos amenazadores del avión destartalado. «Quién iba a decir que nos íbamos a morir estrellándonos en el cementerio del pueblo de San Pedro, donde están enterrados el Cacique de la Mano Negra con sus nueve hijos malvados».

En el Museo Reina Sofía se han celebrado dos ocasiones: 70 años de actividad ininterrumpida del Fondo de Cultura Económica, y su última publicación, Viendo visiones de Fuentes.El volumen es grande en todos los sentidos, como tamaño y como envergadura. Se trata de 500 páginas con 250 reproducciones de obras maestras, acompañadas con ensayos de Fuentes y dedicadas al empresario mexicano de origen asturiana Plácido Arango, consejero delegado de la cadena de restaurantes Vips y propietario de una de las colecciones privadas de arte más importantes en España. «Para mí siempre ha sido muy importante abolir el Atlántico», dijo en una ocasión Carlos Fuentes. En los diecinueve capítulos de Viendo visiones, la abolición de las distancias es total entre el Viejo y el Nuevo Mundo, lo instantáneo y lo sucesivo, la palabra y la imagen. «Es un paseo verbal por un mundo visual», ha explicado el autor, que en este trabajo intenta descodificar las dos fundamentales acciones de la pintura, «la expresión y la creación de realidades».

A la hora de escribir, Piero della Francesca y Diego Rodríguez de Silva Velázquez fueron sus «dos figuras tutelares» y su criterio en la selección de obras. Entre los artistas escogidos figuran Eduardo Chillida («el ojo planetario»), Francisco Zurbarán («el ojo casto»), Armando Morales («el ojo del sueño»), Brian Nissen («el ojo pornográfico»), Juan Soriano, Frida Kahlo y Antonio Saura. *

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