Prepara una segunda parte de El lado oscuro del corazón
En el estreno ayer en Madrid de su última película, Las aventuras de Dios –filmada en el Hotel Carrasco– Eliseo Subiela anunció que está preparando lo que llamó «una especie de segunda parte de El lado oscuro del corazón«, hasta ahora su película más taquillera, estrenada en 1992.
Subiela (Buenos Aires, 1944) adelantó que ya cuenta con el sí de los argentinos Darío Grandinetti y Sandra Ballesteros, los protagonistas de la primera parte, y que le gustaría completar el elenco con actores españoles, lo que es parte usual de los contratos de coproducción. «Cuando escribía pensaba en Joaquín Sabina, aunque no es actor. Me encantaría trabajar con él».
El director de Ultimas imágenes del naufragio (1989) y Hombre mirando al sudeste (1985) añadió que la película sería una coproducción con España y que la historia se iniciaría en Barcelona, ciudad en la que buscó refugio el gran amor de Oliverio (Grandinetti) en el final de la primera parte.
Por el momento, sin embargo, Subiela está inmerso en las tareas de promoción de su último filme, Las aventuras de Dios, que hoy se exhibió por primera vez en público, en el marco del ciclo «El cine iberoamericano del próximo milenio» que se está celebrando en Madrid y Santander.
Automatismo
Las aventuras de Dios, un thriller metafísico que Subiela definió como su cinta más poética, cuenta las peripecias de un hombre atrapado dentro de lo que parece ser un sueño en un hotel de lujo de los años 30 en plena decadencia. Junto a una de las huéspedes intenta descubrir quién está soñando ese sueño para conseguir la liberación.
«Evidentemente, el mensaje es que los hombres somos sueños de Dios. Esta película es como un sueño de ida y vuelta. Dentro del mundo soñado, la realidad se le aparece al personaje como un sueño. Como en casi todas mis películas, la influencia literaria más importante es (Jorge Luis) Borges», explicó. «En una primera versión, el personaje terminaba en el manicomio. Pero luego entendí que tenía derecho a soñar y que eso no significaba locura. La reivindicación del derecho a soñar es un tema recurrente en mis películas».
La cinta está protagonizada por el debutante Pasta Dioguardi, un actor proveniente del teatro callejero, y cuenta con breves colaboraciones de Lorenzo Quinteros, María Concepción César, Ana María Giunta, Mariana Arias y Lalo Mir.
Está rodada íntegramente en video digital en el Hotel Carrasco de Montevideo y el Palacio Sans Souci de Buenos Aires, con un presupuesto de 500 mil dólares. «No teníamos fondos para hacerla de otra manera. Como aparentemente no es comercial, no conseguimos productor. De todas maneras, el video digital es una tecnología muy valiosa, que reduce notablemente los costos. Creo que puede influir mucho en el lenguaje del cine. Se va a empezar a escribir exclusivamente para las cámaras digitales y eso puede significar una revolución».
Según relató Subiela, la película se originó a partir de un desafío técnico que se propuso. «Inicié una escritura automática como hacían los surrealistas. Cuando tuve unas veinte páginas más o menos, lo dejé, y retomé luego el proyecto para darle estructura. Intenté que surgiera de una conexión máxima con el subconsciente».
El filme tiene «homenajes» a Buñuel y Magritte.
El equipo técnico de este filme estuvo integrado por profesionales y por estudiantes de la escuela de cine que dirige Subiela, que formaron una especie de cooperativa.
«Me llamaba la atención que mis alumnos pudieran hacer largometrajes con 5.000 dólares y me propuse aprender de ellos».
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