¡Cosa de locos!

Los vecinos de Rosario (departamento de Colonia) todavía no salen de su asombro, y razón les asiste.

Primero celebraron alborozados que, en el marco de los 225 años de fundación de esa ciudad, la Junta Departamental resolviera concederles el galardón de ser «la ciudad del arte», en homenaje a la treintena de pinturas murales que en cada barrio cuentan lo más representativo de la historia lugareña en todas sus facetas.

La distinción no hacía más que reconocer el trabajo de años desplegado por artistas plásticos locales y de departamentos vecinos, único por sus características en todo el departamento.

Pero como el sabio refrán popular advierte: «lo bueno dura poco». Y en un abrir y cerrar de ojos (y de carpetas), el cuerpo deliberante coloniense «se arrepintió» de la decisión adoptada y, en nueva votación, resolvió retirarle a Rosario aquella denominación inicial.

«Parece cosa de locos», exclamó la población rosarina. Pero era verdad. A modo de argumento se les dijo que «era un nombre muy genérico y que otras localidades podían ofenderse». «Tuvieron mucho tiempo para pensarlo, antes de darnos ese regalo y después quitarlo», dijeron a LA REPUBLICA diversas fuentes consultadas.

Ahora, para que la burocracia siga intacta, se les propone un premio consuelo: buscar –sin apuro– «un nombre adecuado, de consenso entre los ediles y las fuerzas vivas rosarinas». Los vecinos agradecidos a quienes demostraron obrar con tanto entendimiento en cuestiones culturales.

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