ESTRENO DE MI NOVIA POLLY

Comedia ligera

Todo aquel que conscientemente se dedique a la crítica de cine tiene dos posibilidades con Mi novia Polly, el filme de John Hamburg (guionista de Zoolander): diseñar una suerte de bosquejo, nada complejo, mucho menos laberíntico, y que no lleve demasiado tiempo profesional  al fin y al cabo estamos refiriéndonos a una comedia ligera, de esas digestivas, tipo matiné con mucho pororó y atención media, puro pasatiempo  y arribaremos entonces a una historia como la que se expone formalmente en Mi novia Polly.

En definitiva una película, buena o mala, puede ser el disparador de ideas y en consecuencia una idea es siempre de, por sí, algo valioso con lo que se puede contar.

Reuben Feffer (Ben Stiller) trabaja como asesor analista de riesgos para una importante compañía aseguradora. En consonancia con su profesión, toda su vida es una trama estratégicamente diseñada para prevenirse de todo tipo de riesgos. Reuben aplica a su vida cotidiana lo que sabe hacer durante sus horas laborales: analizar el comportamiento de las personas para determinar qué grado de peligro implican sus acciones cotidianas, ya sea para ellos mismos o para los demás.

De este modo, Reuben evita una infinidad de actividades, que incluyen desde la aparentemente inocua de comer nueces en los bares  un porcentaje muy bajo de individuos se lavan las manos luego de ir al baño  hasta, por supuesto, todos los deportes de riesgo.

En efecto, Reuben cree hallarse preservado de todo. Si nada arriesga, nada pierde. Pero el objetivo de esta comedia será cumplir, y llevar al máximo extremo posible, la peor pesadilla del protagonista. Una estrategia, por cierto, ya practicada en La familia de mi novia.

Lo peor que puede pasarle a alguien como Reuben es ser abandonado durante la luna de miel por la mujer con la que pensaba pasar el resto de su vida. Lisa (Debra Messing) se siente abruptamente atraída por Claude, un exótico instructor de buceo que se pasea desnudo por las playas.

De pronto, el pequeño mundo de Reuben, fríamente calculado, se desmorona y pierde su rumbo. Lo segundo peor que puede sucederle a Reuben será conocer a Polly (Jennifer Aniston), una camarera tatuada, fanática de la comida étnica (Reuben sufre de irritación intestinal severa) y que rehuye de todo tipo de compromisos, en particular de aquellos que Reuben suele proyectar.

Con este esquema el filme avanza, rápidamente podemos agregar, hacia el esperado final: la posibilidad de conciliación entre personajes tan disímiles como Reuben y Polly y, por supuesto, la liberación del protagonista, ahora transformado en el alter ego del instructor de buceo.

De hecho, tal como era de sospechar ya desde un principio, Mi novia Polly no se priva de ninguno de los posibles la receta o las convenciones del género: así, la nueva pareja volverá incluso al lugar del crimen para agradecerle a Claude los servicios prestados mientras éste disfruta completamente desnudo de un baño de mar. El relato circular resuelve por segunda vez lo que la historia ya daba por resuelto apenas comenzado el filme.

Todo lo que Mi novia Polly debe a la historia del género de comedia, no es más que una deuda calculada para poder acceder a las salas cinematográficas. La apelación al humor de tono facilista y estridente es permanente, lo escatológico cobra una inusual importancia respecto del filme anterior del realizador (La familia de mi novia). Mientras en aquél lo escatológico era un recurso más sutil, aquí se torna explícito y roza lo inverosímil. Para ciertos realizadores, en número creciente, parece no bastar con que un personaje se defeque encima, siempre será mejor que sean dos. Partiendo de esta base, se concluirá que es una pérdida de tiempo tratar de comprender cómo este filme de Hamburg fue un éxito de taquilla, con más de 75 millones de dólares en sus primeras cuatro semanas en los Estados Unidos. Que quede librado a la discreción de cada lector asumir o no la tarea de descifrar el enigma. *

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