Peripecias familiares
La casa de un matrimonio conflictual (Patricia, por Susana Sellanes y Andrés, por Carlos Rodríguez) es invadida por la madre de ella (Ilda, interpretada por Elena Zuasti) que vivía hasta entonces en un geriátrico. Fuma en pipa, fastidia a todos, se maquilla, se esfuerza por merecer un amor y lo consigue (Pedro, Ruben García).
La llegada de la madre parece destinada a agravar la crisis; pero, cumpliendo un destino paradojal, como si fuera la contracara de «El huésped vacío», del mismo Ricardo Prieto, la suegra es aquí el huésped redentor. Ella se va al fin, pero regala al matrimonio un viaje a río y el yerno le retribuye con tabaco.
La obra no pasa de la anécdota. Ricardo Prieto abandona el camino fantástico de sus magos y de sus equipajes reducidos a un tambor y se dedica a la superficie de la vida tal cual es, como en «Amantes» o «Danubio azul»; el desarrollo, como en las obras mencionadas, es convencional y trasmite un sermón conocido. Todos deberíamos tener más alegría de vivir, aunque seamos cargosos como Ilda.
«Mamá se va de casa» no tiene un trazado de caracteres convincente, ni aún en la protagonista, que asume por decreto ser más grande que la vida; las pocas peripecias son previsibles y el diálogo es inerte. En la banda sonora el último tema (Alfredo Leirós) trae un viento de novedad; pero ya no importa si el desenlace puede o no sorprendernos.
MAMA SE VA DE CASA, de Ricardo Prieto, con Carlos Rodríguez, Susana Sellanes, Elena Zuasti, Charo Siciliano y Ruben García. Ambientación y vestuario de María Teresa Cruzado, música original de Alfredo Leirós, iluminación de Verónica Caissiols, dirección de Elena Zuasti. Estreno del 23 de abril, Teatro Alianza, sala 2. *
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