La venganza siempre será terrible
El largometraje no solamente se convirtió en objeto de culto solamente en los Estados Unidos. En todo el mundo la incursión de Quentin Tarantino en el universo samurai con Kill Bill Vol. I provocó un oleaje de adhesión masiva a nivel planetario, a excepción del maestro Takeshi Kitano quien odió el filme de su colega y ya rodó una verdadera historia de samuráis, según ha declarado a alguna revista cinematográfica.
Los trajes oscuros de los reservoir dogs quedaron atrás, dando lugar a otra paleta de colores y a una Uma Thurman acrobática e implacable en su sed de venganza. Todo un homenaje a un modus vivendi en Japón, Tarantino construyó una de esas obras donde confluye densidad narrativa, desarrollo a la perfección de los personajes en conflictos, cinefilia y otros guiños y sobre todo cine en su mayor exposición y esplendor.
A los 41 años, con apenas cinco largometrajes fundados como director (Reservoir dogs, Pulp fiction, Jackie Brown y los dos volúmenes de Kill Bill), Tarantino ha creado un mundo cinematográfico raro, casi único, en el que el humor y la violencia se mezclan sin piedad, y que ha dejado una impronta imborrable en los ojos de los millones de fans que tiene alrededor del mundo.
Y cuando habla del dueto Kill Bill no parece estar hablando de dos películas sino de «todo un universo creativo», como le gusta decir. Se trata de una historia larga, que lleva varios años en su mente, inspirada por su musa Uma Thurman.
Aquí, la actriz encarna al enigmático personaje de La Novia, una experta asesina que decide casarse y abrirse camino del escuadrón de la muerte que comanda el temido Bill (David Carradine) y del que forman parte las letales Víboras asesinas Vernita Green (Vivica A. Fox); O-Ren Ishii (Lucy Liu), Elle Driver (Daryl Hannah) y Budd (Michael Madsen). Decepcionado y con el corazón roto, Bill ordena a su equipo matarla. Eso creen que hacen, pero La Novia sobrevive y cuando despierta de un largo coma vuelve a las andadas para vengarse. En la primera entrega de Kill Bill vimos cómo en un impresionante despliegue de artes marciales La Novia se deshizo de Vernita Green y de O-Ren Ishii y su ejército de matones japoneses. Ahora viene por más sangre.
Quentin Tarantino es todo un personaje y toda una celebridad. Es un hombre que sabe de su talento y de su sensibilidad para capturar, sobre todo, la iconografía pop que barniza sus largometrajes. Cuando se refiere a la saga de Kill Bill señala que no pensó al proyecto en dos partes o «en términos de dos películas separadas, pero sí lo había pensado como dos mitades distintas. Si hubiera podido volverla una película de cuatro horas, habría puesto un intermedio en el punto de quiebre, que es donde termina una película y empieza la otra. Y es por eso que me parece que ambas son orgánicas y que funcionan. El cambio de tono que sucede entre ambas siempre fue parte del proceso».
Haber trabajado con una leyenda como Gordon Liu para alguien como Tarantino supuso un desafío y una experiencia asombrosa: «Desde chico era un héroe mío en sus películas de kung-fu. Se sentía tan bien estar parado junto a él. Y lo bueno de tenerlo en la película, al igual que me ocurrió con el japonés Sonny Chiba, es que son muy diferentes de los actores estadounidenses que por más que sean muy importantes yo podría terminar trabajando con ellos».
Y agrega, contundente: «Liu y Chiba, en cambio, son para mí como estrellas verdaderas, distantes, gente con la que no me voy a cruzar en una calle de Los Angeles o en una fiesta; sólo existen para mí en la pantalla.
Me habían sugerido que yo mismo hiciera de Pai Mei, y hasta me entrené y todo para ello. Pero la dirección se hizo tan intensa que no podía con la idea de actuar también, y como tenía a Gordon Liu allí, al final lo puse a él y está perfecto».
Por otra parte, el realizador de Pulp fiction, que tal vez pueda llegar a construir una película que relate la historia previa al conflicto desatado en Kill Bill, dijo: «Es posible que alguna vez la haga. Es que aprendí toda la mitología de las Víboras asesinas, de Bill y todo el mundo en el que viven. Y creo que si vas a hacer este tipo de películas épicas debes crear toda una mitología asociada a la historia, debes saber todo lo que le sirve de contexto; no significa que deba contártelo todo en la película, pero debo hacerte sentir que sé todo lo que no se muestra de estos personajes». La música quién puede dudarlo a esta altura ha sido un elemento vertebral en la obra de Quentin Tarantino. Pero más aún en Kill Bill Vol. I y en su inminente continuación a estrenarse, al punto tal que se convirtió en un personaje de esta trama de venganza, honor y muertes: «Esa es una de mis partes favoritas cuando estoy trabajando en una película. Mientras escribo estoy siempre escuchando mis discos viejos, buscando canciones. Con esta película me sumergí en las bandas de sonido de otras películas y terminé escribiendo escenas para canciones específicas. Y también las usé mientras filmaba; les ponía la música a los actores y a los camarógrafos para que se dieran una idea de cómo quería que quedase. Fue muy divertido».
Tarantino acepta que en determinados estilos de filmes hay componentes sádicos: «Lo que sucede es que las películas de samuráis, las de kung-fu y definitivamente los spaghetti-westerns son sádicas. En cualquier spaghetti-western el héroe es capturado y golpeado casi hasta la muerte y luego regresa para vengarse. En mi caso mi protagonista es una mujer, así que eso es lo que le tiene que suceder».
Después de haber rodado la saga de Kill Bill, Quentin Tarantino no descansó y se puso a rodar Inglorious bastards, un largometraje de trazo épico en torno a la Segunda Guerra Mundial: «Será una mirada épica de la batalla sociológica de esa época. Habrá mucho de racismo y del barbarismo de ambos lados, tanto el nazi como el estadounidense, con soldados negros, judíos y los franceses, porque todo tiene lugar en Francia. Será básicamente después del Día D, pero habrá algunas secuencias anteriores». *
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