CARLOS SAURA Y SU NUEVO FILME "EL SEPTIMO DIA" SOBRE LA MATANZA DE PUERTO HURRACO

"El ser humano mata para defender su jardín"

Protagonizada, entre otros, por Victoria Abril, Juan Diego y José Luis Gómez, la historia indaga en el interior del ser humano, su inclinación antropológica hacia el mal y su obsesión por la territorialidad. El director de Deprisa, deprisa ha hablado sobre los pormenores del rodaje, sobre la construcción de los personajes y sobre su relación con el escritor Ray Loriga, guionista de la película, con el que ha fundido su talento.

Dice el maestro español: «He trabajado mucho con la violencia y la muerte, y siempre desde el respeto. La muerte es algo muy serio como para hacer de ella una banalidad».

Eternamente enfangado en mil y una historias, fue a caer en sus manos el guión escrito por Ray Loriga sobre la matanza de Puerto Hurraco (Extremadura) acontecida en 1990 y le bastó leerlo para llevarlo a la pantalla se impusiera.

 Lo cierto es que estaba todo ahí dentro. Ciertas metáforas venían a resumir muchos conceptos que siempre me han interesado, las pasiones en juego tenían una resonancia, aunque lejana, de la Guerra Civil, de las Españas enfrentadas, de tópicos que me parecieron muy pertinentes para hablar, una vez más, sobre la muerte. Me planteé la película como un ejercicio sobre la violencia.

Todo encajaba: pasiones, venganzas, la violencia, la muerte: el Carlos Saura más realista quedaba resumido en la crónica de tres décadas de odios y rencores que alimentaron a las familias Izquierdo/Cabanillas, dando lugar a uno de los crímenes múltiples más espeluznantes de España.

 Excepto en dos ocasiones, ha intervenido en todos los guiones que ha dirigido. ¿Ha sido muy escrupuloso con el de Ray Loriga?

 Acepté la invitación con la condición de que pudiera tener las manos libres para crear a partir de lo escrito. Yo invento sobre la marcha, y necesito esa libertad para trabajar. Lo primero que hice fue sustituir los nombres y situar la historia en otro lugar, porque no quería rodar una suerte de documental sobre los crímenes de Puerto Hurraco. Me inspiré en ellos y los sucesos que relato son exactamente los mismos, pero los personajes y el paisaje que les rodea son otros.

 Parte del contenido atmosférico que aporta a la historia, ¿responde a una preocupación estética?

 Nunca me he esforzado por hacer una película hermosa, soy fotógrafo y no me preocupa. Quería que el paisaje tuviera una importancia fundamental, que estuviera injertado en los personajes y en los objetos que manejan. Eso es muy importante en el cine. Sugerir y mostrar su entorno, su relación con los objetos que les rodean.

 ¿Las razones de los personajes dónde habría que buscarlas?

 La causa original, como siempre, parece que fue una lucha de tierras. Esa fue también la decisión judicial. En la pugna territorial empiezan todos los males y todas las guerras, es como algo animalesco en el hombre. Y el ser humano no consigue librarse de esa herencia antropológica, sigue matando en defensa de su espacio y su jardín, de su patria, de su religión, de su amor, en defensa de conceptos.

Da la sensación, sin embargo, de que la película apunta como causa primaria una ruptura sentimental entre dos miembros de las familias Fuentes (Izquierdo) y Jiménez (Cabanillas). Contada desde el punto de vista de la adolescente Isabel Jiménez, una víctima colateral que trata de averiguar el verdadero origen del enfrentamiento de sus familias, descubre que todo se debe a un antiguo amor no correspondido. El de Luciana Izquierdo (Victoria Abril), quien aferrada a su traje de boda inmaculado exige venganza a sus hermanos. Un navajazo a la caída del sol y una víctima de los Jiménez, un incendio y un cadáver de los Fuentes, y el odio que se arrastra durante treinta años hasta que se precipita a un vacío de nueve víctimas inocentes.

 ¿Sería el amor la génesis del odio?

 Es algo que también estaba apuntado, existió una historia de desamor entre ambas familias que pudo estar en el origen. Está planteada la historia de Angela, en el filme Luciana, que se enamora de un chico de la otra familia, éste la abandona y ahí comienzan la cadena de vendettas.

 ¿Cree que la familia Jiménez, (formada por Juan Diego, Victoria Abril, José Luis Gómez y Eulalia Ramón), representan el mal?

 Son una especie de bárbaros, anclados en una época primitiva. Desde que la madre de los cuatro hermanos murió en un incendio provocado, que nunca se aclaró, responden a comportamientos incivilizados y paranoides, borrachos de sangre y venganza. Resuelven las cosas a su manera, fuera de la ley.

 ¿Pertenecen a la España profunda?

 O no tan profunda, hay que tener cuidado con la terminología que se maneja porque hay mucha gente así en España, mucha más de la que imaginamos, y además está muy olvidada. No sé si representan el mal, aunque sí una forma muy peligrosa de vivir.

 Es una familia que oye ruidos en su cabeza, ¿hasta qué punto responde a la verdad?

 Me gustaba la idea de que esta familia estaba cercana a un tipo de enfermedad, una epilepsia o algo así. En los textos que manejaba Ray Loriga se hacía mención a que oían unos ruidos en su cabeza y que se contagiaban de unos a otros, de ahí esa escena en la casa, que quizá parezca forzada, pero que me pareció muy pertinente. Tal como yo he visto a esta familia en la película, son unos hermanos que tienen una relación muy extraña, puede que hasta sean amantes entre ellos.

 A usted le entristece que su cine sea más apreciado fuera de España que en su propio país.

 No es algo que pasa por mi cabeza. Yo siempre hago la película que quiero, porque hago las películas para mí, aunque quizá es algo que no debería decir. Es cierto que esta historia, a pesar de su carácter universal, habla en primera instancia de nuestro país, es casi como una metáfora de la Guerra Civil. Sólo trato de ser sensato y organizar mis ideas, porque lo cierto es que hasta que no termino la película no sé realmente qué es lo que estoy contando.

 ¿Qué opina de el tratamiento que da el cine actual a la violencia?

 Debo decir que no me gusta cómo se relata no ya la violencia, sino la misma muerte, en el cine. Hay un exceso de sangre y de tortura que no conduce a ninguna parte. Estamos tan acostumbrados a verlo en la televisión que ya casi no nos afecta. Me molesta profundamente el tratamiento de la violencia gratuita, cómo vemos la muerte de niños como si nada… la cámara lenta que inventó Peckinpah a él le pudo ir muy bien, pero a mí me molesta mucho, porque ya se ha convertido en una práctica completamente inmoral, casi maléfica. Al menos que haya una tragicomedia por encima que le dé vuelo a la narración, la violencia debe tratarse con seriedad.

 ¿Cómo se planteó el rodaje de la matanza?

 Como siempre, me he reservado el final para la última parte del rodaje. La violencia en mi película está justificada, no le queda más remedio que ser brutal. Si me hubieran preguntado al principio del rodaje cómo iba a rodar la matanza, seguramente lo hubiera hecho de otro modo.

Era la parte que más me preocupaba. La ruedo al final porque lo hago en función de cómo se ha ido desarrollando el resto de la película. *

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