Montevideo recibe a los jóvenes del Interior del país
En los últimos diez años Montevideo ha recibido a unos cuarenta mil jóvenes del interior del país. El número, de por sí significativo, cobra su real dimensión cuando nos acercamos a cada uno de estos jóvenes. No se trata solamente de individuos que abandonan lo que podría ser un proyecto de vida en su lugar de origen -que de por sí es más que destacable y preocupante-; se trata además de familias que se parten en dos, se trata de una concepción de país, de una forma de concebir e interpretar las relaciones entre las personas y, por sobre todas las cosas, se trata de una forma de concebir la sociedad en que vivimos.
Como todos los años, estos muchachos y muchachas vienen cargados de ilusiones, expectativas y esperanzas, pero también con miedos e incertidumbres que marcarán en muchos casos su postura ante las nuevas situaciones a las que se enfrenten: incidirán tal vez en su escolaridad, lo que se constituye en una desventaja y hasta para alguno en situaciones de discriminación real por la que deberán atravesar.
No todo debe ser, por lo tanto, tan aparentemente pesimista. Tan epocalmente conflictivo. Todos los jóvenes que arriban a Montevideo tienen su circuito de adaptación a la metrópolis, a esa gran ciudad a la que llegaron para desarrollarse como individuos potencialmente creativos y como generadores de un lenguaje propio, de una acústica particular que modifica códigos de convivencia, modos del habla y del lenguaje y del propio roce humano en el entorno cada vez más áspero de la cotidianidad capitalina. Lo cierto es que son jóvenes work in progress y, en ocasiones, no son atendidos como corresponde ni poseen el flanco recreativo que se merecen dado el esfuerzo que hacen todos los días del año en la búsqueda de ser mejores dentro de un corpus social que se pretende entonces cualitativamente mejor.
El proyecto de Tocó venir es un intento de aproximación de los jóvenes uruguayos, los de Montevideo con los del Interior y los del Interior entre sí, como para que haya una idea de consenso y a la vez de posible intercambio de ideas a partir de las realización de fogones y de actividades recreativas.
Obviamente la propuesta de Tocó venir, los problemas enumerados arriba, ya se sabe que las pertenencias afectivas son irremplazables y que ese abismo no se colma fácilmente, pero está presente y palpable la intencionalidad concreta de intuir cómo se sienten y, de esa forma, otorgar entonces una mano en lo que sea posible y necesario. Montevideo no es la misma, ya no podrá serlo desde que estos jóvenes la habitan, modifican y construyen conjuntamente con los montevideanos. Hemos incorporado algunos de sus hábitos y hasta algunos modismos expresivos.
Los propios propulsores de Tocó venir han señalado: «También nos ha tocado compartir alegrías y bajones, nos hemos encontrado juntos gritando por Uruguay o jugando algún truco en alguna hora libre del liceo o la facultad, jugando un picado en algún campito (de los que quedan, pocos) o compartiendo el primer cumpleaños de quince estrenando saco y corbata. En definitiva somos muchos los que podemos contar en nuestras anécdotas la participación de amigos del interior del país».
Y por lo tanto, concluyen manifestando: «Es por eso que queremos recibirlos de la mejor forma que podemos hacerlo, sabedores de que sus problemas no se resuelven en una sola jornada, pero esperanzados en contribuir a un tipo de integración más cálida y humana». Este año, y en el marco de los 75 años de celebración de la FEUU, en Tocó venir se desplegarán juegos cooperativos, campeonatos de truco, recreación y mucha información, con la intención de conocer un poco más a quien participa en la movida.
Desde luego que esta movida tendrá un esperado flanco artístico, más concretamente musical.
Como en otras ediciones de Tocó venir, la selección de propuestas musicales están marcadas por la pluralidad y por la variedad de géneros musicales a los que se ha acudido para promover un agite final que se iniciará a partir de las 19 horas.
En ese contexto, actuará la muy aplaudida murga joven Japilong, el proyecto salsero de Los Fatales, la ascendente murga-canción de Tabaré Cardozo, los panqueques de Graffolitas, el inmenso compositor, casi una leyenda que viene a ser Gastón Ciarlo (Dino) y el rocanrol intensísimo y rasante de los Trosky Vengarán como cierre de una extensa velada colectivizadora. *
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