PABELLON, DE ALVARO DELL'ACQUA, POR EL TEATRO CIRCULAR

Los sueños de la razón

El médico encargado de la sala números seis de un manicomio, Ragin, comienza a acercarse espiritualmente a uno de los locos, al fin, por un proceso gradual, es recluido en la misma sala número seis.

No se sabe claramente si el doctor ha perdido la razón o si la ha adquirido; no es claro si por lo menos uno de los reclusos no es normal; las fronteras entre lo normal y lo anormal de nuestra psiquis son discutidas.

En esta pieza de Alvaro Dell’Acqua la identidad entre alineados, enfermeros (Gustavo Bianchi y Marcelo Rocca) y psiquiatras (Xabier Lasarte) nos es inmediata y rudamente suministrada; incluso dos vigilantes están mucho más alineados y son mucho más peligrosos que los dementes, pero esta identidad parece un tanto decretada. El autor parece muy distante del mundo de la enfermedad mental, y no es convincente en la elaboración de los diálogos de los locos. Desde luego, dicen disparates, algunos de ellos muy divertidos, cada tanto enjuician a la sociedad, no sin verdades en sus labios, fantasean, pero son demasiado fantásticos y la locura se construye en «Pabellón» como una hiperlógica, como el monstruo producido por el sueño de la razón, llevando demasiado lejos sensatos proyectos, como en el patético episodio del poeta perseguido, donde Dell’Acqua vacila, no sin fundamento, en decretar su enajenación.

El autor logra buenos efectos, como cuando el Padre (William Selzer) y la Madre (Bertha Moreno) aprecian las extravagancias del hijo al tiempo que revelan su demencia; también acierta en los diálogos, cuando enjuicia a la sociedad a través de los locos y roza el gran interrogante, que torturó a David Cooper y que se realizó en la Unión Soviética, de si la psiquiatría y los manicomios son artefactos represivos encargados, como las cachiporras de la policía, de encarrilar la disidencia en las trochas sociales vigentes. La escritura se destaca por su vigor, frescura, fuerza y naturalidad: los diálogos son absurdos pero verosímiles, los personajes esquemáticos pero de peso y felizmente Dell’Acqua tiene tanto para decir que no pierde tiempo en los usuales saludos, relinchos, preguntas y contrapreguntas que obstruyen las tramas de los teleteatros.

La obra tiene un tono sostenido y uniforme; no podríamos decir aún que el autor ha alcanzado un estilo. Una vez que se comprende a dónde va la obra, aunque siempre hay chispazos en el diálogo, las situaciones parecen repetirse y el espectador sabe demasiado pronto que no habrá nada nuevo. Las muertes que clausuran los distintos episodios, curiosamente, no parecen siniestras, porque son actos irresponsables aunque dan una unidad al conjunto, parecen interferir y no culminar el curso natural de la acción y llegar a la escena desde fuera de la obra. La dirección de Juan Graña es muy efectiva y logra una plena y animada utilización de la sala 2 del Teatro Circular y, lo que es mejor, un muy buen rendimiento de los intérpretes, que con arte, oficio y aun con ángel trasmiten el sabor agridulce que el autor se propuso dejar en nuestros labios. *

PABELLON, de Alvaro Dell’Acqua, por el Teatro Circular, con Damián Olivera, Diego Arbelo, Roberto Moré, Laura de los Santos, Carina Biasco, Marcelo Rocca, Gustavo Bianchi, Bertha Moreno, William Selzer, Xabier Lasarte y Analía Fernández. Escenografía de Beatriz Artega, iluminación de Pablo Caballero, música de Fernando Ulivi, vestuario y maquillaje de Verónica Lagomarsino, dirección de Juan Graña. Estreno del 17 de abril, Teatro Circular, sala 1.

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