Entre el glamour y la elegancia
Cálido y puntilloso, registrado con extrema elegancia y sentido musical, el nuevo y segundo disco de Norah Jones denominado Feels like home se eleva por cualquier forma de presión que haya ejercido la industria musical y a la vez el impacto de su placa antecesora. Es una celebridad esta bella hija del legendario Ravi Shankar y, por cierto, una cantante de envergadura: sinuosa, delicada, con una finísima sensibilidad que le permite construir climas torrenciales, a veces económicos, pero siempre devastadores para los potenciales oyentes.
Los 18 millones de venta y ocho premios Grammy de su ópera prima (Come away with me, 2002) le han promovido una pista ascendente a la cantante y, desde luego, una confianza ciega en sus formidables potencialidades expresivas: trabajando variaciones de un jazz vocal que se repliega en las tradiciones, la Jones logra convicción, personalidad y un lenguaje personalísimo y que, en este caso, hasta logra convocar a la blonda Dolly Parton para un dúo espectacular en la canción «Creepin´ in».
La fortaleza de su música se posiciona claramente en sus dotes interpretativas: voz que arrulla y, por otra parte dedos abarcando el teclado del piano que saben traducir notablemente sus intencionalidades. No es esencialmente vigor jazzístico lo que Norah pretende imponer como su sello, pues su preferencia por la estética y las variaciones estilísticas del folk y el country son más que palpables, y en este disco aun más que en el anterior.
En esa direccionalidad transita, entonces, su opción: la elección de los covers (canciones de los enormes Tom Waits y Townes Van Zandt), y también la ternura que en estas canciones aportan las incursiones de las cuerdas y del órgano. De este modo, se expande luminosamente una textura de banda convencida de sus asuntos, aunque no son las estructuras arreglísticas las que puedan llegar a eclipsar a la Jones. Su opción como intérprete es la discrecionalidad en su mayor exposición. Es esa aparente timidez lo que ha hechizado a los millones de fans de Norah Jones en todo el mundo, y actualmente parece un porte, una manera de andar que puede ser generosamente valioso en épocas estridente, despreciativas y de un gran narcisismo musical. El talento ya comprobado de Norah Jones no llega a fundar una obra mayor o superlativa, pero qué bueno es escucharla. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad