Escultura prehispánica mexicana en Proa
Es la primera vez que en América Latina se presenta un núcleo de piezas arqueológicas mexicanas pertenecientes a un lejano período, el situado entre el 1200 a.C. hasta el 900 d.C., síntesis de una colección de obras en piedra y cerámica del arte prehispánico del estado de Veracruz. Declarada de «interés cultural» por la presidencia argentina, la muestra incluye, como pieza fundamental, la Cabeza Colosal de la cultura Olmeca, señalado como un hecho histórico en el país azteca pues nunca había viajado al exterior.
Los hallazgos iniciales de 18 cabezas colosales, esculpidas en piedra basáltica, ocurrieron a lo largo del siglo XX. Fue un hallazgo fortuito en el estado de Veracruz, en el centro de México, en la costa del golfo, donde la cultura olmeca fructificó en la selva. Las investigaciones posteriores teorizaron acerca de la posibilidad de que estas cabezas fueran representaciones de importantes personajes, quizá referidos a un pasado mítico. Todas las cabezas están mutiladas y pertenecen al período preclásico, desarrollado a partir del 1500 a.C. en la cultura mesoamericana que se extendió hasta la invasión española en el siglo XVI y de la cual la cultura olmeca (1200 a.C. a 200 d.C) es uno de sus componentes significativos con influencia en las posteriores maya, teotihuacana, zapoteca y azteca.
La cabeza colosal que integra la exposición fue encontrada en 1982 (la primera de la serie se encontró en 1862) de manera casual por un campesino cerca de Veracruz y hasta la fecha se conocen otras 17 cabezas procedentes de distintos lugares pero que tienen un estilo común e identificable. Los estudiosos, con el método del radiocarbono, pudieron datar esos materiales arqueológicos como pertenecientes al primer milenio antes de la era cristiana. La densa selva tropical original dejó paso a la moderna explotación petrolera y a la industria agrícola y ganadera. La talla en las piezas de piedra (basalto, andesita) se hacía con instrumentos también líticos pues se desconocía el metal.
La cultura olmeca es una de las más misteriosas del pasado mexicano. Los arqueólogos han trabajado intensamente tratando de reconstruir el horizonte cronológico posible. Las cabezas monumentales son retratos de gruesos labios, nariz ancha y ojos saltones. Tallar monolitos de estas características, por sus calidades y proporciones (una altura cercana a los tres metros), denuncia la existencia de técnicas muy avanzadas y una capacidad de alto poder expresivo. Lo curioso, y es el rasgo que agrupa las diferentes piezas de la muestra, es la sonrisa. La Gran Cabeza Olmeca (difundida urbe et orbi a través de reproducciones) es la única de la serie que sonríe, junto a figurillas o caritas sonrientes modeladas en cerámica, al igual que los juguetes zoomorfos.
La magia de la risa y el juego en el arte prehispánico de Veracruz, México, es el nombre de la exposición. Proviene del libro Magia de la risa de Octavio Paz. El famoso escritor y poeta mexicano escribió: «La relación entre la risa y el sacrificio es tan antigua como el rito mismo. La violencia sangrante de bacanales y saturnales se acompañaba casi siempre de gritos y grandes risotadas. La risa sacude al universo, lo pone fuera de sí, revela sus entrañas. La risa terrible es manifestación divina (…) La risa es una suspensión, y en ocasiones, una pérdida de juicio (…) La risa devuelve el universo a su indiferencia y extrañeza originales: si alguna significación tiene, es divina y no humana. Por la risa el mundo vuelve a ser un lugar de juego, un recinto sagrado, y no de trabajo. El nihilismo de la risa sirve a los dioses (…) Olmecas, totonacas (…): nombres. Los nombres van y vienen, aparecen y desaparecen. Quedan las obras. Entre los escombros de los templos demolidos por la chichimeca o por el español, sobre el montón de libros y de hipótesis, la cabecita ríe. Su risa es contagiosa».
La exposición en la Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza y Caminito, en pleno barrio boquense, permanecerá abierta de martes a domingo de 12.00 a 19.00 horas hasta el 20 de junio, con entrada general de tres pesos y uno para jubilados. Para quienes crucen el charco, es una visita inevitable por ser un acontecimiento extraordinario. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad