Chau Walter
Murió en el lugar en que alguna me confesó quería hacerlo. Murió el sábado actuando en Maldonado, esa ciudad que lo había adoptado como un estupendo generador de eventos culturales especialmente vinculados al teatro, pero asimismo a la plástica y a la música. Walter Di Leva fue un amigo personal. Y un individuo generoso en toda esa franja a la que denominamos condición humana. Un gran compañero y un individuo apasionado que podía estirar las horas conversando sobre la obra de Florencio Sánchez, de Ibsen o de William Shakespeare con un fluir discursivo si se quiere torrencial y de un tono siempre entrañable y caluroso y hasta a veces sanamente didáctico. No le gustaba la confrontación, Era un hombre de conciliaciones y también un ser solidario. Por eso se granjeó numerosas amistades, entre las que tuve el honor y el privilegio de contarme.
Fue un hombre de punta en los tiempos de los radioteatros y marcó su huella. Pero las tablas fueron, principalmente, su stage, su spotlight, su pulso y su franja de emociones. Peleó un lugar en Buenos Aires y lo logró y en los veranos trabajó durísimamente para que Punta del Este tuviese un atajo cultural y artístico en aquellos tiempos en los que la banalidad lo era todo.
Di Leva fue un gran tipo y un mejor amigo y entristece, sí señor, su repentina muerte. *
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