El arte cinematográfico como lección reflexiva
Presentará su nuevo opus denominado «Suplemento» y, como miembro de alto rango de la productora Tor Films, hará anuncios importantes que seguramente beneficiarán a la cultura audiovisual uruguaya. El recorrido cinematográfico de alguien como el cineasta polaco Krzysztof Zanussi (1939, Varsovia) posee, evidentemente, la calidad del orfebre. Es más que un artesano, desde luego, y acaso nunca sería desmesurado hablar de maestro al igual que otros polacos como Andrezj Wajda y especialmente Krzysztof Kieslowski. Se trata de un individuo tan puntilloso y refinado en los temas que ha venido desarrollando en su inquietante y honda obra, que ya puede calificárselo como uno de los mayores creadores o autores -sería más apropiado- de la historia del cine.
Lo cierto es que todos los temas que ha planteado tanto en largometrajes como la excelentísima Iluminación o incluso en Camouflage y Espiral, propone por una parte a un gestor cultural vinculado al arte audiovisual comprometido con los temas de su propia comarca que, por su estética, por el fluir y andar de sus personajes devienen universales.
Zanussi es un iluminado. Un hombre que ha tenido el don extraordinario de construir imágenes perdurables y, en consecuencia, el establecimiento de una territorialidad poética deslumbrante y sobrecogedora. Una poética que insistentemente ha dejado al descubierto los flancos frágiles de la condición humana sin restarle belleza a ese universo de criaturas inocultablemente zanussianas.
Antes de Suplemento, el filme que llega para presentar hoy en Sala 18 a las 20.15 horas, Krzysztof Zanussi había fundado La vida como una enfermedad sexualmente transmisible exhibida en uno de los festivales cinematográficos de Cinemateca Uruguaya y más tarde en la retrospectiva que se le practicó al notable cineasta polaco.
En dicho largometraje, en el cual existía claramente un cuestionamiento, una posición crítica a los nuevos despliegues de la sociedad polaca contemporánea, después de la dura experiencia del socialismo real, las variadas criaturas de la historia poseían sus evidentes conflictos y el corpus social también por obvia proyección. No se trató de un largometraje naive y, por supuesto, convocaba a meditaciones profundas sobre el ser y estar, el cómo hacerlo y el cómo vivir dentro de una visible lógica de cambio a la que había que adaptarse con elementos críticos.
Zanussi, en plan filosofal, atravesó la piel de esos jóvenes -sus protagonistas- si se quiere acelerados y en el cual el flujo informativo era aun más veloz. Esto es, acomodarse a los signos de época y todo lo que ello conlleva dentro de la institucionalidad democrática. Todo cambia, sí. Pero no hay que cambiar por cambiar, nomás, especialmente si se estaba asistiendo a inestabilidades varias dentro de una sociedad balanceándose entre lo viejo y lo nuevo.
Es formidable la manera en que Zanussi, en su madurez, reprocesa estética y estilísticamente sus inflexiones críticas a la idea de consumismo desenfrenado y, por supuesto, el llamado a una necesaria solidaridad entre los pares y el acercamiento palpable a la noción de catolicismo, algo muy presente en su obra.
Ahora Suplemento propone una suerte de indagación de sus temas más cercanos. El poeta de Iluminación indica la senda desde un relato personalísimo con personajes veteados de un humanismo que llega a conmover. *
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