La actualidad de "un marido ideal"
En un medio que suele quejarse de la escasez de espectadores, pero que es muy acrítico en sus producciones, este triunfo póstumo de Wilde a más de cien años del estreno replantea el cómo y el por qué del éxito de público. Para indagar en el punto entrevistamos a la directora Imilce Viñas y al actor Pepe Vázquez (Lord Caversham, en la obra).
–¿Qué se siente cuando el espectáculo en que uno actúa o dirige dura seis meses en cartel y es visto por cinco mil espectadores?
Viñas. –Una gran alegría, por haber cumplido todo lo que el equipo se propuso. A veces asociamos éxito con chabacanería o facilidad, y en algunos casos es así; pero siempre quise que el público se llevara alguna reflexión cuando sale del teatro.
(A Pepe Vázquez) –Habiendo representado a Oscar Wilde en La última noche de Sebastián Melmoth y conocido su obra, ¿cuál es tu opinión sobre el autor como persona?
Vázquez. –Creo que Oscar Wilde se salió desaforadamente del rebaño y le pasaron la factura. Jugó a meterse en la boca del lobo, sabiendo mejor que nadie lo que podía pasar. Cuando hice La última noche de Sebastián Melmoth fue para hablar a favor del respeto y de la libertad y contra la intolerancia. Si a Oscar Wilde lo enloqueció la belleza de su amante, Lord Alfred Douglas, no somos quiénes para juzgarlo. Al respecto recuerdo algo que ocurrió cuando dimos la obra en la biblioteca municipal del barrio Peñarol. Cuando yo dije al final que no me arrepentía de nada, un hombre viejo, humilde y de evidente extracción obrera, aprobó diciendo: «Â¡Clavao!».
–¿Estás de acuerdo con lo que dice Oscar Wilde en El crítico como artista que la crítica requiere mucho más trabajo que la creación y que es mucho más difícil ser crítico que ser artista?
Vázquez. –Es verdad lo que dice Wilde, sin perjuicio de que los trabajos del artista y del crítico no son del todo comparables. Octavio Paz y T. S. Eliot hicieron crítica; estaría bien que quien escribe crítica de teatro redactara como Octavio Paz o llegara a las profundidades a que llega Eliot cuando escribe sobre poesía, y no es así. Los actores no tenemos recursos para ir a ver los festivales; no se nos invita ni cuando los festivales se hacen en nuestro país; vienen elencos extranjeros y no hay funciones especiales para actores; no hay becas de estudio para ver teatro, que enseña y educa a un intérprete. Esto no es forzoso, porque, por ejemplo, en el festival internacional de teatro de Costa Rica, cuando se invita a un grupo se incluye una función honoraria, en horas tempranas de la tarde, para la colectividad teatral (actores, estudiantes, directores, escenógrafos, etcétera).
–¿Estás de acuerdo con lo que dice Oscar Wilde en El alma del hombre bajo el socialismo de que «miseria y pobreza son tan degradantes… que ninguna clase es consciente de su propio sufrimiento…» y que «los agitadores son un conjunto de entremetidos que van a una clase social perfectamente contenta y siembran en ella las semillas del descontento. Por esa razón los agitadores son absolutamente necesarios».
Vázquez. –Estoy de acuerdo con esas dos reflexiones: las enmendaría, copiando a Brecht en su versión de La madre de Gorki, y diría que los agitadores son inevitables.
Viñas. –Estoy bastante de acuerdo, pero yo lo pasaría por el tamiz de los sucesos del siglo XX con la realidad de los regímenes socialistas. La agitación es necesaria para que se tome conciencia de lo que pasa en el mundo: pobreza, corrupción e ignorancia, pero debe quedar claro que la agitación no se consigue con bombas.
–¿Cuál es a tu juicio la actualidad de Un marido ideal ?
Viñas. –En Un marido ideal Oscar Wilde trata temas de hoy: la corrupción en la política, la falta de escrúpulos con que el protagonista reexamina su pasado; pero es también actual el tema del amor, cómo él se juega todo por el amor a su esposa y aun el perdón que ella le otorga al fin; me parecen de gran actualidad en un mundo que no admite medida y que parece olvidar que la elección de un compañero es un compromiso que implica diarios sacrificios.
–¿En qué sentido se transformó la visión de la obra luego de tantas representaciones?
Viñas. –Estoy en el teatro en todas las representaciones de Un marido ideal y cuando termina la función salgo al hall y muchas personas me trasmiten sus impresiones. Los primeros meses eran de carácter estético; con el paso del tiempo la gente cambió y los comentarios sobre la obra son más ideológicos. Los estudiantes, especialmente, muestran su asombro ante la inevitable comparación con nuestra realidad. Un marido ideal se ha convertido en un medio capaz de agitar algo dentro de algunas cabezas. *
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