El irresistible baile de los canguros

Pais raro Australia. La vieja colonia carcelaria británica sigue estando lejos de todo, sigue siendo puro desierto, todavía tiene algunos raros aborígenes (los pocos que dejó el «progreso»), continúa presentando una extrañísima zoología y, lo que más nos importa, es propietaria de algunos elementos culturales muy resaltables. Tienen buen cine (Peter Weir, por ejemplo) y un historial musical digno de recuerdo. A referentes indestructibles como Midnight Oil, AC/DC, o el glorioso Nick Cave, entre muchos, una refrescante bocanada de aire viene desde por allá y tiene el nombre de The Vines.

Hijos del rock más guitarrero made in Nueva York y de la tradición «beatleliana» más exquisita, estos jovenzuelos llegan ahora con su nuevo disco -el segundo después del notable Highly evolved-, Winning days, y rafirman la apuesta realizada. De la mano de un cóctel que siempre da resultado, a saber, melodías simples, adictivas y brillantes, propiedad intelectual del cuarteto de Liverpool, y de una energía apabullante, esta banda se suma al podio de las bandas «nuevaoleras» junto a The Strokes, The Hives, Mooney Suzuki, White Stripes o los incendiarios neozelandeses The Datsuns. Quizá The Vines sean el costado más Arty de la movida y corren el riesgo de convertirse en una suerte de nuevos apóstoles musicales.

Este Winning days es un disco potente y guitarrero, con algunas canciones elegantes, como «Ride», «TV apro» o «Evil town» o simplemente, con canciones sencillamente extraordinarias, como la hipnótica «She´s got something to say to me», todo moldeado por la prodigiosa voz de un tal Craig Nicholls. Alguien podrá decir sin equivocarse que no han inventado nada. Eso si bien es cierto, no es toda la verdad. En este universo del constante refritado de viejas fórmulas que es el rock and roll, el talento no necesariamente debe ir en el mismo vagón de las invenciones sonoras. En todo caso, sigue siendo muy válido ser permeable a las influencias y parir un hijo propio de padres varios.

Este derroche de talento es producido por Rob Schnapf (Beck, Foofighters), quien ha sabido canalizar las acrobacias musicales de una gente que no es simple golosina masticable para el monstruo industrial y nos regala una colección de canciones agraciadas. Realmente imperdible. *

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