"LA NOCHE DEL CRIMEN", DE DAN ALGRANT

La fórmula del suspenso y la intriga

Todo funciona a partir de un guión esencialmente escrito para Al Pacino que, pese a sus clisés, no deja de ser un imán para los espectadores. O sea para ese publicista decadente -su personaje- al que ya nada le importa desde su desencanto, solamente una reunión entre blancos y negros que le podrá permitir -de pronto- escalar unos peldaños en esa Nueva York cosmopolita y despiadada. Lo cierto es que La noche del crimen (People I Know), de Dan Algrant, no ofrece novedades.

El filme es pura fórmula, pero aun así puede disfrutarse por los deliciosos, mordaces, filosísimos parlamentos escritos para la criatura encorvada, de vuelta de todas las experiencias que compone Pacino.

No hay mucho más. Acaso que el personaje de marras se involucrará, a pedido de un amigo del jet-set (un insípido Ryan O´Neal), que saque de la cárcel a una amante, una starlet televisiva (Téa Loeni, apenas decorativa) dada vuelta por el consumo compulsivo de drogas.

En ese contexto, el asesinato de ésta frente a los ojos inflamados de opio del personaje de Pacino, repotencian dramáticamente todo un asunto que posee un trasfondo político. Y Pacino se verá asediado, de pronto, porque la chica tiene pruebas de corrupción y algunos otros excesos dentro de una cámara que descansa precisamente en un bolsillo de ese sacón eterno que parece encorvar más la figura patética del personaje cada vez más flemático a medida que avanza el metraje.

El filme posee algunos ecos del policial de la década del setenta y también, en su sorprendente desenlace, una influencia directa del maestro Abel Ferrara.

No todo es un happy end a la manera hollywoodense y, en ocasiones, como le ocurre al personaje de Pacino, la realidad real te puede avasallar.

Puede verse. *

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