Pintar códigos de barras

Hervé Fischer (Francia, 1946) fue el campeón del arte sociológico en la década del 60. Cuando se creó, en la revolución tecnotrónica, el arte digital, comenzó una nueva relación entre arte y sociedad, con los medios de comunicación al desaparecer la obra única, coleccionable, sin firma, mercado o museo. Es sabido que la tecnología de los códigos de barras se patentó en 1952 y en los ochenta se impuso entre las grandes empresas. Hervé Fischer utiliza los códigos de barra, los diagramas del mundo financiero, de la información meteorológica y la representación del ADN como si fueran los paisajes tradicionales de la pintura tradicional.

Son paisajes económicos basados en los gráficos de Wall Street, las variaciones en la Bolsa y las clasificadoras de riesgo, los boletines meteorológicos, pintados con ironía y humor, sin importarle el poder suasorio caracaterístico del género, en un regreso a la pintura pero sin ninguna de las buenas cualidades de los maestros de antaño. El regreso es más aparente que real. Al contrario de Alexander Katz, con su apuesta comercial al retrato (seguido muy cerca por ciertos oficiantes jóvenes uruguayos), lo que propone Fischer es un arte conceptual que se apropia de la computadora y los códigos internacionales para agigantarlos a través de la pintura en un doble ensayo caricatural, el de la propia pintura y el de la informática. Una penetrante mirada sociológica se burla de los cánones establecidos en la globalización mercantil y demuestra, hasta en cuadros elaborados en 2004 (recientísimos) con gráficos con picos que suben y bajan según los acontecimientos (el 11 S, la cotización llegó al nivel mínimo) o se pueblan de nubes y relámpagos, con divertidas alusiones a los programas televisivos. En la sala superior del Museo Nacional de Artes Visuales está la muestra Meteorología de Hervé Fischer, un artista que maneja ideas que afectan la vida cotidiana con la misma concentración de un pintor naturalista del siglo XIX, pero en clave abstracta o de realismo tecnológico, de acuerdo a la cultura del observador. *

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