ADOLFO ARISTARAIN ESTA CULMINANDO EL RODAJE DE SU NUEVA PELICULA

El cine como exorcismo del pasado

Roma será su largometraje número once y una nueva coproducción del propio Aristarain con capitales españoles. El estreno será el 8 de abril mientras esté comenzando una nueva edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires.

Si en Un lugar en el mundo y Martín (Hache) el realizador de Tiempo de revancha sublimaba o exorcizaba sus deseos y temores de padre con hijo adolescente, en esta ocasión conjura fragmentos de su infancia, adolescencia y juventud, aunque la ficción los desplaza hacia la figura de un escritor alter ego (José Sacristán), que se encuentra en tren de escribir su autobiografía.

Roma no se llama así por la capital italiana sino por el nombre de la madre del protagonista, cuya figura se agiganta en el recuerdo y a quien encarna Susú Pecoraro. «Roma era el nombre de mi madre», confirma Aristarain, al tiempo que dice: «Mirá que cambiamos el orden de las escenas», previniendo a Juan Diego Botto, el actor argentino criado en España que había hecho antes el papel de Martín (Hache).

Ahora, Botto tiene a su cargo el rol de aspirante a escritor, debiendo ayudar al hastiado protagonista a escribir sus memorias. «Hacemos primero la escena más difícil y después la otra, así pueden tirarse a descansar tranquilos».

La acción se desarrolla en España, en la actualidad, cuando el personaje del escritor que encarna Sacristán decide abordar su autobiografía. En verdad, el tipo no tiene el menor interés en recordar. Pero como vive de lo que escribe y su creatividad anda en baja, no le queda más remedio que recurrir a sus memorias. Como igual se le hace cuesta arriba, la editorial para la que trabaja le pone a un chico joven, aspirante a escritor, para que le dé una mano. Igual, el otro recuerda lo que quiere, y sus remembranzas se centran sobre todo en la figura de la madre, que enviudó cuando él era un pibe y después se rompió el alma para darle una instrucción y permitirle así construir un futuro. El tema es así: el escritor veterano le va contando al otro sus recuerdos, y éste los visualiza, poniéndose a sí mismo en el lugar de protagonista, que es lo que normalmente hace cualquier lector cuando lee una novela. Los recuerdos del otro se concentran en tres décadas: la del 50, cuando era un pibe, la del 60, cuando termina yéndose a España, y la del 70, cuando se ve obligado a volver fugazmente. «Lo hice así para que la historia política entrara de manera apenas sesgada,» afirmó el cineasta argentino. *

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