Ser o no ser lengua y lenguaje
Al finalizar el siglo XXI, se habrá extinguido la mitad de las 6.700 lenguas vivas que existen actualmente en el mundo, según un inquietante pronóstico formulado por Stephen A. Wurmo en un estudio encargado por la Unesco.
Parece difícil imaginar que ese triste destino pueda acechar al español, un idioma que permite a 400 millones de personas atravesar 23 países sobre una superficie de 11 millones de km2 sin cambiar de lengua.
Pero nadie ignora que, a pesar de su homogeneidad, ese código de comunicación vive bajo la persistente amenaza de la diversidad, las nuevas tecnologías de la información, el empobrecimiento cultural y la competencia del inglés.
Algunos lingüistas optimistas prefieren creer que la actual encrucijada es apenas una crisis de pubertad después de 10 siglos de existencia.
Los más escépticos, sin embargo, exhiben estadísticas y ejemplos para probar que los peligros no son imaginarios: sólo en un período reciente de 15 años de 1970 a 1985 desaparecieron 1.800 lenguas y actualmente, otras 2.000 dejaron de transmitirse. Según la Unesco, el patrimonio lingüístico de la humanidad está en peligro.
Con cada idioma que muere, se extingue una civilización
La muerte de un idioma no es un episodio trivial: «Un idioma no muere solo, pues con cada lengua desaparece una cultura y se pierden ricas fuentes de información sobre los pueblos. Se trata de un fenómeno semejante, en cierto modo, a la extinción de especies», según el informe de Peter Ladefoged para la Asociación Norteamericana para el Progreso de la Ciencia.
Insensible a ese tipo de razonamientos, el vicepresidente de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), Gregorio Salvador, no se apiadó frente a la posible extinción de idiomas. «Las lenguas que se pierden, bien perdidas están porque ya no las habla nadie», sostuvo en declaraciones a la AFP en Madrid. «Si bien algunas lenguas desaparecen, otras se fragmentan, con lo cual la cifra se mantiene en 4.000 ó 5.000 idiomas en todo el mundo. Lo ideal sería un mundo en el que hubiera 15 ó 20 lenguas», sentenció.
La lucha por la supervivencia es un fenómeno natural de la historia. Cuando los conquistadores impusieron su lengua en América, provocaron la extinción de 110 grupos idiomáticos y dialectos sólo en México, y otro centenar de lenguas en el resto del continente.
Incluso el propio español nació hace unos 10 siglos sobre las cenizas del latín. «Las palabras que hoy pronunciamos son sobrevivientes de catástrofes históricas donde el latín pereció», explica la lingüista argentina Yvonne Bordelois.
Luego, el idioma se enriqueció con el aporte de 1.250 palabras de origen árabe y otras tantas que provienen del godo, el provenzal, el catalán, el éuskera, el francés y más recientemente el inglés. Después de haber sido codificado por primera vez por Elio Antonio de Nebrija en 1492, sufrió pocas transformaciones. Ahora, con un patrimonio de 83.500 términos de base, sin contar prefijos ni derivados, se lo puede considerar un idioma estabilizado. La mejor demostración es que desde 1815 mantiene inalteradas sus normas ortográficas esenciales.
La salud del español
A pesar de su larga existencia diez siglos aún no pudo definir con claridad su propia denominación: hay quienes prefieren llamarlo español, otros postulan el nombre castellano e incluso hay quienes creen más correcto denominarlo hispanoamericano. En todo caso, ese idioma hablado por 400 millones de personas es actualmente la cuarta lengua del mundo en cantidad de usuarios, detrás del chino (1.200), el inglés (478) y el hindú (437).
Se encuentra en buena salud e incluso parece progresar: por crecimiento demográfico, se estima que a mediados de siglo habrá 500 millones de hispanohablantes, de los cuales más del 10% residirán en Estados Unidos. Ese ese país, sobre una población latina de 39 millones, 22 millones hablan su lengua materna. Esas cifras se duplicarán probablemente en 2050. Muchos de los latinos de Estados Unidos nacen en un hogar hispanohablante, pero otros llegan con el idioma en su maleta de inmigrante y se esfuerzan por conservar ese único patrimonio.
«Una mancha lingüística en expansión, una lengua de migración y mestizaje», dijo el novelista mexicano Carlos Fuentes al describir ese fenómeno.
Esa comunidad unida por la lengua que equivale a un país tan grande como Argentina cuenta con cinco grandes diarios, unos 500 periódicos, 250 revistas, tres cadenas de televisión y numerosos canales por cable, más dos cadenas musicales especializadas en música latina y millones de discos que brotan de los transistores en todas las grandes ciudades.
Al mismo tiempo, en Estados Unidos como también ocurre en Brasil , el español refuerza sus posiciones de segunda lengua. En Europa, en cambio, pierde terreno frente al inglés, el francés y el alemán.
A simple vista, ese panorama global parece promisorio.
En Madrid, en el edificio con entrada de estilo dórico donde tiene su sede la Real Academia Española de la Lengua (RAE) se respira una atmósfera de optimismo: «El idioma español vive un momento de expansión y esplendor», manifestó el académico Gregorio Salvador.
Como ejemplo, cita «la cantidad de premios Nobel de literatura en lengua española que se han producido en los últimos decenios» y las cifras millonarias que alcanza la difusión de escritores de lengua castellana, tanto en España como en América Latina.
«La buena salud del idioma la proporciona la creación literaria. Si la literatura es una literatura de calidad, de prestigio y que se lee, quiere decir que la lengua tiene un gran nivel», insistió.
El inglés avanza con los soldados, el dólar y la tecnología
La homogeneidad, la expansión por efecto demográfico y la calidad de la creación literaria son tres argumentos que no parecen convencer a otros lingüistas que se alarman por la dimensión de las grandes amenazas que acechan al idioma.
El primer peligro es, sin duda, la ofensiva del inglés, cuya capacidad de penetración cambió radicalmente en las últimas décadas, impulsada particularmente por Internet.
«En apenas medio siglo, el inglés ha colocado en nuestras bocas tantas palabras como el árabe en ocho centurias», sostuvo Alex Grijelmo en su libro Defensa apasionada del español.
La invasión de anglicismos no asusta a todos los especialistas. El propio Grijelmo reconoce que el inglés comenzó a penetrar con fuerza la lengua castellana recién a mediados del siglo XX. Antes el idioma había sufrido una ofensiva similar de parte del francés y en menor medida de otros orígenes.
«Hace un siglo los neologismos de todas las lenguas se construían con palabras del latín y el griego. En aquel entonces también los cambios tecnológicos provenían de países que no hablaban en castellano: Inglaterra, Francia o Alemania», explicó Juan Grompone, miembro de la Academia Nacional de Letras de nuestro país.
Luis Jaime Cisneros Vizquerra, director de la Academia Peruana de la Lengua, tiene una visión más realista: «Hasta el segundo tercio del siglo 20 en el idioma español del Río de la Plata había una gran cantidad de neologismos de origen francés, relacionados a la influencia de esa cultura. Pero hay que reconocer que en esa época nuestros padres iban a Europa, y los de ahora van a Miami. En Europa se encontraban con el Dante y con Shakespeare, y en Miami con el ratón Mickey».
La Academia acaba de bajar los brazos con resignación ante la fuerza que tiene ese fenómeno: el pasado 15 de enero, como ya anunciamos, inco
rporó la palabra internet a su diccionario.
Muchas batallas se pierden por pereza
«Whisky es una palabra que tiene mejor sabor que e-mail», comenta el peruano Cisneros Vizquerra. Y es que en materia de anglicismos hay términos que suenan mejor que otros.
Así, la Real Academia sugiere usar yin o bluyín para referirse a los pantalones vaqueros, jipi en vez de hippie, y güisqui en lugar de whisky, adaptaciones que pueden parecer menos logradas que béisbol o fútbol.
Pero el peligro real parece ser el empobrecimiento del lenguaje que implica el spanglish, jerga creada por la población de origen hispano en Estados Unidos que no habla bien ninguna de las dos lenguas: «Yo parqueo el carro mientras tu vacuneas la carpeta, okey?» (Yo estaciono el auto mientras tú aspiras la alfombra).
Consciente de ese fenómeno, la Academia Norteamericana de la Lengua Española afirma que el spanglish no es un nuevo idioma, sino una «jerga empobrecida». Puesto que el 13 por ciento de la población de Estados Unidos tiene orígenes hispanos, «no es extraño que echen mano del vocablo original inglés, normalmente acomodándolo a la pronunciación y ortografía del español», reconoció la revista Glosas, de la Academia Norteamericana.
Esta academia viene lidiando desde hace años con este tema: «No con los anglicismos necesarios, por no tener equivalentes en español, sino con los innecesarios, por tener ya buenos equivalentes», explicó Joaquín Segura, miembro numerario de la Academia Norteamericana.
Luis Jaime Cisneros Vizquerra, director de la Academia Peruana de la Lengua, cree que una lengua consolidada como el español está en condiciones de recibir aportes externos para enriquecerse: «La lengua no es un fósil, no es un elemento muerto ni algo inerte que uno recibe, sino un elemento listo para enriquecerse y que se va modificando como señal precisamente de que lo vamos usando, de que nos va acompañando», admitió.
«Si la lengua no cambiase, terminaría siendo como el latín, una lengua muerta», aseguró.
Es suicida renunciar a un idioma mejor
Una de las graves amenazas que acechan al idioma es el empobrecimiento del lenguaje, resultado de una educación deficiente. En los territorios de habla hispana, por lo menos un cuarto de la población es técnicamente analfabeta y otro 25 por ciento es analfabeta funcional. Eso significa que no comprende siquiera un texto breve que habla de un tema habitual de su vida cotidiana.
«La falta de respeto por el patrimonio común que constituye el idioma español provoca que en España su cuna las señales de tráfico contengan notables faltas de ortografía ’desvio’ sin acento; ‘Alcala’sin acento o que al alto o al pare que se emplean en Latinoamérica les sustituya la palabra stop», documenta Alex Grijelmo.
Poco antes de su muerte, el académico Fernando Lázaro Carreter había dicho que corresponde a las autoridades educacionales trabajar correctamente con el idioma español, y que las mismas (las autoridades) parecen haber renunciado a proteger la lengua. «Es una actitud suicida de la sociedad renunciar a un idioma mejor», había dicho.
Una encuesta realizada en España, citada por Grijelmo, reveló que sólo cinco de cada cien estudiantes de 16 años comprende la lógica de los acentos, el 72 por ciento se enreda con la hache y 53 por ciento confunde la ll con la y. El 15 por ciento no puede escribir una historia básica.
Una investigación en América Latina arrojaría, sin duda, resultados similares. Los académicos aseguran que con el español, al igual que en la mayoría de las lenguas, los hablantes suelen utilizar entre 3.000 y 5.000 palabras. «Hay quien para el habla común tiene esas palabras, pero luego suma otras 1.000 palabras de su propio ámbito», aseguró Salvador.
El escritor colombiano Gabriel García Márquez fue prácticamente acusado de terrorismo intelectual en 1997, cuando propuso simplificar las reglas ortográficas en su discurso ante el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, en Zacatecas (México).
«Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre nos sobra una?», sostuvo.
La idea fue acogida con una lluvia de críticas, y García Márquez, Premio Nobel de Literatura 1982, fue acusado de querer destruir el idioma.
Sin protección en la red
La pugna entre idiomas es implacable. Internet, principal escenario de fricción entre el inglés y las otras lenguas, ni siquiera tolera la presencia de la letra eñe en los dominios admitidos por el ente regulador de la red.
El colmo de la ironía aparece en la dirección electrónica de Comunidad eñe, que representa a países hispanohablantes en la red: www.comunidadene.com. Ese problema, prometen los administradores de dominios, será solucionado a corto plazo. Los intentos de discriminación, sin embargo, habían comenzado mucho antes, cuando la Unión Europea impulsó en forma imprudente el proyecto de algunos fabricantes de ordenadores, que pretendían comercializar programas de tratamiento de texto, teclados y otros productos de computación
En ese momento fue necesario que se movilizara RAE y gran parte de la comunidad intelectual de habla española que la UE aceptara retroceder.
¿El español seguirá los pasos del latín y el árabe?
El riesgo reside en que la confluencia de todas amenazas puede terminar por romper la homogeneidad del español -principal factor de supervivencia a lo largo de los siglos- y fraccionar el idioma en varios dialectos surgidos de un tronco común, como ocurrió hace diez siglos cuando el latín dio origen al italiano, el español, el francés, el rumano y a otras lenguas romances.
La evolución que sufrió el árabe constituye un precedente digno de tener en cuenta. En la actualidad, existe una lengua común -el árabe literario-, pero ese vínculo homogéneo tiene una existencia virtual. Se escribe igual en todo el mundo árabe, pero no sirve para comunicarse verbalmente. Pese a hablar el mismo idioma, un sirio es incapaz de dialogar con un argelino, debido a la diferencia de pronunciación.
¿Algo similar podría ocurrir algún día cuando se encuentren un uruguayo y un mexicano?.El vicepresidente de la RAE, Gregorio Salvador, no advierte indicios de que se esté «produciendo algún tipo de fragmentación» en el español, aunque reconoce que ese fenómeno que es el mayor peligro para una lengua.
Acechado por el avance del inglés, el empobrecimiento del lenguaje diario y la progresiva ruptura de la homogeneidad, el español tendrá que superar más de un escollo para evitar un cataclismo. Pero, en definitiva, nadie cree que existan riesgos inminentes. «El español es una lengua hablada por varios cientos de millones de seres humanos. Tiene una literatura relativamente importante. No es una de las lenguas que está en peores condiciones para sobrevivir en el futuro», afirmó Grompone.
«Su única debilidad es la pobreza» y la «exclusión digital» de «gran número de sus hablantes en América Latina, algo que debe superarse en el correr de este siglo», estimó por su parte Ricardo Soca.
«Se me ocurre que es una de la media docena de lenguas mayores que persistirán en las próx
imas décadas», concluyó Grompone. *
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