El libro del fantasma
El hombre, como entidad espiritual, ha reflexionado, en el devenir del tiempo, que la realidad trasciende a lo que puede percibirse sensorialmente.
Muchos pensadores han especulado con la posibilidad de que aquello que denominamos realidad, el mundo que podemos conocer mediante el mero conocimiento empírico, es únicamente una ínfima porción del cosmos, una mera evidencia de un universo oculto bajo formas de lo aparente.
En ese arduo proceso de decantación intelectual, algunos seres humanos se han sentido capaces de establecer conexiones con esa realidad, más allá de lo evidente. Es precisamente ese desafío el que nos propone el inquieto escritor argentino Alejandro Dolina en el recientemente reeditado «El libro del fantasma», que es una de sus más conocidas creaciones literarias.
Haciendo gala de su fina ironía y de su fina sensibilidad para analizar los aspectos más cotidianos del ser humano y extraer de ellos agudas reflexiones, el autor nos entrega una obra compleja, que contiene un conjunto de historias que recorren todos los estilos, pasando por la narración breve, la crítica literaria y cinematográfica ficticia, la poesía, y el ensayo.
El escritor se mueve con absoluta soltura en cualquier género. Todo formato narrativo sirve a Dolina para expresar sus agudas aunque a menudo desencantadas reflexiones, sobre una serie de cuestiones que ocupan al ser humano desde tiempos inmemoriales.
En ese contexto, el periplo analítico del autor transita de los territorios intrínsecamente existencialistas y extraterrenos a lo común y meramente cotidiano.
La excusa en este caso, es -como es habitual en la literatura de Alejandro Dolina- apelar a la fantasía o en algunos casos- a suerte de supresión, estrategia que emplea habitualmente para el asumir el abordaje de los temas que integran su agenda.
Un día cualquiera, el protagonista de la obra tiene un encuentro fortuito con un fantasma, quien le solicita ayuda para aliviar su acuciante situación. El atribulado espíritu debe escribir una obra que prometió en vida a un editor, sin la cual no podrá gozar de un feliz viaje al otro mundo, tal vez el único verdadero según la concepción que plantea Dolina.
El protagonista, quien ha perdido a la mujer amada, se asume incapaz de parir una creación literaria. Sin embargo, el fantasma le promete un prodigioso objeto, una pluma, con la cual, según afirma, podrá recuperar a su amada, si accede a escribir la obra prometida.
Valiéndose de esta excusa, Alejandro Dolina construye una vez más – su particular cosmogonía. Permite que el personaje entreteja un mundo complejo, sencillo en apariencia pero muchas veces inextricable, en el cual toda verdad se nos presenta oculta tras la más gris y epidérmica materialidad.
Los personajes de autor suelen ser seres atribulados, que persiguen constantemente la verdad, la verdadera esencia de las cosas y que en muchas ocasiones, dado su afán de interpretar al mundo, van creando su propio cosmos, tomando aquello que les sirva y combinándolo según su parecer.
Esas criaturas literarias poseen la cualidad de comprender el absurdo que se esconde detrás de la mayoría de las conductas humanas, pero también son dolorosamente capaces, como reflejo del propio Dolina, de captar la angustia de la existencia, el peso de la finitud y el deterioro, el sufrimiento que acarrea la memoria y la inevitable pérdida de aquello que el ser humano busca atesorar con más empeño.
La obra es un verdadero cuerpo de ideas que llega mucho más allá de la mera visión sarcástica de la condición humana, tomando por momentos la categoría de análisis psicológico y mostrando, incluso características, que lo acercan al ensayo o a la reflexión autobiográfica.
«El libro de fantasma», es, si acaso se puede intentar una somera definición, un conjunto de historias por demás disfrutables, a través de las cuales Alejandro Dolina nos ofrece la posibilidad, no sólo de echar una lúcida mirada sobre nosotros mismos, sino también de acercarnos un poco más a la magia oculta detrás de los actos en apariencia menos relevantes de nuestra vida, sugiriendo las íntimas vinculaciones que guardan con nuestro tantas veces olvidado ser esencial.
(Booket Ediciones)
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