INMINENTE ESTRENO DE EL ABRAZO PARTIDO DE DANIEL BURMAN

El filme que consagró a Daniel Hendler

La pregunta sería qué significación ser joven, judío y nieto de inmigrantes en la Argentina o en la otra orilla actualmente. Y, en ese contexto, cómo se deglute, ya rebasados los 25 años, la silueta de un padre que se alejó de su entorno familiar  cuando el hijo era apenas un bebe  para enrolarse en el ejército israelí.

¿Es un idealista al que hay que comprender en su lucha por un objetivo mayor o un cobarde que nunca regresó y lava sus pecados enviando un mísero cheque mensual? ¿Es posible conservar y reafirmar la identidad en medio de la crisis social, de la falta de oportunidades, del éxodo masivo, con la culpa y la ausencia socavándolo?

Esta cuestiones son las que desarrolla El abrazo partido, el cuarto y mejor largometraje de Daniel Burman hasta la fecha. A sus 30 años, el cineasta de Un crisantemo estalla en cinco esquinas, la promisoria Esperando al Mesías y la fallida Todas las azafatas van al cielo, diseña una trama que mezcla sin estridencias, situaciones fuera de curso y melodramáticas para convertirse en el exponente del tragicómico y agridulce humor judío, donde no se elude la emotividad y un refinamiento en la puesta en escena que puede convencer incluso a los cinéfilos más exigentes.

Comparada  de manera exagerada  con el cine de Woody Allen y de Nanni Moretti durante el reciente Festival de Berlín (donde se consagró al ganar el premio especial del jurado y el de mejor actor para el uruguayo Daniel Hendler), El abrazo partido es una fuerte indagación personal  por momentos visceral  que Burman y su coguionista, el escritor Marcelo Birmajer, convirtieron en una acumulación de lúcidas y reconocibles miradas sobre la Argentina posterior al gobierno de la Alianza.

En el universo de El abrazo partido (una alicaída galería del barrio de Once con sus locales que parecen detenidos en el tiempo, su locutorio, su peluquería, su bar y sus pálidas oficinas) conviven los exponentes de una Buenos Aires cosmopolita y multicultural: judíos, italianos, gallegos, coreanos e inmigrantes latinoamericanos con sus costumbres, sus rituales, sus pequeñas solidaridades y sus patetismos y miserias.

En el centro de la contaminación acústica, el caos y la sofocación urbanas, aparece Ariel Makaroff (Daniel Hendler), un joven que se debate entre ayudar a su conflictuada madre (Adriana Aizenberg) en la penosa lencería femenina de la galería o conseguir el pasaporte polaco que le permita volarse a Europa.

El personaje está padeciendo una crisis generacional, familiar y personalísima: las relaciones con su madre, su hermano Joseph (Sergio Boris), su amigo Mitelman (Diego Korol), su amante (Silvina Bosco) y el reencuentro con su ex novia (Melina Petriella) no hacen otra cosa que multiplicar el desconcierto, la depresión y ese vacío existencial cuyo patrón es la evocación del padre que lo abandonó y que ha avisado de su regreso. Su único refugio parece ser la figura de la abuela (un regreso a lo grande de Rosita Londner), que no sólo le ofrece los papeles para que consiga la nacionalidad polaca, sino también unos cuantos consejos y anécdotas que podrán servirle para enderezar su senda.

En medio de un filme intenso, honesto, sensible y generalmente consistente, la decisión artística más cuestionable de Burman surge a la hora de retratar el patetismo de los fugaces encuentros sexuales del protagonista. Esos excesos costumbristas (al borde de un grotesco) y el tono desmesurado de algunos diálogos y ciertos gags no admiten puntos de reunión con el gesto claramente contenido del resto del relato.

Daniel Hendler  un alter ego del director  propone con su habitual apuesta por la contención y por los pequeños matices al entrañable antihéroe de El abrazo partido, mientras que el notable trabajo de iluminación y cámara que ofrece Ramiro Civita, tanto en las escenas de interiores, como en los superpoblados exteriores de Once, es otro de los picos altos de una película de inocultable solidez formal.

Corrosiva y entrañable, accesible y puntillosa a la vez, El abrazo partido es un filme que captura las sensaciones y el estado de las cosas en estos tiempos tan cambiantes y contradictorios. No se trata, desde luego, de un logro menor.

Recomendación para el espectador: no se retire de la sala antes de los créditos finales. Hay una pequeña sorpresa al final que merece ser paladeada. *

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