Viajeros macaneadores
En uno de los programas de viajes que se emiten por la televisión abierta, el conductor-viajero mostraba las bellezas paisajísticas de la región alemana de Baviera. Entre las innumerables perlas a que nos tiene acostumbrados este comunicador, destaco dos.
En primer lugar, creyó del caso cambiar el gentilicio correspondiente a esa región alemana (bávaro) por uno acuñado por su portentosa inventiva: en vez de hablar de la cultura bávara, dijo la «cultura bavaria«. Este término (bavario/a) simplemente no existe en nuestra lengua; no designa ni la región alemana (Baviera o Bayern, en alemán) ni a sus habitantes (bávaros).
No soy contrario a los neologismos, pero esto es un atentado al idioma y por haber sido emitido en un programa cultural (al menos es lo que pretende ser) puede ser tomado como gentilicio válido por los incautos telespectadores. A no sorprenderse, entonces, si oímos a alguien decir que los bavarios acompañan sus alegres canciones con el acordeón.
Dos. Recorriendo las calles de Regensburg o Munich, no recuerdo exactamente el guía ilustraba a la teleaudiencia sobre el paisaje urbano en el que coexisten edificaciones antiguas y modernas (como en casi todas partes, bah). Pero hete aquí que, en vez de decir que es una ciudad donde se mezclan lo tradicional con lo moderno, se le ocurrió que resultaría más culto expresar «una ciudad donde se mezclan las tradiciones y el modernismo«. Al oír semejante afirmación, intenté descubrir qué relación podría tener esa ciudad alemana con Julio Herrera y Reissig…
En efecto, si bien el sustantivo modernismo se vincula con lo moderno, para cualquiera que haya egresado de Secundaria el término modernismo sugiere la poesía de Rubén Darío o de Herrera y Reissig, pues designa el movimiento literario que surge a fines del siglo XIX y comienzos del XX.
–Usté porque nunca oyó hablar del barón de Thundertentronk, máximo exponente del modernismo bavario.
–¡Qué lo parió! *
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