Dios mío
Por lo que se refiere a la primera crítica, ha sido lanzada por varios grupos y personalidades judíos y recogida por algunos medios de comunicación, notablemente por el New York Times. Está basada en que el director habría destacado la culpabilidad de éstos en el apresamiento, tortura y muerte de Jesús.
Prueba de ello es el haber recogido una frase del evangelio (San Mateo 27,25) en la que tras exigir a Pilatos su crucifixión, los judíos allí presentes gritan: «Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos».
Esta frase ha sido utilizada en el pasado como motivo de condena a los judíos. No obstante, la acusación no parece en absoluto válida. La frase procede del Evangelio y no es más culpable de antisemitismo que el mal uso que de ella se haya dado.
Además el australiano Mel Gibson ha sido sensible a las críticas y no la ha incluido en los subtítulos, por lo que a gran parte del público pasará desapercibida. A todo ello hay que añadir varios hechos evidentes. Jesús era judío, de madre judía y padre putativo judío.
Sus discípulos fueron exclusivamente judíos, durante un tiempo incluso después de su muerte. A Simón, quien le ayuda a cargar la cruz, uno de los centuriones le llama en la película judío. Y el pueblo, mayoritariamente mujeres, que le acompañaba y se compadecía de Jesús, también lo era. A ello hay que sumar ciertos rasgos menos palpables, como que 25 de los 27 libros del Nuevo Testamento están escritos por judíos.
Pero es éste un pueblo con cuatro mil años de conciencia propia, perseguido en multitud de sitios y períodos históricos, y ello quizás ha llevado a muchos a una prevención excesiva, aunque explicable. Por otro lado, nadie se siente heredero de los romanos de entonces, que aparecen al espectador como auténticos sádicos, con las lógicas excepciones. La pasión de Cristo, protagonizada por Jim Caviezel (en el rol de Jesús de Nazareth) y Mónica Belluci (María Magdalena) está diseñada en base al despliegue de una rigurosa mirada histórica. El propio Papa exclamó al terminar de ver la película en una función privada, «Â¡fue así!», y efectivamente es que sigue muy de cerca y mínimas e insignificantes licencias los textos de los Evangelios, especialmente los de San Lucas y San Juan.
La otra gran crítica se ubica en cómo Gibson expandió una gestualidad frontalmente violenta sobre el cuerpo de Jesús, de manera claramente explícita y descarnada de la misma.
Pero por un lado no parece exagerada en la filmación, y por otro todos los castigos infligidos a Jesús, son señales que la película hace evidentes, no hacen sino indicar la medida del sufrimiento del personaje. Esto es importante, no ya por motivos teológicos, sino por la propia concepción de la película, y por el sentido que de la misma ha querido dar su creador, Mel Gibson.
Además, desde el punto de vista cinematográfico, el actor y cineasta de Corazón salvaje ha tenido el acierto de intercalar flashbacks sobre pasajes anteriores de la vida de Jesús, lo que ofrece a los espectadores una suerte de relajación del evidente sufrimiento del condenado.
Pero estas polémicas no han sido cerradas, y puede que otras sobre la película surjan en el futuro. Una ya se está apuntando, y es la que se refiere a una posible caza de brujas sobre el realizador australiano, término que no deja de ser paradójico dado el tema de la filmación.
Los directivos de DreamWorks Jeffrey Katzenberg y David Geffen tienen claro que nunca van a volver a contratar al actor-director. «No importa lo que yo diga. Sólo lo que haga. Y haré algo. No lo volveré a contratar. No apoyaré nada de lo que él sea partícipe. Personalmente es todo lo que puedo hacer».
En general, la película no ha caído gratamente en ese parque temático llamado Hollywood, por el peso de dos sectores hegemónicos en la industria cinematográfica: los judíos, por las razones expuestas. Mel Gibson es un conversador que siempre ha hecho gala de su fe. Y el posible efecto de la filmación sobre parte del público, un renacimiento del sentimiento religioso y con él de la atención a la Iglesia y a sus mensajes. No se encuentra la institución bimilenaria entre las preferidas del jet-set ultra fashion hollywoodense. Este motivo no se ha hecho explícito y sólo se puede presumir.
En qué queda el temor de la vuelta de las listas negras al cine estadounidense sólo lo sabremos con el paso del tiempo. Por ahora, lo que tenemos en la pantalla es la mejor película hecha sobre la más grande historia jamás contada. Para no perdérsela. *
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