Prohibido para nostálgicos

Roberto Fugazot, personaje del tango

El otoño se cuela en puntas de pie. Los ocres y amarillos en la ciudad. La melancolía pega brutos viandazos y la memoria compañera nos lleva a la Villa Muñoz de fines de los 60. Cuando a la cantina de Santucci por esos días siempre llegaba un antiguo vecino a compartir la mesa de añoranzas. Era Roberto Fugazot que ya veterano pero con su rostro de eterno muchacho, cruzaba desde Buenos Aires para encontrar fraternas camaraderías. Brillante tanguero, cantor y actor por aquellos otoños se lo veía rodeado de amigos ya sea en el Jauja, Fun Fun o en la popular cantina de su natal Villa Muñoz. Allí con su modulada y hermosa voz hilaba uno a uno sus collares de recuerdos. Santucci lo hacía sentar en la cabecera de una mesa donde se destacaban Miguel Angel Manzi, Pucciano y muchos viejos vecinos que lo escuchaban muy atentos. Fugazot contaba de sus orígenes artísticos haciendo mímica e imitaciones en un circo de carpa grandota. Por su adolescencia le gustó lo campero y se vestía de gaucho para cantar en la pionera radio Paradizábal. Hablaba con emoción del dúo que hizo con su amigo Agustín Irusta que allá en el lejano París terminó siendo un trío cuando se les sumó el pianista Demare. Cantaban para pagarse el puchero y en los cabarés del Barrio Latino los conocían como el trío de los argentinos. Se volvieron famosos y el éxito los acompañó grabando muchos discos. Fue por el año 30, al salir Uruguay campeón del mundo que no pudo con su genio y con picardía contaba cómo los franchutes se enteraron que él era uruguayo y no argentino. Fugazot tenía veneración por Canaro quien al regresar a la Argentina lo incluye en su película «El patio del tango». La etapa de su vida como actor lo llenaba de entusiasmo y más aún por haber podido integrar los elencos de grandes éxitos del cine argentino como «Ya tiene comisario el pueblo» y «Pampa bárbara». No se refería mucho a su época final con Agustín Irusta en una gira por Venezuela en la que vuelven a ser un dúo. Con paciencia infinita repetía ante algún despistado que en su genial tema «Barrio reo» la letra fue de Alfredo Novarrine y que la melodía tan famosa le había costado mucho esfuerzo. Con Gardel se notaba que había tenido una relación muy amistosa aunque jamás se jactaba y lo evidente era cariño y veneración hacia el morocho del abasto. Una vez Santucci le pidió que dijera sus tangos favoritos, dejando de lado «Barrio reo», seleccionó «Amigos del 900″ y «Mañanitas de Montparnase» que a sus casi 70 años le recordaban las andanzas de muchacho en el bohemio París. Ahora al caminar por la calle Rus, cada otoño, escuchamos una voz cantar al «viejo barrio de las casitas iguales.»

Con más recuerdos y tangos los esperamos todos los sábados, a las 18.30, en 1410 AM LIBRE. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje