EN UN MULTITUDINARIO ACTO ACADEMICO, MARIO BENEDETTI FUE HOMENAJEADO POR LA UNIVERSIDAD

"La dictadura no me permitió entrar al claustro porque tenía claustrofobia"

Más de una hora antes del comienzo del acto, se percibía un intenso movimiento en torno al añoso edificio emplazado en la Avenida 18 de Julio y Eduardo Acevedo. La cola cubría más de dos cuadras.

Varios cientos de uruguayos se congregaron frente a la sede universitaria, con el propósito de ingresar al recinto. Sin embargo, por razones locativas, se dio preferencia a quienes exhibieron invitaciones.

Sin embargo, la multitud de admiradores de un escritor que ha representado como ninguno a nuestra identidad, aguardó pacientemente el arribo del homenajeado.

Mientras tanto, en el Paraninfo de la Universidad, mientras se ultimaban los preparativos para el acto académico, el rumor de la muchedumbre fue creciendo a ritmo vertiginoso.

Pasadas las 19 horas y con el recinto ya colmado de público, comenzó a crecer crecer la expectativa, que anticipaba la llegada de Mario Benedetti.

Media hora después, la irrupción del rector de la Universidad, Rafael Guarga, confirmó que se acercaba el comienzo del homenaje.

Además de Rafael Guarga, que en la oportunidad fue el anfitrión, y naturalmente del escritor agasajado, en la mesa se ubicaron el decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Adolfo Elizaincín, la escritora y docente, Sylvia Lago, el ministro de Educación y Cultura, Leonardo Guzmán, y el actor de la Comedia Nacional, Alberto Sobrino.

Entre las autoridades presentes, cabe destacar al intendente Mariano Arana, que arribó poco después del comienzo de la ceremonia y se ubicó en la primera fila, además de legisladores, decanos y catedráticos del sistema universitario.

 

Los valores de un inclaudicable luchador

La apertura del acto académico estuvo a cargo del anfitrión, el rector de la Universidad, Rafael Guarga, quien aludió a la resolución del 16 de diciembre del año pasado adoptada por el Consejo Directivo Central de la alta casa de estudios terciarios, por la que se resolvió otorgar a Mario Benedetti el título de Doctor Honoris Causa, máxima distinción que confiere la casa de estudios a las personalidades ilustres.

Durante su breve pieza oratoria, el jerarca universitario destacó la personalidad, valorando particularmente sus insobornables convicciones y principios éticos, así como su inclaudicable lucha contra la dictadura, incluso desde su exilio. Según Guarga, más allá de sus valores como escritor y creador, Benedetti fue un gran artífice de la recuperación de la democracia, luego de la prolongada noche autoritaria.

Asimismo, resaltó particularmente la vigencia y la proyección de su obra, que ha trascendido fronteras transformándose en un legado cultural invalorable.

Finalmente, se refirió a la permanente actitud constructiva del homenajeado, que en medio de un mundo con múltiples acechanzas, igualmente ha sabido recrear la esperanza.

 

Los tiempos aciagos y la destitución

Tras la mención de múltiples adhesiones, entre las que se destacó la del presidente del Encuentro Pregresista Frente Amplio, Tabaré Vázquez, que no pudieron ser leídas en su totalidad por lo acotado de los tiempos, hizo uso de la palabra el decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Adolfo Elizaincín.

El jerarca universitario recordó todo el proceso que culminó con la resolución del Consejo Directivo Central de la Universidad, por la cual se otorgó el título Doctor Honoris Causa a Mario Benedetti.

Como se sabe, la propuesta original partió precisamente de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, cuyo plantel docente integró el homenajeado hasta ser expulsado en 1974 por el gobierno dictatorial.

El orador resaltó la respuesta de los cuadros del cogobierno universitario a la propuesta, que fue aprobada por unanimidad tanto en el ámbito del Consejo de Facultad como en el ámbito del CDC.

En referencia al homenajeado, el decano de Humanidades se refirió concretamente a los valores humanos y éticos que adornan su figura.

Evocó, asimismo, los aciagos momentos que vivió el país durante el período autoritario y el momento en que Benedetti debió abandonar compulsivamente la Facultad, luego de ejercer la dirección del Departamento de Literatura Hispanoamericana de dicha casa de estudios.

Elizaincín no soslayó, naturalmente, el título de Profesor Emérito otorgado por la Facultad de Humanidades a Mario Benedetti en 1996, que fue el primer acto de justicia con una figura descollante de la intelectualidad uruguaya, que la dictadura intentó en vano borrar de la memoria de los uruguayos.

 

La universalidad del autor

A continuación, inició su oratoria la escritora y docente Sylvia Lago, quien formuló una extensa reflexión de la vida, obra y lucha del homenajeado.

En primer término, la oradora destacó que, con este significativo acto académico, la Universidad de la República cumplía con su cometido de «velar por la cultura».

Lago realzó los descollantes valores de Mario Benedetti, enfatizando su destacado papel de «escritor testigo de la singularidad uruguaya».

En referencia a su trayectoria, que alcanzó singular relieve a nivel mundial particularmente durante el período del exilio, la docente recordó que la obra del autor de «La tregua» está integrada por más de ochenta volúmenes, que han sido traducidos a 25 idiomas. Ello constituye, naturalmente, un cabal testimonio de la proyección y la universalidad del escritor.

Al tiempo de calificar al agasajado como «uno de los escritores tutelares» de la escritura de habla hispana, Sylvia Lago destacó que el homenajeado ha interpretado, como pocos, la identidad nacional y el sentir popular. En torno a su proyección en el tiempo, Lago precisó que Benedetti ha reflexionado sobre los grandes temas del siglo XX y las incertidumbres de este conflictivo tercer milenio.

Visiblemente emocionada, la oradora ponderó los valores morales contenidos en la vasta producción de Benedetti, así como sus principios morales y su inclaudicable lucha por la justicia social, la equidad y la solidaridad.

La docente y escritora afirmó que la obra de Benedetti reflexiona sobre las grandes interrogantes de nuestro tiempo histórico y «la esperanza de compartir los sueños con los sueños».

En referencia a su faceta poética, Lago dijo que para el escritor distinguido, la poesía siempre fue una votación. Sin embargo, valoró el sesgo crítico de su palabra poética, que, a su juicio, retrató con singular elocuencia temas como la violencia y la muerte, en los territorios del horror de un «continente mestizo».

Evocó los tiempos en que Benedetti integró la redacción del emblemático y hoy desaparecido semanario Marcha, con otras relevantes personalidades de la «crítica generación del 45″.

Sobre este particular, la oradora valoró el compromiso social del escritor y su cuestionamiento de algunos mitos largamente arraigados en nuestro imaginario.

Según la docente y escritora, la obra de Mario Benedetti es «un proyecto cultural de amplio espectro», que transita los territorios de la experiencia particular y los extiende al plano universal.

Se refirió concretamente a inolvidables textos como «Pedro y el capitán» y «Soliloquio del desaparecido», donde el poeta imprime todo su compromiso con la lucha por la dignidad.

 

La claustrofobia de la dictadura

Finalmente, en medio de una cerrada ovación, hizo uso de la palabra el escritor Mario Benedetti, quien afirmó que «esta Universidad es la mía. He recibido doctorados en tres universidades muy queridas, Alicante, Valladolid y La Habana, pero este honor que me otorgan viene de esta Universidad, que es como el corazón de mi
país. Ahora, ella pasa a ser el huésped de mi corazón».

El poeta y narrador evocó su actividad en el ámbito universitario, íntimamente relacionado con la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.

Recordó que una de las profesiones con la que durante varios años se ganó la vida, fue la de taquígrafo, ejerciendo esa actividad en el consejo de las facultades de Química y Humanidades. Añadió que, un tiempo después, ganó un concurso, lo que le permitió acceder a la dirección del Departamento de Literatura Hispanoamericana y luego fue elegido miembro del Consejo de Facultad y finalmente de la Asamblea del Claustro. «Nunca llegué a ocupar el cargo, porque me lo impidió la dictadura, quizás como muestra de su claustrofobia».

Mario Benedetti clausuró el acto académico, dando lectura a un poema édito, «A vivir» y otros cuatro textos inéditos que integrarán su próximo libro: «Defensa propia», «Canas», «Sur», «Desaparecidos» y «Otra vez el mar». *

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