Temprana bocanada

Este libro de poemas del autor tacuaremboense Enrique Bacci, es la segunda entrega de una trilogía iniciada hace dos años con «Midland», que diseña un despiadado paisaje literario a partir de intensas voces telúricas y la lucha de los obreros ferroviarios en

los albores del pasado siglo XX.

En la selección de historias precedentes también construidas mediante el formato poético  que comentamos en su oportunidad en esta sección  el autor se internaba en la geografía cotidiana y humana de personajes sin dudas peculiares, que poblaban espacios de impronta cuasi mítica.

Sensible al sufrimiento de los desplazados sociales, Bacci compartía la peripecia de seres recurrentemente golpeados por el destino, que procuraban sobrevivir en condiciones siempre particularmente adversas.

Asumiendo una suerte de poesía coloquial, el escritor transita los itinerarios de criaturas inmersas en una realidad a menudo despiadada, que en este libro se relatan a través de varias voces.

El autor asume un discurso de trazo costumbrista, pero   a diferencia de otros colegas  no se regodea en la mera contemplación de los paisajes como expresión de una naturaleza siempre entrañable y generosa.

En todos los cuadros condensados en el periplo poético, el protagonismo corresponde siempre al ser humano, como el primordial arquitecto de las realidades, los sueños y las utopías.

Enrique Bacci imprime a su escritura la impronta que sólo puede conferir el sentimiento, partiendo de la hipótesis que la vida se construye de experiencias pero también de emociones.

No es casual que la ambientación de estas historias de formulación poética sea en 1910, tiempo histórico que coincide con los albores del siglo XX y el nacimiento del denominado Uruguay moderno.

Por entonces, nuestro país comenzaba a parir una identidad bien definida, que lo transformaría  en muchos aspectos  en un modelo paradigmático para el mundo.

Sin embargo, es innegable que bajo los ropajes del discurso apologético de algunos historiadores e investigadores, subyacían también los padecimientos humanos.

Como hijo de un Uruguay interior aún hoy enclaustrado y sometido a la voluntad de un modelo centralista que no se resigna a compartir privilegios, Enrique Bacci pincela territorios a menudo agrestes e inexplorados, que redescubren una cultura diferente y marcada por una fuerte identidad localista.

Al igual que en «Midland», el tren opera como una construcción simbólica, que se transforma en puente comunicante entre pueblos dispersos, diseminados en un paisaje crudamente desolado.

En «Temprana bocanada», Enrique Bacci toma nuevamente al ferrocarril y sus personajes como materia literaria, en una nostálgica metáfora que alude a recurrentes pérdidas, persistentes mediterraneidades y exasperantes exilios interiores.

(Ediciones de la Crítica)

 

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje