Barrio obrero
Barrio de casas bajas metiendo pechera al tiempo. Como ayer nomás, cuando se llegaba a Nuevo París en el tranvía 25. Venía de la Aduana y corcoveando al pasar por la Cuchilla por fin arribaba a su destino en Santa Lucía y Aldao. Calles mezcla de tierra y adoquín donde trillaban los aguateros. Un matungo tira la jardinera que carga los tanques de agua para vender puerta a puerta. A su pregón salían los vecinos con sus latas vacías, muchas con la etiqueta de la West Indian. Si andabas apretado no quedaba otra que hacer cola en las «canillas públicas». Barrio obrero de pura cepa. Tupido de curtiembres y fábricas donde los vecinos laburaban sin grupo. Por Llupes estaba la curtiembre de Lanza y en Timote la popular Suiza Uruguaya. Por la calle que lleva el nombre de la cristiana protectora de la vista, están los establecimientos de cueros de Branaá y la Curtifran. A veces la baranda era brava para el piadoso viento de la Cuchilla soplaba debute y tenías un respiro de fresca brisa. Aquellos vecinos también podían trabajar en las fábricas de la zona. Como la recién instalada Ferrosmalt donde se armaban los aparatejos que poco a poco sustituirían a las heladeras de barra de hielo. También los chiquitúas calentadores eléctricos que amenazaban al añejo Primus. Un emblema del barrio obrero, la fábrica de esmaltados Sue. Baterías de cocina en blanco y negro luego con pitucos colorcitos. Los montevideanos compraban las piezas de a una y si eras un suertudo capaz que ligabas para el casorio un juego completo. Suenan las campanas de la Iglesia de San Francisco y retumbaron cuando la Vieja Capital festejó el fin de la guerra. Barrio de pícaras leyendas. La del cabaret Dancing Club y sus bravas mujeres de ambiente. Los veteranos y no tanto que se tiraban una cana al aire rumbeaban para su local en Carlos María Ramírez y Llupes. Ritmos sincopados y no faltan las congas y mambos. Bruto barullo que al final colmó la paciencia de las tranquilas Hermanas Capuchinas de un convento que estaba justo enfrente. Hasta el periódico El Bien Público puso artículos de protesta y el pecaminoso bailongo con nombre gringo terminó clausurado. Más tranqui era el clima en los clubes sociales donde con loterías de cartones y algunos bailecitos confraternizaban los vecinos. Lindazos recuerdos en el Lanza y el Primavera donde hacían ojito y muchos terminaron frente al señor de sotana. Por Timote y Ladines, una casaquinta con unos rubios grandotes y tímidos. En la puerta siempre un guardiacivil. Eran algunos sobrevivientes del Graf Spee que zafaron del que te dije de bigotito. Nuevo París, barrio obrero, el tranvía de La Barra atraviesa como un soplo tus calles. Así también los recuerdos surcan la sensiblera memoria de este viejo escribidor.
Con más estampas del ayer y el mejor dos por cuatro los esperamos todos los sábados a las 18.30, en 1410 AM LIBRE. *
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