OODISHON, UN FILME QUE MERECE VERSE

Pesadilla desde el fondo del corazón

El director de este polémico filme es el japonés Tahashi Miike, un cineasta absolutamente desconocido por estas latitudes a pesar de una extensa carrera cinematográfica que abarca más de sesenta títulos y ostenta cierta aureola de culto por el tratamiento frontal con que critica prejuicios y tabúes de la sociedad nipona.

 

Esta exhibición (que ha obtenido el premio KNF, el galardón de la Fipresci en el Festival de Rotterdam 2000 y una Mención Especial en Fantasporto 2001), resulta un claro ejemplo de lo señalado.

Para un espectador no iniciado, sin embargo, quizá no sea la mejor manera de entrar al universo de este inquietante realizador ya que la virulencia de sus escenas puede provocar una estampida en masa de la platea. Con una brutalidad que supera a Gaspar Noé o la terrible Saló de Passolini, Oodishon plantea un dilema ético y estético que puede dividir opiniones en forma polarizada.

En la trama, un productor viudo organiza un falso casting para un supuesto filme aunque su verdadero motivo es pasar revista a una treintena de jóvenes para elegir esposa. La idea, que perfectamente podría dar cabida a una comedia de enredos, se transforma aquí en una pesadilla demencial a partir de la selección de una joven que oculta inconfesables secretos detrás de su apariencia vulnerable.

Este contraste queda muy marcado en la estructuración narrativa del filme que separa una primera instancia en la que se enfatiza el retrato psicológico del protagonista mientras se dejan ver, tenuemente, algunos detalles cotidianos que colocan a la mujer en situación de producto de consumo («elegir esposa es como comprar el primer auto», dice el protagonista).

Pero la auténtica pesadilla sádica explota en la segunda mitad en la que realidad y clima onírico se confunden, en tanto el horror de las imágenes (tortura, amputaciones, mutilaciones, etcétera) golpea sin tregua al espectador.

Alguna crítica ha subrayado que ese contexto demencial bien puede interpretarse como un elemento significante del atormentado mundo interior del protagonista. Si bien es cierto que algunos diálogos insisten en la locura y soledad que experimenta la sociedad nipona en su conjunto, también resulta probable, a juicio de quien suscribe, que la insoportable frontalidad de estas imágenes hagan perder de vista esta posible lectura a más de un atento espectador. En este sentido, dicha consecuencia podría significar una falla sustancial a la hora de plasmar un contenido que resulta borroso de dilucidar frente a un formato que desestabiliza cualquier posibilidad de percepción atenta.

En medio de una intolerable escena de tortura (¿real, imaginada?) donde el hombre invierte su rol dominador para convertirse en objeto de la tortura, el sadismo de las imágenes quizá desvirtúa la intención reivindicatoria que pone en tela de juicio los cánones de una cerrada comunidad patriarcal.

De todos modos, cabe destacar el prodigioso manejo de una fotografía generadora de ambientes siniestros, el dosificado manejo de una banda sonora que apoya dicho clima perturbador y la pericia con que se manejan los perfiles de cada protagonista.

Es de esperar que podamos ver una producción más abarcadora de Miike (de quien se destacan otros títulos como Agitator o City Of Lost Souls y The Happiness Of The Katakuris, por ejemplo), para lograr una visión más ponderada del mismo.

Oodishon. (Japón, 2000). Director: Takashi Miike. Con Ryo Ishibashi, Eibi Shina, Tetsu Sawaki, Renji Ishibashi, Myuki Matsuda, Toshio Negishi y Ren Osugi. *

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