Las sutilezas del cine de Pupi Avati
En colaboración con el Instituto Italiano de Cultura, el apoyo de Cinecittá Holding y los auspicios del Ministero per Beni e le Attivitá Culturali de Italia, Cinemateca Uruguaya inicia hoy una muestra retrospectiva de la producción cinematográfica de uno de los realizadores europeos más destacados de los últimos tiempos.
Sus inicios en el cine policial y fantástico, con crímenes misteriosos y presencias sobrenaturales, no permitían adivinar la evolución posterior de la obra cinematográfica de Avati, que no solamente amplió sus intereses temáticos, sino que también fue perfeccionando paulatinamente su herramienta expresiva hasta convertirse en una de las voces más interesantes, personales y creativas del cine italiano contemporáneo.
Nacido en Bologna el 3 de noviembre de 1938, músico de jazz y periodista, con la frecuente complicidad de su hermano Antonio en los libretos, pudo cultivar al comienzo de su carrera una vertiente fantástica con bordes poéticos, melodramáticos y algo eróticos.
A partir de ahí evolucionó hacia una tendencia en la que se dieron la mano la nostalgia, el intimismo y la exploración de afectos y sentimientos en un tiempo pasado retratado algunas veces con espíritu crítico, de la que acaso un filme como Viaje de egresados (1963) fue el primer ejemplo mayor.
Casi de inmediato Avati volvió a anotarse otro triunfo con Nosotros tres (1984), un retrato de Mozart adolescente, descubriendo el amor y la muerte en un palacio bolognés, que ha sido definido como «una obra profundamente original y absolutamente fascinante».
Similar talento y cierta acritud cuestionadora hay también en Historia de muchachos y muchachas (1988), una evocación de los tiempos del fascismo observados a través de la variada fauna humana que concurre a una boda campesina.
Estos filmes y otros, revelaron en Avati un realizador preocupado por delinear personajes con cierta riqueza, a menudo en pugna con un entorno amenazador, atendiendo al mismo tiempo a sus comportamientos individuales y al peso de lo social y colectivo.
Pero, por otra parte, el cineasta no pudo dejar de sacarse algún gusto personal proveniente de su formación como músico de jazz. A esa zona de su carrera se remiten películas como Jazz Band (1978) y especialmente Bix (1991), su evocación personalísima de la figura legendaria del músico León «Bix» Beiderbecke.
La revisión de la obra de Avarti que comienza hoy no es completa, pero abarca ejemplos representativos de las varias etapas de su carrera.
Comienza con algunos de los ejercicios iniciales de horror y truculencias (La casa della finistre che ridono) pasa luego a algunas de sus incursiones en lo intimista y las relaciones humanas (Fiesta de egresados y Festa de laurea) y adquiere tonalidades más cuestionadoras en Historias de muchachos y muchachas. También se exhibirá Bix, que seguramente va a convocar a una oleada de fanáticos del jazz. .
El conjunto constituye sin duda un acontecimiento cultural y la posibilidad de acceder en forma ordenada y razonablemente abarcadora a la obra de un cineasta que importa y mucho. *
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