Un minuto de silencio por el atentado en Madrid
Anteanoche se proyectó Carandirú, del argentino Héctor Babenco, quien recibió un premio a su trayectoria. No importa que casi no se vean estrellas, allí donde haya alfombra roja habrá un cinéfilo esperando algo. El despliegue de luces y cámaras montado frente al Auditorium para la ceremonia de apertura del Festival de Cine de Mar del Plata, así lo alienta.
Por eso cuando aparece una Carolina Papaleo, un Víctor Laplace, la multitud encerrada detrás de las vallas se desgañita, modos de expresarse en este tipo de manifestaciones donde hay una celebración de la idea de famosos. Y eso que se trata de pulmones baqueteados: el promedio de edad es de 60 años. Pero qué entusiasmo.
Dentro del salón se resume la quintaesencia estética del festival: un centenar de modernos, copa en mano, escoltados por una maravillosa guardia de granaderas en minifalda que parecen vedettes.
Desde el escenario el director del Festival, Miguel Pereira, pide un minuto de silencio en solidaridad con el pueblo español. De furiosa camisa verde, Héctor Babenco, el hijo pródigo de la ciudad, sube a recibir una distinción a su trayectoria, antes de que proyecten su nuevo filme, Carandirú. Héctor Babenco, su realizador, está radiante y algo tenso. Después de la proyección y del homenaje que se le practicase, después de los aplausos que recibió luego de la exhibición de su largometraje, el también realizador de Pixote siguió radiante.
Se inició la competencia
Corre el año 2068 y una misión de astronautas argentinos viaja por el espacio con el secreto objetivo de destruir la Luna. Ese es el punto de partida de Adiós querida Luna, la peculiar comedia de Fernando Spiner que se presentó ayer en competencia oficial. El filme, protagonizado por Gabriel Goity, Alejandro Urdapilleta y Alejandra Fletchner apunta a un registro raro, cruza de parodia de película de ciencia ficción (hay algo de Misión a Marte) con la gracia que supone un trío de argentinos al mando de una nave espacial con bastantes problemas técnicos.
Jugando y citando también al clásico Solaris, de Andrei Tarkovski, los personajes sufrirán alucinaciones, contactarán con sustancias misteriosas, recibirán la visita de un extraterrestre (Fontova) y tratarán de regresar a Buenos Aires cuando quedan varados en el lado oscuro de la Luna.
Con un arranque que convoca a la comicidad (la parquedad profesional del equipo contrasta con una serie de graciosos localismos y situaciones), el filme va perdiendo fuerza a medida que las ideas argumentales se agotan y se van reemplazando por un «morcilleo» actoral que comienza siendo simpático y termina agotándose en sí mismo.
La idea podría funcionar a la perfección en un programa de humor de televisión, en el cual no hay que sostener una trama por 100 minutos.
Otra propuesta diferente fue la que abrió, por la mañana, la competición. El filme inglés Touching the Void, pese a ser efectivo en su demostración de los peligros que sufrieron tres andinistas en un complicado ascenso en Perú, se maneja dentro de un registro algo anodino, más propio de un especial del Discovery Channel.
Un grupo de actores reinterpreta el ascenso, descenso, caída y problemas físicos de los andinistas mientras la voz en off de los verdaderos protagonistas (a veces, aparecen hablando a cámara) va contando lo que se va viendo.
El director Kevin MacDonald prefirió este esquema antes que apostar por la ficción pura (se dijo que se haría un filme con Tom Cruise), pero los resultados, si bien son interesantes y generan cierta tensión, se quedan a mitad de camino. *
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