¿ROCK URUGUAYO SI, ROCK URUGUAYO NO?

Manifiesto

De Hendrix a Radiohead, de Incubus a The Beatles, de los Rollings a Rage against the machine, de Pink Floyd a Red Hot Chili Peppers, de Charly García a Sistem of a Down, de Molotov a The Police, de El Kinto a Morphine, etcétera. De ellos disfruto y de ellos me nutro como de otras muy variadas fuentes no roqueras o semi roqueras.

Hecha la aclaración, al grano. Desde hace varios meses los uruguayos hemos sido testigos de un curioso traspaso de notoriedad y moda (¿y poder?): de la onda de música tropical llamada Pop latino, a la nueva onda roquera llamada Rock uruguayo.

Como primera consideración al respecto, me gustaría hacer notar el cambio de estrato social al que pertenecen los integrantes (hablando genéricamente, claro) de ambos fenómenos: gente de clase baja y media-baja en el caso de la música tropical; gente de clase media-alta en el caso del rock.

Como segunda consideración, me gustaría hacer notar el gigantesco apoyo oficial con que el rock ha contado desde mucho tiempo antes de convertirse en la moda que actualmente es.

Grandes espacios en los medios de prensa escrita, programas de TV (caso de Canal X), y hasta una radio exclusiva. Si bien alguno de estos medios cerró luego de que, expandida la difusión a otros medios, sus servicios ya no fueron necesarios, esto demuestra una decisión de imponernos la moda por parte de un grupo de encumbrados representantes de los medios.

Como comparación objetiva podemos ver la poca bola que se le ha dado desde los mismos medios a otro movimiento juvenil de gran convocatoria: murga joven. La moda roquera en Uruguay refleja, como suele ocurrir con la mayoría de las modas, una onda que se inició en el primer mundo. Desde el año 2000 hubo un rebrote del rock tanto en los medios como en las ventas de EEUU y Europa. Algunos medios uruguayos siguieron obedientemente el camino trazado y sirvieron de punta de lanza a la expansión refleja del fenómeno.

El gran apoyo que recibió el movimiento roquero uruguayo desde los medios (y desde las grandes empresas en forma de diversos auspicios) no es un fenómeno nuevo, ocurrió también en la década del 80 con el movimiento roquero de entonces y fue claramente señalado en su momento.

Como no soy tan ingenuo como para creer que las cosas se hacen de casualidad, o solamente por una cuestión de «gusto personal», y como sabemos que la cultura es un hecho ideológico de importancia capital (al punto de que todo imperio que ha perdurado en la historia de la humanidad lo ha hecho necesariamente imponiendo buena parte de su cultura a los pueblos conquistados), me gustaría distraer vuestra amable atención con otras consideraciones al respecto.

Vivimos hoy, a comienzos del siglo XXI, un apasionante tiempo. Por un lado, y hasta donde nos es posible entrever el futuro, sabemos que el mundo se encamina hacia una sociedad global. Esto de por sí trae grandes y positivos cambios, como el que a través de Internet estamos viendo: la democratización creciente de la información.

Y también trae grandes riesgos: por ejemplo que la cultura de la futura sociedad global diluya la memoria de los pueblos menos poderosos (y de menos cantidad de habitantes). Esta es una batalla silenciosa que se juega en el curso de la próxima generación. En este contexto cada acto cultural tiene su peso: o de pequeña entrega o de sutil resistencia.

Formo parte de un grupo de creadores que, consciente o inconscientemente, sienten que hay algo que nos hace uruguayos. Personalmente, siempre creí que la peor manera de defender nuestra cultura (ese algo) era repitiendo exactamente el pasado (por ejemplo: componer milongas plagiando el estilo de Zitarrosa).

El mundo está en nuestra casa y no nos podemos cerrar a él. Debemos escuchar, aprender, gustar y digerir, para que a la hora de crear, lo que de esa cultura invasora utilicemos se haga nuestro (el viejo-nuevo principio de antropofagia).

Pero también vive en nuestra casa nuestro pasado cultural (por más que la mona se vista de seda…) y también él debe ser aprendido y digerido para que, de alguna manera sobreviva en nuestras futuras canciones. De la misma manera, como creador, tengo la obligación de buscar fuentes posibles de inspiración con independencia de lo que los grandes medios me muestran.

El actual movimiento de rock uruguayo (a pesar de su nombre y nuevamente generalizando) no parte del mismo principio. Salvando algunas maravillosas excepciones (La Vela Puerca, La Sonora del Sur, algunas de las canciones de No Te Va a Gustar, La Trampa, y pocos más), el resto de los integrantes del movimiento (consciente o inconscientemente) copian abiertamente estilos musicales de otras partes del mundo como si nunca hubieran pisado la Banda Oriental. Y están en su derecho: «A la mierda el Uruguay, que se hunda, que se olvide, chim-pum-fuera». Yo, obvio, no lo comparto (más allá de algún momento de calentura pasajera). Yo creo que hay buena parte de lo que nos hace uruguayos que merece ser salvado.

Tenemos que preguntarnos: ¿Qué significa dentro de este contexto el arrasador empuje de un fenómeno que, en un gran porcentaje, es sólo un reflejo de modas impuestas por y desde el primer mundo?; ¿qué pretenden los medios de comunicación uruguayos y las grandes empresas apoyando en forma tan desbalanceada a este fenómeno por encima de todo el resto de la movida cultural uruguaya?; ¿qué ocurre en este país que en las disquerías y en los medios la presencia de referentes históricos (y cercanos) de la música uruguaya casi no existe?; ¿qué lugar debemos ocupar, como creadores, en esta batalla silenciosa?

Para peor de males, los roqueros uruguayos (¿?) no sólo copian, sino que lo hacen eligiendo casi exclusivamente los modelos que MTV les muestra. No entienden que, por ejemplo, Rage Against The Machine se rebela desde el primer mundo contra el sistema, pero copiar abiertamente a Rage desde Montevideo no es rebelarse, es un acto de cipayismo (y zapallismo) mental.

Este equívoco es repetido, además, por cada generación de jóvenes roqueros uruguayos sin siquiera tomar como referencia lo que las generaciones anteriores de roqueros uruguayos crearon (generalizando, sí, sí…).

Las alternativas existen. Nuestra obligación de creadores es estar informados con independencia. Nutrirnos de fuentes diversas: de lo que nos invade, de nuestro pasado, de las vanguardias, de lo perdido en el tiempo, de las músicas de todo el mundo menos difundidas, etcétera.

Hay modelos a analizar (no a copiar) de donde podemos aprender a crear un rock (y una música, que de eso hablamos) independiente. Algunos buenos ejemplos a tomar en cuenta entre tantos: Kiko Veneno (España), Café Tacuba (México), Bob Marley (Jamaica), El Kinto y Jaime Roos (Uruguay), Lenine y Gilberto Gil (Brasil), Charly García (Argentina), Manu Chao (España), Beck o Cypress Hill o Morphine o Sistem of a Down (EEUU), entre otros.

A no hacerse los giles. Que cada uno ponga sus ideas en el asador (teniendo en cuenta de sacarlas antes de que se quemen). Que quede claro que en cultura no valen ingenuidades, no hay inocentes. Que cada uno defienda su postura y arriba: que sea lo que sea.

Nota 1: Una cosita más: la calidad. Muchas de las bandas más conocidas como Trotsky Vengaran, Sordromo, o Hereford, hacen muy buena pose pero muy mala música. En eso, claro, no se distinguen de la mayoría del movimiento de música tropical, y entran perfectamente dentro del estándar de calidad de nuestras radios. Será porque la distinción clave es entre buena y mala música, y si lo que hacés entra dentro del segundo grupo…no hay cara de malo que te salve.

Nota 2: Algunos extremos patéticos del movimiento de rock uruguayo (¿?) llegan a componer todas sus canciones en inglés. Esto que puede
ser, para un compositor principiante, una forma fructífera de salir del paso (todos hemos compuesto alguna vez una canción en otro idioma) es otro ejemplo del zapallismo (cipayismo) cuando se llega al punto de editarlas en CD profesionales. Es lo que ocurre con el grupo 4no1 (el nombre también debe leerse en inglés) que no contentos con copiar totalmente el estilo de ciertos grupos de punk norteamericano, les copiaron también el idioma (y la idea de cómo ponerse un nombre). Esto demuestra también el desconocimiento que tienen los roqueros uruguayos de lo que ya han hecho las anteriores generaciones de roqueros en Uruguay. Componer exclusivamente en inglés es una actitud que el rock uruguayo ya pasó y superó en los años 60.

Nota 3: Y, por supuesto, vos que comprás el CD y vas a tal o cual toque también estás eligiendo. Y estás en tu derecho, y como en las elecciones, también sos, de alguna manera, responsable del futuro.

Nota 4: Un aspecto más a analizar es ¿a qué carajo se le llama rock? Bajo la etiqueta rock encontramos estilos tan diferentes y hasta contrapuestos (pop, hip-hop, rap, rock, blues, baladas, etcétera) que tenemos que concluir que el rock es una cuestión de actitud.

Nota 5: Para ahorrar tiempo a la discusión, convengamos también en que la fama y el éxito popular no fueron nunca una forma válida de medir el gollete de un hecho artístico. Ejemplos hay a montones de famosos que se esfumaron sin pena ni gloria (del tipo Spice Girls) y de in-fames que dejaron honda huella como Van Gogh o Mateo. Que el 99,9% de las personas de occidente no sepan quién fue Edgard Varèse no cambia el hecho de que fue uno de los músicos más importantes del siglo XX (por lo menos en occidente). Hacemos música porque nos gusta y porque no tenemos más remedio, la fama es un medio no un fin. *

(*) Músico y compositor uruguayo. El presente artículo fue enviado por el citado músico, y se decidió su reproducción íntegra, como para invitar al debate.

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