"AVES MIGRATORIAS", DE CECILIA BARANDA, EN EL TEATRO CIRCULAR

Viaje alrededor de mi cuarto

El primero fue «El país de las maravillas» de Omar Varela. Reconocemos, por una vez, nuestra realidad, apenas visible bajo el torrente de frivolidad que nos aflige; el público, al final del espectáculo, aplaude con calor. Los uruguayos se van, a Estados Unidos y en ese caso a España. «Aves migratorias» nos pertenece; pero no nos satisface. Es una obra estadística o semidocumental, y tiene ese curioso tono gris de los artículos sobre temas sociales.

Una maestra mayor (Laura, por Cecilia Baranda) que ha conocido las cárceles de la dictadura, la muerte de un compañero y la desaparición de una amiga, a la que aún escribe cartas que no se enviaron. Aparece en su altillo español un ex alumno (Santiago, por Marcelo Pagani) que acaba de llegar a España: él busca a su padre, que lo abandonó en la infancia; también busca trabajo. De un rechazo inicial por la ex maestra pasan a un afecto maternal y en la última escena la mujer vuelve al Uruguay. La obra carece de conflicto, de documentación y de datos vivos. Debemos creer que estamos en España, pero «España» es un altillo con dos personas que hablan de euros: salvo la moneda, no hay otra referencia al mundo exterior, si exceptuamos al insistente equipo de audio. Las menciones al Uruguay no van más allá de una compartida afición al dulce de leche; de la ex maestra se dice que es traductora, pero no se ve en su pieza una mísera máquina de escribir; del joven Santiago se sabe que tiene trato amistoso con la cubana y que está al día en música popular (¿es posible, hoy, ser joven sin música popular?) y neologismos montevideanos. Ninguno de los dos menciona sus necesarios contactos con los españoles, ni sus relaciones laborales, ni las dificultades prácticas del vivir, ni las curiosidades del lenguaje y las costumbres; la conversación deambula entre el café y el tabaco. No han logrado emigrar del todo. Hombre y mujer están presos de recuerdos que detestan, pero además parecen inmunes a la vida: cuando ella vuelve al Uruguay es sin fracaso y sin esperanza; cuando él se queda muestra un dejo de resignación. Se dirá que hay entre ellos un elemental sentimiento de solidaridad, pero podría ser sólo temor a la soledad; y la relación entre ambos agoniza en la última escena. A la pieza le falta aire y respiración, ventanas abiertas del mundo, algo por lo que calentarse el pulso; a los personajes les falta vida, definición, carácter. No tienen alma, sino lugares comunes de rutinas literarias, buenos a lo más para un primer año de taller de literatura.

AVES MIGRATORIAS, de Cecilia Baranda, con Cecilia Baranda y Marcelo Pagani. Luces y sonido de Ignacio Tenuta, dirección de Arturo Fleitas. Estreno del 6 de marzo, teatro Circular, sala 1.

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