Alguien voló sobre el nido de Quetzal
La obra narra la odisea de una india, tarahumana e indocumentada, que aparece en una plaza de Kansas City; al cabo de diversas penurias, vuelva a su Porochi natal, pobre como siempre.
Sus aventuras se desarrollan mayormente en un sanatorio psiquiátrico donde es recluida y aun confinada en una jaula de hierro. Los médicos norteamericanos son, como podía esperarse, cómicos, autoritarios y estúpidos. Buen número de chistes finca en lo mal que hablan el español los gringos y lo poco que saben del indio. Uno se pregunta cómo los norteamericanos dominan al mundo y aún por qué la garra tarahumana se esfuerza tercamente en cruzar la frontera que separa el Bien del Mal y vivir en la Horrenda nación del Norte.
El desarrollo de «La mujer que cayó al cielo» no se apoya tanto en la historia, lenguaje y tradiciones de los indios tarahumaras, de los que el autor Víctor Hugo Rascón Banda parece saber tan poco como los psiquiatras norteamericanos de Kansas City, cuanto en las muy civilizadas «Kaspar Hauser» (Werner Herzog o Peter Handke) en lo que se refiere al escrutinio del hombre al que no ha alcanzado la civilización y en «Alguien voló sobre el nido de cucú» de Ken Kesey («Atrapado sin salida», en la versión al español del filme, donde también había un indio), para describir el maltrato de los pacientes, psiquiátricos o no. El esquematismo del buen salvaje contra el mal civilizado domina la obra: la protagonista, Rita Carrillo (aquí Rita escupe) o bien Rita Quinteros (aquí acepta el nombre) es buena y valiosa, pese a que mató a su marido por un quítame allá esas cabras; hasta podría estar dotada del don de la levitación, como para caer del cielo en Kansas o Pennsylvania. Los psiquiatras son unos ineptos torturadores que se enredan con sus teléfonos celulares. La obra no parece progresar un centímetro entre la primera escena y el desenlace (si es desenlace que Rita vuelva a Porochi), que narra un cartel proyectado.
No obstante, pese a todas estas ingenuidades, la obra logra conmover. Rascón plantea correctamente el tema y mucho menos logra desarrollarlo; pero agarró a un tigre por la cola. Cuando pensamos en la perenne frivolidad temática de nuestras tablas, en su impávida indiferencia por lo que debería ser su materia prima, no podemos sino quitarnos el sombrero ante Rascón y aún ante Rita, y felicitarlos respetuosamente. Con sus préstamos y sus carencias, Rascón suena a auténtico; con toda su simplificación y su arbitrariedad, Rita tiene más vida y más verdad que cualquier heroína de nuestro teatro. Nos toca el alma. Podemos reírnos, pero sólo hasta cierto punto, en que nos desarma.
La interpretación de grupo Ubu de Costa Rica fue muy destacada en su totalidad. Hay un estilo de actuación diferente del que vemos en nuestros escenarios, pero los actores se mueven bien, dicen con expresión y con soltura y viven a los personajes. En la dirección María Bonilla logra el efecto que la obra persigue con un mínimo de recursos, muy bien empleados; su actuación como la india Rita es particularmente memorable. *
LA MUJER QUE CAYO DEL CIELO, de Víctor Hugo Rascón Banda, por teatro Ubuo de Costa Rica, con María Bonilla, Juan Carlos Calderón, Manuel Ruiz, Mauricio Astorga, Bret Halsey e Irene Solera. ILuminación de José Enrique Garnier, dirección de María Bonilla. Puesta en escena del 27 de febrero, teatro Stella, sala 2.
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