IMAGENES DE LA CELEBRACION DEL OSCAR EN EL KODAK THEATRE DE LOS ANGELES

El rey tuvo su justa coronación

No hay demasiado para comentar. Acaso el atraso de cinco segundos que sufrió la ceremonia dirigida torrencialmente por Billy Cristal, y que hacia el epílogo el actor Sean Penn, en el momento de recibir su Oscar por su performance en Río místico, logró maravillosamente fracturar (ver nota en página aparte) y enviar un mensaje frontal con dirección a la Casa Blanca y al Pentágono.

Lo cierto es que, a excepción del speech de Penn, no hubo demasiadas sorpresas dentro de las premiaciones. Y eso, de algún modo, volvió al cuerpo de la ceremonia absolutamente previsible y por momentos tedioso. Fueron sensibles, justos y hasta conmovedores los homenajes que se le tributaron a Katherine Hepburn y desde luego al rey de la comedia Blake Edwards.

Pero todo estaba montado, más que nunca, para la sublimación del filme del neocelandés Peter Jackson, El señor de los anillos: el retorno del rey. Y bienvenido sea aun cuando tranquilamente podía haberle robado el cetro esa obra maestra que viene a ser Río místico, de Clint Eastwood, pero al viejo cowboy lo compensaron premiando a dos de sus inmensos actores.

Ni siquiera el galardón que obtuvo la más que promisoria Sofia Coppola a mejor guión original por su tremenda Perdidos en Tokio, puede leerse como una sorpresa: no podía lidiar con Peter Jackson en las categorías a mejor película y a mejor dirección. Así que Hollywood aplicó un efecto chicana y le otorgó el premio consuelo, pero Oscar al fin. A la hija del gran Francis Ford Coppola, de aquí en más, se le abrirán las puertas de los grandes estudios y esperemos que mantenga ese espíritu independiente -en el tratamiento de los temas- que se le vio en su ópera prima Las vírgenes suicidas y en obviamente Perdidos en Tokio.

De los filmes extranjeros, de inminente estreno en Uruguay, venció el largometraje de uno de los maestros de la industria del cine como el canadiense Denys Arcand con Las invasiones bárbaras, un filme que seguramente va a invitar al debate cultural y político en forma severa y seria, que no solemne.

Nada novedosa fue la ceremonia. Extensa y hasta, si se quiere, tediosa. Viva el rey. *

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