"Me gusta el poder de la fotografía"
«En mi casa se vivía el arte, mi padre hacía teatro en la tele. Y, por el lado materno, mi abuelo era uno de los mayores especialistas en Figari. Se respiraba mucho arte. Un poco por esa influencia a los 15 años comencé a hacer fotografía. En aquel momento estaba muy de moda la película Blow Up de Antonioni con toda esa apología del fotógrafo y me enamoré del personaje. Me gusta el poder de la fotografía», admite el uruguayo César Charlone que hoy competirá por un Oscar en la categoría de mejor fotografía.
-¿Y cómo terminás en Brasil?
-Me largué a viajar en una especie de reportaje fotográfico. Interrumpí mis estudios de veterinaria, que no tenía nada que ver conmigo y terminé yéndome a Brasil en una onda hippie. En Minas Geraes conocí a un japonés que era fotógrafo y estaba estudiando cine, me apasionó la idea de juntar la fotografía con el cine. Luego conseguí una pequeña beca en Belho Horizonte para un curso de verano de 4 meses. Regresé a Uruguay a arreglar mis papeles y me fui a estudiar cuatro años en la Escuela de Cine de San Pablo.
-¿Trabajar en comerciales continúa siendo una puerta de acceso?
-No sé si puerta de acceso pero sí seguro un lugar de formación de cuadros: técnicos, especialistas. En América Latina y en otros lugares del Tercer Mundo donde es muy difícil mantener la industria cinematográfica. Es la oportunidad de filmar con mucha mas frecuencia que si viviéramos del cine.
–Probablemente la relación entre director y fotógrafo sea la mas compleja que exista en el set
-Entender al director es el alma de todo. No hay un manual de como tratarlo. Puede llegar al set como Hitchcock, sabiendo desde que lente hasta qué diafragma debe tener y donde quiere que la luz esté para lograr tal efecto. En otro extremo podría estar Bergman, que se pone a trabajar mucho mas con los actores mientras la cámara y hasta la cantidad de planos lo deja a cargo del director de fotografía.
–Hace tiempo había declarado que Fernando Meirelles era tu director favorito. Tardaron en encontrarse.
-Los tiempos, mientras yo estaba haciendo películas, él hacía un programa infantil que recorrió toda América, Ra-tin-bum. Después nos encontramos en algún proyecto. Ãl es el director con quien yo me siento mas cómodo.
¿Y en Ciudad de Dios cómo funcionó?
-Durante todo el proceso de elaboración nos pusimos de acuerdo con Meirelles. Ãl creaba un evento dramatúrgico con los actores y yo entraba con la cámara documentando ese momento que se estaba viviendo. Creo que la película tiene ese frescura, porque los muchachos viven esa realidad.
¿Cómo reaccionó el público brasileño frente al filme?
-Fue estrenada en tiempo de elecciones, en las primeras que un trabajador es elegido Presidente. El hecho de que en Brasil la hayan visto tres millones de espectadores -un millón y medio más que Estación Central-, es un indicador de que la gente está interesada en analizar el tema. El propio Luis Ignacio Lula Da Silva dijo que se trataba de una película que debían ver todos los brasileros.
-La película se divide en 3 etapas temporales, ¿cómo definieron esas estéticas?
-Fundamentalmente a los años 60 le dimos una estética light del viejo oeste, los 70 algo mas colorido y pop, podríamos decirle y los 80, mas «barra pesada» – que se refuerzan en el tratamiento estético total, de movimientos de cámara, de montaje, de sonido, y de fotografía.
¿Por qué optaron por el camino digital?
-Desde la concepción del proyecto tuve la certeza de que el camino digital me daría todas las posibilidades técnicas que pretendía para que a la fotografía alcanzase el rendimiento de contrastes, colores, y la magnitud estética que la historia requería.
-¿A nivel humano, cómo resultó para ti la experiencia de este rodaje?
-Conmovedor. Aproveché las vacaciones e integré a mis hijos menores para que hicieran pasantías en los equipos técnicos y así pudieran vivir, conocer de algún modo esa realidad. Incluso aparecen en los créditos.
-¿Corrieron riesgos peligro durante el rodaje?
-La producción se encargó muy bien de organizar todo para que no corriéramos mucho peligro.
El espíritu inquieto, trabajo y sensibilidad de este uruguayo es parte responsable del martillazo en la mente que nos otorga Ciudad de Dios. Un filme que enrostra con el violento del patio trasero del Brasil, donde la desintegración social ha convertido a la violencia en algo banal y para sobrevivir hay que ser al menos Dios y brasilero. *
Los trabajos de César Charlone:
-Director/productor del documental Quando sea grande. (sobre niños secuestrados en el Cono Sur). Premiado en el Festival de La Habana y en San Pablo.
–En nome da seguranza nacional, de Renato Tapajos (Premiado en el Festival de La Habana y en San Pablo).
Largometrajes:
Aqueles dois, de Sergio Amon (premiada en el festival de Fortaleza de 1984).
O homen da capa preta, de Sergio Rezende (mejor película en Gramado 1984).
Feliz ano velho, de Dir Roberto Gervitz (mejor fotografía en Gramado 1987).
Doida demais, de Sergio Rezende.
Two billon hearts, película oficial de la FIFA del Mundial de 1994, de Murilo Salles.
Como nascen os anjos, de Murillo Sales (Mejor Fotografía en Gramado 1996).
Pierre Verger: mensageiro entre dois mundos, de Lula Buarque de Hollanda.
Palace II, de Fernando Meirelles e Katia Lund.
Cidade de Deus, de Fernando Meirelles, ambos candidatos al Oscar, incluyendo mejor filme. *
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