Los versos del Capitán
La reedición de una colección de bolsillo dedicada a recrear la obra del emblemático poeta trasandino Pablo Neruda, comporta una invalorable oportunidad de retomar contacto con una de las plumas más descollantes de la literatura latinoamericana contemporánea.
El Premio Nobel de Literatura Pablo Neruda nació en el Parral, Chile, en 1904, bajo el nombre de Neftalí Ricardo Reyes Basoalto. Hijo de un ferroviario y de una maestra de escuela, quedó huérfano de madre al poco tiempo de nacer y su familia se trasladó a la ciudad de Temuco, donde transcurrió su infancia.
De 1910 a 1920 realizó estudios en el Liceo de Hombres y se dedicó a publicar poemas en diversos diarios y revistas. Fue en 1920 cuando comenzó a utilizar el seudónimo con el que pasaría a la posteridad.
La excelsa poetisa chilena Gabriela Mistral, que en aquella época dirigía el vecino Liceo de Niñas, lo interesó y entusiasmó en el conocimiento de los novelistas rusos, que el poeta admiró luego durante toda su vida. En 1921, se trasladó a Santiago para estudiar pedagogía francesa en la Universidad de Chile. Sin embargo, poco después abandonó sus estudios. Su primera obra poética, cuyos gastos de publicación sufragó él mismo con la colaboración de amigos, fue «Crespusculario» (1923).
Al año siguiente, «Veinte poemas de amor y una canción desesperada» se transformó en un impresionante suceso de ventas, lo que situó a Neruda entre las plumas más aclamadas de América latina.
Entre los numerosos títulos que le siguieron sobresalen, particularmente, «Residencia en la tierra» (1933-1935), «Tercera residencia» (1947) y «Canto general» (1950), poema épico-social en el que retrata a América desde sus orígenes precolombinos, que fue ilustrada por los famosos muralistas mexicanos Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros
Después publicó: «Odas elementales» (1954-1957), «Estravagario« (1958), «Cien sonetos de amor» (1959), «Memorial de Isla Negra» (1964), «Fulgor y muerte de Joaquín Murieta» (1967), «Las piedras del cielo» (1971) y «La espada encendida (1972)».
Como obra póstuma, el mismo año de su fallecimiento, se publicaron sus memorias «Confieso que he vivido». La reciente reedición de «Los versos del Capitán», publicado por primera vez hace ya más de medio siglo, nos permite apreciar –una vez más– la pura sensibilidad del legendario poeta, pero además nos revela la celebración amorosa de un hombre pleno, un ser que abandonaba, aunque fuera momentáneamente, los desgarrados firmamentos existenciales de obras anteriores para abrirse al culto del sentimiento amoroso, a la búsqueda espiritual de sus íntimas interrogantes en la carne y el alma de la mujer amada.
Aquí vemos a un Neruda menos torturado, que se va encontrando cada vez más en su pareja, y, por el camino, nos regala un manojo de hermosas y sencillas instantáneas del amor, el encuentro de las almas y las pieles.
Nada cuesta advertir la motivación del poeta al bautizar la obra de esa manera.
No en vano el libro recibe ese nombre. La idea del Capitán sugiere la imagen de un buscador, de un viajero que vence el temor a lo desconocido y se adentra en los ignotos y tumultuosos torrentes de la vida, para encarar una búsqueda temeraria pero ineludible y prometedora, no sólo de pérdidas sino también de encuentros. *
(Editorial Sudamericana)
Compartí tu opinión con toda la comunidad